"Sabías quién era yo. Ámame, pero entiéndeme": la soledad de las mujeres del Che Guevara

"Sabías quién era yo. Ámame, pero entiéndeme": la soledad de las mujeres del Che Guevara

Un primer amor adolescente, dos esposas y quizás otras dos mujeres: la vida amorosa de Ernesto Che Guevara estaba relativamente tranquila, especialmente cuando se enfrentaba a su vida pública. Sin embargo, el leitmotiv de todas sus relaciones fue la ausencia. Él, una de las figuras más revolucionarias e icónicas del siglo XX, no podía prescindir de la separación porque era consciente de ser movido por algo más fuerte que el amor.

El compromiso político lo separó de su primera esposa Hilda Gadea, quien había hecho mucho por su crecimiento humano, pero también por su segunda esposa Aleida marzo, recordada por varios biógrafos por sus celos. Dos mujeres muy distintas, unidas por el abandono. Ernesto Che Guevara no era un mujeriego, pero siguió un camino claro en la vida y no tuvo miedo de decirlo. No es casualidad que, en 1965, le escribiera estas palabras a Aleida, tal como las relata la mujer en su biografía, recordada hace unos años por Repubblica:

No me chantajees. No puede comunicarse conmigo ahora o en tres meses. En un año tal vez sea diferente y luego veremos. La cosa debe sopesarse en detalle. Si vienes, lo importante es que no eres 'la dama' sino la luchadora, y para eso tienes que prepararte bien, al menos tienes que estudiar francés. […] Cuando nos casamos, sabías quién era yo. Ámame, pero entiéndeme: mi destino está sellado, nada me detendrá hasta la muerte.

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