Roma, sobre la hermandad y la capacidad de las mujeres para renacer

Roma, sobre la hermandad y la capacidad de las mujeres para renacer

Confesamos, mirando a Roma de Alfonso Cuarón lloramos y fuimos tocados por una mano que entró en nuestra alma que abrió el camino a mil emociones, sacudiéndonos de manera delicada y profunda desde el caótico sopor nuestro. la vida cotidiana, con demasiada frecuencia sazonada con librea e insatisfaccióny nos trajo de regreso para escuchar y sentir una ternura y una fuerza de sentimientos que olvidamos con demasiada frecuencia: el sentido de la gratitud y la fuerza de la solidaridad que somos capaces cuando es necesario renacer.

La gran calidad le valió a la película no solo 10 nominaciones en los Oscar 2019 sino también la victoria de 3 estatuillas: mejor dirección, mejor película extranjera mi mejor fotografía.

Roma es una todas las películas femeninas, íntimo en todas sus facetas, escrito y dirigido por un hombre extraordinario, donde se anulan las diferencias de clase entre el protagonista Clèo (Yalitza Aparicio), niñera y manitas de origen indio y de Sofia (Marina De Tavira), madre y anfitriona así como representante de la rica burguesía española que estaba emergiendo en la Ciudad de México en la década de 1970.

En ese momento Roma era el barrio de las familias acomodadas y de clase media y toda la historia comienza y termina ahí, en la casa donde todos los días la rutina es siempre la misma: cuidar al perro, lavar la ropa, servir en la mesa, cuidar con cariño a los cuatro niños, ordenar las habitaciones y apagar las luces de la casa antes de acostarse.

Clèo es el centro emocional de toda la familia, un pivote indispensable, un punto de referencia muy fuerte del que nadie puede prescindir, mucho más que Sofia empeñada en guardar su matrimonio. Pero Clèo también es una chica como muchas otras que cultiva el deseo de enamorarse y, quizás, de tener una familia propia, quizás de Fermìn (Jorge Antonio Guerrero), un apuesto joven dedicado a las artes marciales con quien pasa sus días libres entre besos y paseos al sol.

Una rutina común en esa época como hoy, rota para ambos por el abandono de sus hombres: Sofía pierde a su marido por una amante más joven y por una vida más sencilla sin las obligaciones de los hijos y los deberes familiares. Cleo se queda sola porque descubre que está embarazada y esa responsabilidad es demasiado grande para su "amigo especial".

Ambos se encuentran solos y asustados, uno porque tiene que reinventarse y encontrar la manera de mantener a la familia sin un hombre en la casa, el otro porque teme perder su trabajo y su dignidad. Ambos se encuentran enfrentados con sus propias debilidades, sus debilidades y tantos miedos, sostenidos en un abrazo que sanciona una hermandad y la verdadera promesa, compuesta más de acciones que de palabras, de no abandonarse y estar siempre ahí.

Pacto mantenido y fortalecido frente al océano donde, gracias a una estrecha fuga en el agua, las dos mujeres y cuatro niños se unen como una verdadera familia en un largo y cálido abrazo de amor y acción de gracias. Este es uno de los momentos más catárticos de la narrativa: el lamido del agua, elemento principal de toda la película y única banda sonora, fue el pico que abrió cada emoción reprimida, acercándonos el calor de esas manos entrelazadas y el capacidad de renacimiento y fuerza de las dos mujeres quienes, a pesar de las dificultades, no se dieron por vencidos y siguieron su propio camino… hasta que regresaron a la casona donde la vida se reanuda aparentemente igual que antes, pero donde todo ha cambiado.

Confesamos, mirando a Roma, lloramos y fue hermoso.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más Información