"Yo soy de esos, obligado a recibir 30-35 sucio, cachondo y borracho"

"Yo soy de esos, obligado a recibir 30-35 sucio, cachondo y borracho"

Los llamaron "burdeles", o "casas cerradas", pero las formas de identificar esos edificios son, jerga, muchas m√°s, no todas exactamente corteses, al igual que a sus invitados no siempre se les llamaba en un lenguaje de colegiala, porque por decirlo suavemente.

El lo pensó Angelina - Lina - Merlín, senadora antifascista enviada a reclusión durante el régimen y regresada a su tierra natal para representar dignamente la lucha por los derechos de las mujeres (gracias a ella se introdujo la redacción "sin distinción de sexo" en el artículo 3 de la Constitución sobre la igualdad de los ciudadanos frente a ley) para detener el problema. Con una ley, 75/1958, que decretó el cierre de esas casas, introduciendo los delitos de explotación, inducción y complicidad de la prostitución.

Presentada en el Parlamento incluso diez a√Īos antes, gracias tambi√©n al apoyo del presidente de la Asamblea Constituyente, Umberto Terracini, la ley sobre el cierre de burdeles no encontr√≥ aceptaci√≥n hasta cerca de la d√©cada de 1960, en pleno auge econ√≥mico, gracias a la propaganda realizada por el La propia Merl√≠n en los principales diarios nacionales, pero tambi√©n para apoyar a las mujeres que, por necesidad, trabajaban all√≠ en esas casas.

Esas mismas prostitutas, que se habían convertido en tales para seguir adelante, para sobrevivir, para recaudar algo de dinero, ciertamente no por pasión o diversión, fueron las primeras, al menos para muchas de ellas, en tomar partido a favor de la ley, enviando numerosas cartas. derecho al senador, a contarle las duras condiciones de vida a las que fueron sometidos.

Alguien vivi√≥ esa elecci√≥n con un ojo cr√≠tico, juzgado como correspondiente al deseo exclusivo de hacer alarde de la propia respetabilidad y de complacer la moral de algunos, como Indro Montanelli, que en 1956 respondi√≥ con el libelo ¬°Adi√≥s, Wanda!, afirmando que, en Italia, ‚Äúun golpe de piqueta a las casas cerradas hace que se derrumbe todo el edificio, basado en tres pilares fundamentales, la Fe Cat√≥lica, la Patria y la Familia‚ÄĚ; en realidad, la elecci√≥n de la senadora Merl√≠n respondi√≥ a un tipo de necesidad completamente diferente, la de continuar la batalla feminista, en primer lugar, contribuyendo, con el cierre de los burdeles, a disociar a las mujeres de la idea de un "objeto" de uso. y consumo de placer masculino; y dar nueva vida, y nuevas oportunidades, a las mujeres explotadas precisamente como objetos sexuales esclavos en casas cerradas.

Por eso, a todos los efectos, estamos hablando de: mujeres estigmatizadas por la sociedad, tanto como para ser tachadas de prostitutas incluso en el libro de salud, que en 1948, en el momento de la primera factura, eran unas 3000, diez a√Īos despu√©s, en el momento de su aprobaci√≥n, todav√≠a muchos, esparcidos en 560 burdeles. Mujeres obligadas a someterse a horarios apretados, que deb√≠an satisfacer al menos a 30 clientes al d√≠a (era el n√ļmero m√≠nimo) que deb√≠an compartir habitaciones, incluso colchones, sin poder salir jam√°s, que deb√≠an aceptar condiciones, so pena de perder el trabajo.

Parad√≥jicamente, hoy el tema de la reapertura de casas cerradas vuelve a estar muy de moda tambi√©n en nuestro pa√≠s, con propuestas que, por ejemplo, siguen la estela de lo que sucede en muchos pa√≠ses europeos, donde la prostituci√≥n est√° regulada y los profesionales del sexo la pagan. impuestos como cualquier otro trabajador; ha vuelto a hablar de ello en virtud de que el flagelo de la prostituci√≥n, incluso de las menores, est√° lejos de desaparecer, y que simplemente se ha trasladado a la calle, donde las ni√Īas sufren el mismo tipo de explotaci√≥n, si no peor, y a menudo arriesgan sus vidas al encontrar criminales en su camino, una deriva extrema que, quiz√°s, Merl√≠n no hab√≠a tomado en consideraci√≥n cuando se emiti√≥ la admirable ley.

Lo cierto es que los testimonios de mujeres "invitadas" de Casa Aclarar inequívocamente, en caso de necesidad, que para ninguno de ellos - o al menos para la mayoría - la profesión de prostituta no era una forma "fácil" de ganar dinero, sino una elección prácticamente obligada, y que el deseo de la redención social y humana fue, en ellos, muy fuerte.

El 3 de octubre de 2018, 60 a√Īos despu√©s de la aprobaci√≥n de la ley Merl√≠n, una reedici√≥n de Cartas de casas cerradas, publicado por la propia Merl√≠n con Carla Barberis en 1955, es decir Estimado senador Merl√≠n. Cartas de casas cerradas. Razones y desaf√≠os de una ley vigente.

En la nueva publicación el comisario Mirta Da Pra Pocchiesa analizó diez buenas razones para la aprobación y el mantenimiento 75/1958.

Lo que informamos a continuación, sin embargo, son algunas de las cartas que recibió la senadora Merlin, enviadas por las mujeres de los burdeles.

