Si después del 26 de noviembre de las mujeres asesinadas a nadie le importa

Si después del 26 de noviembre de las mujeres asesinadas a nadie le importa

Patern√≤, provincia de Catania, 9 de diciembre de 2018. Gianfranco Fallica, consultor financiero de 35 a√Īos, mata a su esposa, Cinzia Palumbo 34 a√Īos, luego los dos hijos de 4 y 6 a√Īos, antes de quitarse la vida.

Lástima que, para encontrar un rastro de la noticia en los principales diarios del país, hay que luchar, y no poco.

Porque la cruda verdad, en este pa√≠s que se llena la boca de proclamas y palabras de solidaridad, de bellos pensamientos y frases altisonantes contra la violencia contra la mujer, es que despu√©s del 25 de noviembre lo que le pasa a toda v√≠ctima de maltrato, El acoso, o asesinato, perpetrado por esposos, excompa√Īeros, novios, desconocidos, vuelve al olvido, puesto bajo un fr√≠o manto de indiferencia y vestido con el terrible h√°bito de la normalidad.

Ya, en la madrugada del 26 de noviembre, todo lo que durante el D√≠a Mundial contra la Violencia contra la Mujer es denunciado, condenado, rechazado con desd√©n, adquiere de repente los rasgos de la vida cotidiana. Un pensamiento muy malo incluso para formular, pero ¬Ņalguna vez nos hemos preguntado cu√°nto, lamentablemente, corresponde a la realidad?

Al final es como si nos hubi√©ramos vuelto adictos a los actos de violencia, la idea de que las mujeres sean golpeadas, violadas, asesinadas por celos o por incapacidad de aceptar el final de una relaci√≥n; es como si la violencia se hubiera convertido en una parte integral de nuestra vida, una banalidad entre otras, una situaci√≥n ‚Äúordinaria‚ÄĚ. Y es precisamente la percepci√≥n de la normalidad de la violencia lo que la hace a√ļn m√°s peligrosa, porque, si la consideramos ‚Äúhabitual‚ÄĚ, dejamos de considerarla por los estragos y la abominaci√≥n que representa.

Y deja de aparecer en los titulares. Al punto que casi ning√ļn peri√≥dico, habiendo desestimado los lemas y reclamos del 25 de noviembre, considera m√°s interesante tratar con ellos, o dedicar a las noticias hechos que afectan a mujeres violadas, maltratadas o asesinadas todo lo que vaya m√°s all√° de un p√°rrafo en la sexta p√°gina, entre los acontecimientos del pa√≠s o las curiosidades del d√≠a.

Sin embargo, la gravedad de la situaci√≥n est√° a la vista de todos: los datos, oficiales o no, hablan de 3,100 mujeres asesinadas por motivos de g√©nero desde 2000 hasta la actualidad. Es tristemente claro que el feminicidio se ha convertido en una plaga cultural, end√©mica y conectada al tejido social mismo; pero el riesgo de no insistir m√°s, de dejar la noticia al margen porque "todos los d√≠as hay una nueva", ya que alguien tiende a se√Īalar que era casi una molestia, y en cambio no se da cuenta de cu√°nto expresan estas palabras el drama de la situaci√≥n es alto; y consiste en hacernos pensar que la violencia de g√©nero es un fen√≥meno por ahora inherente a nuestra sociedad, que es un componente de ella, que, como la mafia, para hacer una comparaci√≥n contundente pero decididamente elocuente, por "fea" que sea, est√° demasiado arraigada. en nuestro trasfondo cultural para ser erradicados.

Si, por el contrario, quisi√©ramos hablar de violencia contra las mujeres, y no limitarnos a celebrar la lucha solo un d√≠a al a√Īo, tendr√≠amos que hablar todos los d√≠as de cada mujer asesinada por la mano de un hombre, violada o obligada a cambiar de casa, de pa√≠s, muchas veces incluso. Estado, para escapar de su torturador.

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    Si el verdugo merece victimización

    Sin embargo, nos llam√≥ la atenci√≥n otro aspecto de la historia concreta de Patern√≤: el de Gianfranco Fallica, el hombre que, aparentemente por celos, seg√ļn informan los peri√≥dicos locales, primero mat√≥ a su esposa, luego a sus hijos, y finalmente a √©l. se suicid√≥, han aparecido descripciones que lo pintan como un hombre de oro, una buena persona; como leemos, por ejemplo, en la secci√≥n Palermo de la Rep√ļblica:

    'Trabajador y muy apegado a la familia. Naci√≥ conmigo una segunda vez: cuando era peque√Īo le salv√© la vida '. Paolo Bruno apenas reprime el llanto mientras habla de su primo: ‚ÄúTen√≠a cuatro o cinco a√Īos, est√°bamos en la playa de Sant'Alessio en verano y yo no me sent√≠a muy bien, estaba acostado. Estaba jugando cuando salt√≥ al mar, pero nadie lo vio. De repente lo vi flotando y me zambull√≠. Fue √©l, Gianfranco, abrumado por las olas. Lo saqu√© del agua, le di reanimaci√≥n boca a boca y un masaje card√≠aco, mientras llegaba la ayuda. Fue un milagro. Y √©l, cuando creci√≥, me eligi√≥ como su padrino '.

