Rasgos asociados con la falta de empatía

Rasgos asociados con la falta de empatía

Rasgos asociados con la falta de empatía

La falta de empatía no se ve a simple vista, pero se percibe. Altera las relaciones y empobrece la calidad humana. Muchos expertos lo consideran un trastorno psicológico. Analicémoslo juntos.

Los rasgos asociados a la falta de empatía describen un perfil muy particular, incapaz de salir de la jaula de su propia mente, de sus propios límites psicológicos. Alguien que no puede conectar con la realidad de los demás y, en ocasiones, casi la desprecia. Hombres y mujeres que tienen un conflicto continuo y un sentimiento de insatisfacción perenne.

Al leer esta descripción, uno puede pensar inmediatamente en un narcisista. Si bien puede parecer impensable, sin embargo, la falta de empatía es un trastorno que afecta a muchas personas que no padecen esta condición. Incluso podemos vivir con una persona que tiene estas características y no saberlo.

Puede ser, por ejemplo, ese conocido que parece incapaz de ponerse en la piel de los demás y que solo prioriza sus necesidades. Puede ser ese amigo que siempre se enoja porque no vemos las cosas como él las ve. También podemos ser nosotros los que presentemos los rasgos de esta realidad psicológica.

Porque la falta de empatía no se siente, no duele, no es como una mancha en una camisa que podemos limpiar cuando la notamos. Ser empático es una habilidad humana que mejora las relaciones sociales y el bienestar. Es importante detenerse y pensar si estamos descuidando este ejercicio saludable.

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    ¿Cuáles son los rasgos asociados con la falta de empatía?

    La falta de empatía no aparece en los manuales de diagnóstico. No encontraremos una descripción en el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales). Por el momento, es solo una propuesta del psicólogo de negocios, psicoterapeuta y escritor Douglas LaBier en un artículo sobre Psicología Hoy.

    En su artículo explica una idea que ha desarrollado tras décadas de experiencia en el campo de la terapia psicológica y como investigador del desarrollo humano. Las personas muestran cada vez más una grave falta de empatía, una condición psicológica clara y evidente que a menudo pasamos por alto.

    La capacidad de identificarse con el otro, comprender su mundo, conectarse con sus emociones y responder en consecuencia a estas necesidades es algo que ha faltado en los últimos tiempos. Las causas no son tan reales como el trastorno narcisista de la personalidad, del que ya hemos hablado, el trastorno del espectro autista o el trastorno límite de la personalidad.

    En ocasiones, el egoísmo, las ganas de ser autosuficientes, independientes o de escalar posiciones en la sociedad, nos colocan al borde de este frío abismo. Así que averigüemos ¿Cuáles son los rasgos asociados con la falta de empatía?.

    Ser molestado por las emociones de otras personas.

    La empatía se divide en tres categorías y una de ellas es la afectiva, que es la que define nuestra capacidad para percibir, conectar y comprender las emociones de los demás. En caso de falta de empatía, sin embargo, existe una clara incomodidad ante los sentimientos y emociones de los demás. Molestan, enfadan y, lo que es peor, son incomprendidos.

    Si su otra mitad está triste, la persona puede pensar: “siempre es así, solo quieren llamar la atención”. Si un colega parece molesto o enojado, la persona puede decirse: "arreglárselas, es su problema".

    En otras palabras, a menudo hay una falta de empatía detrás de esto. la voluntad que otros no interrumpan su propia tranquilidad.

    Concéntrese solo en sus propios objetivos y necesidades

    Los rasgos asociados con la falta de empatía son bastante comunes entre las personas enfocadas en su crecimiento personal, así como entre las obsesionadas con la autoayuda. La necesidad de ser independiente, fuerte, seguro y asertivo motiva a estas personas a concentrarse obsesivamente en sí mismas. Solo yo soy importante. Tus problemas son tuyos, yo tengo los míos. Tengo metas que alcanzar y eso solo importa.

    En esta búsqueda de la autosuficiencia absoluta, a veces uno termina viendo a los demás como antagonistas. La empatía crece cuando entendemos que todos estamos interconectados, que lo que tenemos frente a nosotros es tan importante como nosotros.

    Relacionarse de manera utilitaria

    El utilitarismo, el descarte, estar interesado solo en actividades de las que puedas beneficiarte o solo preocuparte por ti mismo es otro factor determinante. los Las relaciones de estas personas se definen por la liquidez de la que habló Zygmunt Bauman. Los lazos con parejas o amigos son muy frágiles, porque se basan en necesidades e intereses momentáneos.

    Lo mismo ocurre con los valores, preocupaciones sociales o ecológicas. Son las personas clásicas que dicen “No me importa el cambio climático. Lo que suceda con el planeta en el futuro no es asunto mío, ya no estaré allí ”.

    Juicio rápido y crítica entre los rasgos asociados con la falta de empatía

    A veces pasamos por alto la prodigiosa función de la empatía, el engranaje que nos permite ser cautelosos antes de emitir juicios a la ligera. La persona empática sabe que antes de juzgar, debe intentar comprender, debe derribar los muros erigidos en el otro para crear una conexión.

    Una persona con falta de empatía usa la crítica de manera impulsiva. Es ávida de etiquetas, prejuicios y reproches ... A menudo ve el mundo con un gran sentimiento de frustración. Porque cuando no eres capaz de procesar la realidad a través del filtro de las emociones y la empatía, todo está fuera de lugar, todo es hostil y no merece confianza.

    Además de aprender a reconocer estos elementos en quienes nos rodean, es importante tomar conciencia de un hecho: nosotros también podemos caer en una de estas dimensiones. Vamos a pensarlo.

    • Milone, A., Cerniglia, L., Cristofani, C., Inguaggiato, E., Levantini, V., Masi, G.,… Muratori, P. (2019). Empatía en jóvenes con trastorno de conducta y rasgos insensibles y sin emociones. Plasticidad neuronal, 2019. https://doi.org/10.1155/2019/9638973
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