Se√Īora Senadora, su proyecto de cerrar los burdeles ha tenido una acogida muy favorable en las zonas afectadas: es decir, en 'esas casas' de las que desgraciadamente tambi√©n soy hu√©sped. La esperanza finalmente ha entrado en nuestros corazones y nuestro tormento diario es aliviado por el pensamiento de que tarde o temprano (quiz√°s antes de lo que pensamos), seremos liberados y podremos regresar personas civilizadas, con derechos iguales a todos los dem√°s. Es f√°cil juzgar a esas mujeres que hacen una existencia miserable: yo tambi√©n pensaba las mismas cosas cuando era ni√Īa y era maestra en mi ciudad. Sin embargo, debemos tratar de permanecer solos para poder decir 'lo hizo bien' o 'lo hizo mal'. Se dice muchas veces, lo he o√≠do a menudo, que no estamos obligados a entrar en la vida. No es cierto: estamos peor que obligados. Muchas veces son unos inmundos explotadores los que nos obligan a entregarnos a los dem√°s, muchas veces es el hambre, y otras veces es la necesidad de dinero para poder sostener a la familia, a los hijos, al marido enfermo, etc. Pero siempre son otros los que nos obligan a entrar en estos infiernos, para recibir 30-35 hombres al d√≠a, los viejos sucios y los j√≥venes locos, y los borrachos, y los que gritan, y los que quieren escuchar. Casi todas las personas, que pagan por nosotros, como animales en el mercado. ¬ŅPor qu√© y cu√°nto tiempo tendremos que soportar esta verg√ľenza? Perd√≥neme por este arrebato, se√Īora Senadora, pero lo mejor de todo es que ha demostrado que comprende nuestros sufrimientos. Debe saber que dormimos en las mismas camas donde recibimos clientes todos los d√≠as y cada noche es una tortura, casi todos tenemos pesadillas y no podemos dormir durante horas y horas. Y cuando me despierto es peor porque veo la misma cama, los mismos muebles, etc. etc. Los jefes son tipos sucios, los intermediarios son peores que ellos y algunos compa√Īeros de trabajo son verdaderos pervertidos que persiguen a otras chicas con sus antojos. E incluso de estos debemos defendernos. No aguanto m√°s, es mil veces mejor pasar hambre que quedarse quieto en estos lugares. Lamentablemente para muchos no es f√°cil liberarnos de esos explotadores que nos han atado a esta profesi√≥n. Una vez tomado, permaneces encadenado mientras tengas fuerza y ‚Äč‚Äčsalud, luego te tiran como trapos. Pero tienes que romper esta cadena. Queremos volver a ser mujeres como las dem√°s, y que nos aseguren un trabajo honesto y no caritativo. H√°gales saber cu√°ndo se cerrar√°n todas las "casas". Mis compa√Īeros y yo le estaremos agradecidos por siempre. M., 15 de julio de 1949.

Un burdel en N√°poles

Sra. Diputada Merl√≠n, Aprend√≠ de mis compa√Īeros de la ley que nos convierte en prostitutas. No entiendo; Soy una mujer pobre que era sirvienta y soy del campo de C. y me gustar√≠a volver a ser sirvienta o campesina, no este trabajo que me enferma. Yo estaba en M. y M. me asust√≥ y sal√≠ un poco, ten√≠a miedo de tranv√≠as y autos, pero un d√≠a sal√≠ y me encontr√© con alguien que se puso detr√°s de m√≠ para caminar detr√°s de m√≠. Mis maestros cenaban todas las noches, bailaban y luego se besaban y ni con las manos todav√≠a no estaban bien y yo pensaba que hacer el amor no era pecado y me involucr√© con un joven que no hablaba como nosotros de C. Pero un d√≠a me llev√≥ a su habitaci√≥n porque dijo '√≤ dolor de est√≥mago'. Pero por lo dem√°s mal, √©l me tom√≥ y yo tambi√©n mientras lloraba y dijo '√≤ miedo √≤ miedo'. Luego no se cas√≥ conmigo y me hizo tener un hijo. Soy una prostituta porque los amos no me quer√≠an de vuelta y eran como yo y pegio y siempre se volv√≠an cornudos entre ellos. √≤ miedo de irse por el hambre y pedir perd√≥n a la familia que son hermanos y hermanas honestos. Pero en C. ser√≠a feliz, nac√≠ all√≠, hay aire sano, los olivos y la cosecha y hasta los agricultores me quer√≠an. Ay√ļdame se√Īora diputada, quiero guardar a mi hijo. B., 27 de enero de 1951

Como se mencion√≥, no todos estuvieron de acuerdo con la aprobaci√≥n de la ley: seg√ļn inform√≥ La Stampa, hubo prostitutas que le escribieron a Merl√≠n ‚Äú¬°la ley no pasar√° en la C√°mara! Hay j√≥venes robustos que quieren hacer el amor con seguridad, ¬°y los militares se levantar√°n si cierran nuestras casas! ‚ÄĚ. Pero, sinceramente, eran pocas, frente a las muchas mujeres que se hab√≠an encontrado, a pesar de s√≠ mismas, v√≠ctimas de la miseria y la necesidad, y hab√≠an aceptado renunciar a su dignidad por el bien de s√≠ mismas y de sus familias. Merl√≠n tuvo el gran valor y la humanidad de no juzgarlos, sino de ayudarlos; para ellos, una vez que salieron de los burdeles, la vida no fue f√°cil de todos modos: nadie los contrat√≥, no se les permiti√≥ abrir tiendas, muchos negaron la autorizaci√≥n para casarse con ellos. Eran, en la mentalidad hiperactiva, fruto del pecado encarnado, porque pocos, casi nadie, ve√≠an en ellos lo que realmente eran; mujeres desesperadas que hab√≠an sufrido a√Īos de abusos y a las que el senador finalmente hab√≠a echado una mano.

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