    Pero no fue el √ļnico, Bruno, el primo del asesino, que le dirigi√≥ palabras tiernas; incluso el del alcalde de Patern√≤, Nino Naso, quien, hablando de "cuatro v√≠ctimas", dijo

    Faltan cuatro vidas, lamentablemente nadie podrá devolvérnoslas.

    Ahora bien, la gravedad de estas afirmaciones parece obvia, pero vale la pena reflexionar sobre ellas de todos modos: porque, si de alguna manera puede parecer (solo aparentemente) justificable por el v√≠nculo paterno es el tono conmovido de la prima al hablar de F√°lico, pero es inaceptable la elecci√≥n del diario de publicar estas declaraciones, que colocan a las v√≠ctimas, Cinzia y sus dos hijos, al mismo nivel que el hombre que los mat√≥. Cuando se utiliza una elecci√≥n editorial tambi√©n existe la legitimidad de no compartir un contenido, y en este caso podr√≠a haber sido apropiado hacerlo con estas palabras, no para ofrecerlas al p√ļblico de lectores; porque, si lo hace, asume la responsabilidad del mensaje que deja pasar: que el asesino es de alguna manera "perdonable", que podemos entender por qu√©, despu√©s de todo, era una buena persona. Por estas razones, las palabras del alcalde en las que expresa su pesar por estas "cuatro vidas perdidas" son igualmente inadecuadas.

    Porque, entre estos cuatro, solo uno apret√≥ el gatillo, arrog√°ndose el derecho de decidir tambi√©n por la vida de los dem√°s, de su esposa, y sus hijos. Lo que les quit√≥ la vida, sin que al menos tuvieran tiempo de intentar guardarse. Y no hay arrebato de celos, locura repentina o arrebato de ira que aguanta y que de alguna manera mitiga el car√°cter tr√°gico del horror, que aporta explicaciones o, menos a√ļn, "justificaciones" a un acto que es y sigue siendo no s√≥lo vil. , pero delincuente.

    Frente al asesinato de una esposa e hijos que han nacido en el mundo, todas las cualidades, los buenos dones y las virtudes fallan; porque está claro que un hombre íntegro, moralmente íntegro, o mejor dicho, "una buena persona", nunca se mancharía con un crimen tan terrible, ni siquiera lo pensaría.

    No, no puede haber otras palabras que no sean "Es un asesino"; sobre todo, ponerlo al mismo nivel que sus v√≠ctimas significa matarlos dos veces, humillarlos incluso despu√©s de la muerte. Para que los otros 364 d√≠as del a√Īo comiencen a percibir la gravedad de la violencia de g√©nero, es fundamental que la v√≠ctima sea el centro de todo, y que no sufra la verg√ľenza de sentirse confrontada con la mano que la mat√≥.

    No es casualidad que en el Manifiesto de Venecia presentado el 25 de noviembre de 2017 por Fnsi, Usigrai, Giulia Periodistas y sindicato de periodistas de Veneto, se le pide expresamente que "utilice el t√©rmino espec√≠fico feminicidio para los delitos cometidos contra mujeres como mujeres", y que haga "un uso correcto y consciente del lenguaje, evitando t√©rminos enga√Īosos como amor, arrebato, locura, celos, pasi√≥n, combinados con delitos dictados por la voluntad de posesi√≥n y aniquilaci√≥n ‚ÄĚ, o para‚Äú sugerir atenuantes y justificaciones al asesino, incluso involuntariamente, motivando la violencia con p√©rdida de trabajo, dificultades econ√≥micas, depresi√≥n, traici√≥n, etc. ‚ÄĚ. Llamar a estos hombres "asesinos" no nos convierte en narradores fr√≠os con tendencias deshumanizadoras, nos hace los portadores de una verdad que no puede ser refutada.

    Y si queremos que se siga hablando de violencia contra las mujeres en la madrugada del 26 de noviembre, eso es lo que necesitamos. De verdad. No de caricias en las manos que se arman contra las mujeres y, muchas veces, tambi√©n contra los ni√Īos.

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