"¿Qué pasa con la fiesta del hombre?" Que responder a los hombres que se quejan cada 8 de marzo

"¿Qué pasa con la fiesta del hombre?" Que responder a los hombres que se quejan cada 8 de marzo

Más que el Orgullo Gay, más que el Ramadán musulmán, más que el día del recuerdo de la masacre de los sumideros, el verdadero evento anual que en cada ocasión aún logra crear desacuerdos que pueden atravesar a toda la sociedad es solo uno: el Dia de la mujer.

Porque en este único día siempre hay bandos opuestos. La primera, evidente, de hombres contra mujeres, pero luego las hay más sutiles y traidoras, tanto entre mujeres (divididas entre feministas honradas y desnudistas) como entre hombres (con estoicos misóginos por un lado y románticos por el otro). mimosa en mano por el otro).

Ciertamente no quiero establecerme como árbitro en medio de este intercambio fatal de fuego cruzado, pero quizás una buena manera de comenzar a suavizar las diferencias sería llamar a las cosas por su nombre. Porque el Día de la Mujer no es una fiesta en absoluto, pero está ahí Día Internacional de la Mujer, dónde celebrar mujeres, tu no celebrar.

Una diferencia sutil, lo sé, pero está cargada de significado.

Porque si internalizáramos esta distinción, tendríamos una respuesta lista para todos aquellos que (y apuesto a que escuchas muchos de ellos cada 8 de marzo) comienzan, un poco astutos, un poco irritados, con la pregunta habitual: "¿Y cuándo es la fiesta del hombre?"

Y no, la respuesta lista no es exactamente "la celebración del hombre es todos los días", no solo porque ya existe el Día Internacional de la Humanidad, el 19 de noviembre, o incluso el viejo Día Mundial de los Hombres el 3 de noviembre o, nuevamente, la fiesta folclórica del hombre el 2 de agosto, que se está volviendo cada vez más popular en los pueblos alpinos. El caso es que, a diferencia de las exuberantes procesiones con falos gigantes que caracterizan algunas de estas celebraciones, para las mujeres nunca se trató de fiestas.

En verdad, este tipo de excavaciones, tan antiguas como el mismo día, últimamente van acompañadas de una tendencia masculina muy particular. Una especie de "Victimización de los culpables".
De hecho, gracias a la ola del neofeminismo, parecería que los hombres ya no gozan de mucha popularidad. De los cuales muchos han comenzado a quejarse, presentándose como víctimas del nuevo pensamiento dominante. Y no hablo fuera de turno: no son pocos los comentarios de este tipo que acompañan a muchos de nuestros posts.

A juzgar por las campañas sociales, las publicaciones más virales, los spots comerciales y las cuentas más seguidas, de hecho, parecería que una y solo una es la filosofía ganadora de esta década: "El poder es mujer, los hombres lo compensan".

Y el "parece" y el "parece" son imprescindibles, por supuesto.

Porque si por un lado es cierto que hay mucha más atención mediática sobre estos temas, por otro es absurdo pensar que a estas alturas la víctima se ha convertido precisamente en el hombre, en su acepción blanca y heterosexual, en concreto. Que, en la práctica, quienes pertenecen a la "norma dominante" se han convertido repentinamente en automáticamente culpables de todas las faltas que han sufrido las minorías a lo largo de los siglos.

Es absurdo pensar eso, aunque tal vez algunas mujeres lo hagan, pero aún más absurdo es reaccionar quejándose de ello.

Sin embargo, por un lado, estos caballeros deben entenderse un poco. Después de todo, un buen hombre, que no tiene ningún crimen, prejuicio o mala conducta detrás de él, podría estar resentido si se lo señala repetidamente como machista, sexista, misógino, violento y discriminatorio.

Podía entender eso, todavía tenía 8 años.

Porque, seamos honestos: resentir, ofender a su vez, quejarse con irritación de que todas las mujeres (incluso las sexistas, sexistas, misóginas, violentas y discriminatorias) tienen una "fiesta" y él no; tendría todo el aspecto de uno despecho infantil.

Porque si para nosotras está claro que no todos los hombres somos culpables, por otro lado está claro que todavía hay un número suficientemente elevado para que algunas mujeres crean que "todos somos iguales". Quejarse apelando a la propia inocencia nos convierte en los modernos Pontius Pilates, que se convencen falsamente de que no son responsables de sus "colegas" masculinos.

Por no hablar de esos "crímenes" de los que somos culpables sin siquiera darnos cuenta: ¿alguna vez has oído hablar de la carga mental?

No tiene sentido cavar aún más profundamente la trinchera entre machos y hembras. Lo único inteligente que podemos hacer es ponernos del lado de las mujeres, denunciando el mal comportamiento de nuestras "compañeras". Sea consciente de la responsabilidad que conlleva “ser hombre” en un mundo donde los hombres siempre han abusado de las mujeres, porque solo así podemos demostrarles que no, no todos los hombres son culpables.

ES celebrandole, consciente de que mientras una fiesta se compone de diversión, risas y bromas; una celebración se hace desde el respeto, la memoria y la conciencia. La conciencia de saber que lo que cada día corre el riesgo de ser aplastado, olvidado y sacrificado merece ser celebrado.

El derecho a la celebración se conquista con dolor, por tanto al vecino que te pregunta "¿y cuándo es la fiesta de la humanidad?" una buena respuesta podría ser que todavía no está allí, por suerte para ellos.

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