Querida Mimì, si estuvieras viva te volveríamos a matar

Querida Mimì, si estuvieras viva te volveríamos a matar

"Ella estaba serena"ellos diran.
Fue el 14 de mayo de 1995 cuando te encontraron en tu piso de la provincia de Varese.
"Lleva muerta 48 horas", ellos establecerán.

Según su información, las últimas notas en sus oídos dejaron de sonar en los auriculares Walkman que aún usaba el 12 de mayo de 1995.

Pero, ¿qué saben ellos, qué sabemos nosotros de ti?

Soy Mimì, soy de Bagnara Calabra, tenemos un sol que nos hace rayos X nada más nacer. Los olores, los colores de la naturaleza en mi tierra son fuertes y violentos incluso en el alma humana. Odio ser un ídolo, ¿qué daño hice para ser un ídolo? ¿Por qué no puedo ser una persona normal?

Respondiste el 29 de octubre de 1994, pocos meses antes de su muerte, al periodista Gabriele Bojano quien te preguntó "¿Quién es Mia Martini?".

¿Pero qué sol, qué colores?
Los demás habían decidido que no tenías más color que el negro. El de tu cabello, el de tus ojos, el de tus pensamientos cuando se habla del "Mimì trae jella" se volvió tan abrumador que ya no pudo reírse de él, insostenible hasta el punto de tener que abandonar la música y las escenas.

Mia Martina y sus colores

Esa historia de mala suerte, la etiqueta vulgar y cobarde que le pegaron como un producto de mostrador de supermercado, la humilló y la lastimó.

Tu hermana Loredana escribirá en su autobiografía Moviente.

El pretexto fue ese accidente de coche en 1972, justo al comienzo de la gira promocional de Sobre la colina, en el que fallecieron dos de los integrantes de la banda Free Love que te acompañaba.

La charla se convirtió en tam tam y, en ese ambiente tosco y competitivo que es el show, se alimentó de la superstición de los ignorantes y la astucia de quienes nos vieron una gran manera de sacarte.

Afortunadamente para nosotros, respondiste a la llamada de la música y volviste a ese San Remo en 1989 donde cantaba Jovanotti. "No Vasco, no Vasco, no me enamoro". Probablemente no hubieras podido hacer nada más, de lo contrario no hubiéramos podido Al menos tu en el universo (y tampoco La nevada del '56 o los hombres no cambian).

Fue un éxito de nuevo. El público volvió a tener su ídolo, que se hizo más fascinante por la sensación de una resurrección que se presencia en vivo en Eurovisión y, obviamente, alguien en el sistema estelar se sentía cómodo con que volvieras al lugar que te pertenecía.
Lo sabías, pero esa también era una oportunidad para ti.

Soy alguien que quiere la verdad, que odia el romance, no soy sentimental, odio todo lo que es falso aparte de la TV que disfruto.

Dijiste en esa entrevista unos meses antes de morir. Intentaste, una vez más, explicar quién eras:

Pero está mal, la imagen que sale de mí está mal. Todos me llaman "el gran intérprete", los compositores me dicen "escribí esta canción especialmente para ti, solo tú puedes cantarla". Pero nadie se ha preguntado nunca: ¿será adecuado para el Martini? Soy una enamorada de la música étnica y en cambio toco cosas horribles, la masturbación mental o el virtuosismo vocal. Un aburrimiento mortal.

Francesco De Gregori tenía razón cuando dejaste la escena por primera vez y te dedicó, como una carta de amor y una profecía juntos, Mimi será. Tenía razón cuando cantó sobre ti

y nadie te ve, y nadie te quiere por quien eres.

Dijiste que tenía razón y elegiste ponerlo también Mimi será en La música que da vueltas, ese disco de amadas versiones de 1994 que, más que un testimonio, como todos dicen, tiene aire deintento extremo de explicar quién es Mimì.

No “Martini”, como decidió Alberigo Crocetta, dueño del Piper, buscando "Un nombre italiano reconocible en el mundo" para producirle, no "Mi, "Como la cantante Mia Farrow", como quisieras. Solo Mimi, ese apodo cariñoso con el que desde pequeña te sentías llamado por tu gente y tu familia, con el que, además, no todos eran mimos y caricias.

La audición RAI de Mia Martini

Juvenil pero banal.

Fueron las primeras palabras que escribieron sobre ti, en 1964, cuando llegaste a RAI para una audición.
Es extraño lo preciosas que pueden brillar sin que nadie se dé cuenta. Es extraño cómo, incluso hoy, Mimi, a pesar de todo, no sabemos quién eres.

Nos sorprende cuando quienes te conocieron tan bien como Ivano Fossati o Renato Zero te retratan como entusiasta o alegre, nos encanta tu virtuosismo vocal, el masturbacion mental y esos cosas horribles que te aburrió hasta la muerte.
Nuestra forma de amarte es adorar a un ídolo.

La verdad es que incluso si existiera la absurda posibilidad de traerte de regreso aquí, no te dejaríamos tocar tu música étnica hoy, no te obligaríamos a usar los colores fuertes que amas. Nos gustaría verte interpretar, nuevamente, lo que hemos decidido que eres.

Tu presencia sería impugnada por programas de entrevistas, invitado especial para analizar el dolor de su vida en la televisión en vivo, te negarías a ti mismo y otros lo harían por ti. Tus lágrimas en primer plano serían bienvenidas, con tu maquillaje desmoronándose. En las redes sociales tus expresiones de puro sentimiento se convertirían en memes virales y, seguro, esa historia de mala suerte tendría al menos una página de Facebook para dar voz a la trivialidad y las atrocidades más perversas.

Cuando el mundo nota almas como la tuya, Mimì, se siente atraído irremediablemente por ellas, pero no sabe cómo tocarlas.
Generalmente los mete en una jaula y los convierte en la principal atracción del zoológico; si no puede hacerlo o cuando se aburre trata de ensuciarlos para ver si puede parecerse a ellos al menos un poco.

Si estuvieras viva, Mimi, te volveríamos a matar.
“Estaba serena”, escribiríamos más tarde.

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