Si una mujer "es mejor prostituirse que ser √°rbitro"

Si una mujer "es mejor prostituirse que ser √°rbitro"

Le pasa a Maestro, un mi√©rcoles de finales de primavera, en uno de esos campos donde los ni√Īos lanzan sus primeras patadas al bal√≥n so√Īando con Ronaldo, Messi o, parafraseando el t√≠tulo de una famosa pel√≠cula, Beckham.

S√≠, empecemos por esa pel√≠cula que contaba el sue√Īo de una ni√Īa de jugar al f√ļtbol, ‚Äč‚Äčfuertemente rechazado por sus padres; ejemplo perfecto de lo que ha sido durante mucho tiempo la mentalidad que quer√≠a mujeres y f√ļtbol en polos opuestos, dos l√≠neas paralelas destinadas a nunca encontrarse.

Densos prejuicios del sexismo m√°s cl√°sico que, afortunadamente, han sido ampliamente desmentidos a lo largo de los a√Īos, ayudando - finalmente - a rejuvenecer la imagen de ese f√ļtbol como disciplina exclusiva para los hombres.

Sin embargo, el camino por recorrer todavía parece largo y cuesta arriba, si sucede que, en el campo de Gazzera, en un partido de un torneo juvenil entre Treporti y Miranese, la árbitra es sometida a insultos desde el saque inicial.

¬ŅY qu√© ser√°n, dir√°n los esc√©pticos, los negadores del sexismo que claman al "feminismo exasperado" cada vez que se toca el tema del machismo; todos los √°rbitros son insultados durante los partidos de f√ļtbol, ‚Äč‚Äčpero nadie se ha escandalizado nunca por un "¬°con cuernos!‚ÄĚGrit√≥ desde las gradas.

Todo es cierto, por el amor de Dios, no hay trance agonista que se sostiene, o que puede justificar trascender hacia tales abismos de vulgaridad. Pero, si este tipo de insultos apenas son aceptables, las sentencias al joven de 22 a√Īos lo son a√ļn menos. Giulia Nicastro, llamado para dirigir el partido, recibi√≥ como ‚Äúamonestaci√≥n‚ÄĚ por haber tenido la osad√≠a de pensar que pod√≠a arbitrar un partido de f√ļtbol.

"Cosas para hombres, no para mujeres, y ¬Ņqu√© pensaba hacer la ni√Īa, venir aqu√≠ a decirles a nuestros hijos c√≥mo deben jugar? "Los padres debieron de decir que, desde las gradas, empezaron a arremeter contra Giulia pr√°cticamente al mismo tiempo que el saque inicial.

¬°Vaya a prostituirse en lugar de ser √°rbitro!

Esto, en esencia y resumiendo seg√ļn lo informado por el Gazzettino, fue el tenor de las palabras que escuch√≥ el √°rbitro Nicastro durante todo el partido. De principio a fin, sin ning√ļn defecto espec√≠fico m√°s que eso, evidentemente, ser mujer. Ni siquiera necesit√≥ decisiones dudosas, penaltis inexistentes o cartas tiradas hacia los jugadores de forma precipitada, cosa que generalmente desencadena la ira del p√ļblico y las protestas de los jugadores en el campo.

Independientemente de su arbitraje, Giulia recibió su ración de insultos, todos sorprendentemente (irónico) destinado a "invitarla" a elegir otro camino, casualmente el de la prostitución.

Sin embargo, no sabemos si se invita a un árbitro masculino a hacer de gigoló...

Si crees que este fue un episodio deplorable, debes saber que lo peor no es esto: despu√©s de conceder un tiro de esquina, uno de los jugadores se acerc√≥ a Giulia - estamos hablando de ni√Īos de 14 a√Īos - quien, baj√°ndose los calzoncillos, le dijo

A ver si tienes el valor de expulsarme, si no ...

El resto de la oración es bastante intuitivo, y fue una invitación bastante explícita a las prácticas sexuales.

Claramente, hay muchas cosas serias en una historia así: en primis, que no se han tomado medidas oportunas para sancionar a los padres y jugadores responsables de tal actitud. Solo después del final del partido, la empresa Treporti, organizadora del torneo, emitió una declaración de solidaridad al árbitro, pero mientras tanto Giulia es asistida y ayudada psicológicamente por la sección Aia de Venecia, para superar este horrible episodio que, en lo que respecta a Intentas minimizar o reducir todo a una "chica mala", se queda en tu piel.

Y ese, lamentablemente, no es el √ļnico: basta pensar en el comentarista que defini√≥ "un desastre " la presencia de una jueza de l√≠nea en el campo, o la historia de Sara Semenzin di Volpago del Montello, en Bassano del Grappa, quien, durante un partido disputado durante la jornada contra la violencia contra la mujer anunciada por la ONU, fue v√≠ctima de delitos sexistas por parte del p√ļblico y de ambas formaciones (a diferencia de este episodio, en el que el otro equipo tom√≥ totalmente la defensa de Nicastro).

En general, las mujeres en el f√ļtbol todav√≠a no son bien recibidas, esta es la verdad, desnuda y cruda. Nos han proporcionado pruebas tangibles Mart√≠n Solveig que pide un twerk al futbolista que gan√≥ el Bal√≥n de Oro, oa Fulvio Collovati que ‚Äúse siente mal‚ÄĚ cuando escucha a una mujer hablar de t√°ctica.

Ahora la documentación sobre el asunto de Gazzera está en manos del Federcalcio di Roma, mientras que el presidente del consejo regional del Véneto, Roberto Ciambetti, escribió en una nota que

Ser√° justicia deportiva a nivel auton√≥mico y espero tambi√©n a nivel nacional para dar una opini√≥n m√°s, y espero de forma rigurosa, sobre lo sucedido en el torneo de f√ļtbol. Depende de nosotros, en cambio, reunirnos en torno a Giulia Nicastro, v√≠ctima de insultos y comportamientos indecibles.

Sin embargo, persiste el temor de que, más allá de los castigos y reprimendas (por parte de los órganos competentes), este episodio no quede aislado.

No ser√° porque, si las j√≥venes de catorce a√Īos que se dejan caer los pantalones cortos frente a una √°rbitra pidi√©ndole una actuaci√≥n sexual no solo no son filmadas, sino que incluso son incitados y fomentados como padres a√ļn m√°s sexistas que ellos, hay muy pocas esperanzas de cambiar una mentalidad que permanece atascada en dicotom√≠as triviales (hombre vs mujer) donde el sexo al que pertenecemos obviamente todav√≠a marca la diferencia en clasificarnos.

Una √ļltima reflexi√≥n, que pretende ser ir√≥nica pero no exagerada: si una mujer es el √°rbitro, se le invita a volver a la cocina - cuando le convenga - o, como en el caso de Giulia Nicastro, a hacer "la profesi√≥n m√°s antigua de mundo". Si el √°rbitro es un hombre, se acuerda de su esposa en casa, quien es casi seguro que lo est√° convirtiendo en un cornudo. En definitiva, te da la vuelta, la culpa siempre es de las mujeres, tengan o no un pito en la mano.

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