"Todavía siento las manos de mi padre abusando de mí frente a mi madre"

"Todavía siento las manos de mi padre abusando de mí frente a mi madre"

Cuando le pedimos a través de una publicación de Instagram que compartiera sus historias de violencia, acoso o abuso con nosotros, no esperábamos recibir testimonios tan brutales.

Lo hicimos para dar voz a millones de mujeres que cada día son víctimas de padres, novios, exparejas, desconocidos, porque desde hace algún tiempo venimos realizando un proyecto importante, el de ¿Cuánto vale la vida de una mujer?, donde recopilamos historias que son tan dramáticas como cotidianas. Como el de esta niña, que valientemente quiso compartir su experiencia con nosotros:

"Mi padre, desde muy joven, me tocó. Sí, apretó mis pechos, pellizcó mi trasero y rozó mi vagina. Muchas veces me tocó y luego me sostuvo con fuerza en sus brazos hasta que dejé de retorcerme, luego siguió la frase habitual y me dejó ir. Todo esto bajo la mirada distraída e indiferente de mi madre.

Mi padre, un clásico machista manipulador que se enfurecía conmigo solo por ser mujer, me hizo sentir como el infierno durante años. Aunque no he vivido con él durante 6 años, todavía sueño con sus palabras, sus manos por la noche.

Para empeorar las cosas a los 6 y 11 me pegaban en la escuela porque se considera una oveja negra. Sufrí todos mis años escolares de acoso, físico pero sobre todo mental.

Sufrí ataques de pánico. Incluso hoy en día me cuesta hablar con la gente y socializar.

A los 12 años y medio fui violada por una amiga. Solo recientemente me di cuenta de que era violencia.

Accedí a tener sexo con él, era curioso, estúpido e inconsciente ... Me lo deslizó dentro (sin mirarme), sin condón. Le pedí varias veces que me lo pusiera, pero él continuó negándose, furioso contra mi cuerpo, contra mi alma. Aquí comenzó la violación. Luché varias veces, tratando de levantarme, pero no pude. Cuando dejé de mirar el vacío, se alejó diciendo que ya no se estaba divirtiendo.

A los 18 vivía con un hermanastro que me pegaba todos los días. A los 20 años, mientras estaba comprando en una tienda de mi ciudad natal, un hombre que me ha perseguido desde la adolescencia me bloqueó el brazo y me besó contra mi voluntad, siendo el único testigo del gesto si ella se escapó, dejándome allí, solo con él.

Crecí pensando que lo que había pasado no era suficiente para condenar a mi familia, a mis compañeros, a la sociedad misma.

He considerado la violencia psicológica, de género y sexual como 'violencia de segunda clase' durante años y también por eso, a pesar del deseo extremo, reprimo el instinto de denunciar. Me digo a mí mismo que estoy bien ahora, que todos esos días infernales han pasado. Me escondo detrás de la excusa de 'ha pasado demasiado tiempo', 'no me creerían', 'mi padre todavía me asusta', para no denunciar.

Pero sé que estoy equivocado. Me siento y soy un cobarde. La única palabra que me hizo vivir hasta los 25 es 'esperanza': en un futuro mejor, que ha llegado.

Ahora grito fuerte que no hay violencia serie A o B. La violencia, sea de género, sexual o psicológica, siempre está mal y tu víctima, no tienes la culpa. Víctima, no es una víctima sino un sobreviviente.

Estoy seguro que estoy en el camino correcto para sanar emocionalmente y algún día, estoy seguro, también tendré la fuerza para denunciar a aquellas personas que me han robado mi infancia, adolescencia y primera juventud.

Estoy aquí para decir en voz alta que no se rinda. Creo firmemente en la ley del karma: lo que haces tarde o temprano vuelve a ti con interés, tanto para bien como para mal.

Lector, que has vivido o estás viviendo violencia, no te rindas, mereces vivir una vida mejor que la que tienes ahora y, ten fe, rezo para que algún día llegue.“.

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