"Que la hago beber y la violé", la impactante historia de los amigos de los violadores

"Que la hago beber y la violé", la impactante historia de los amigos de los violadores

La detenci√≥n de los cuatro perpetradores de las violaciones colectivas que tuvieron lugar en el paseo mar√≠timo de Rimini en la noche entre el 25 y el 26 de agosto pasado cierra el c√≠rculo de una historia que ha conmocionado a la opini√≥n p√ļblica y, naturalmente, ha estado en el centro de las noticias italianas en los √ļltimos d√≠as. ; y cierra las investigaciones de la polic√≠a, que inmediatamente despu√©s de la denuncia del turista polaco y la trans peruana v√≠ctima de la violencia hab√≠an salido en una persecuci√≥n apretada (o mejor dicho hombres), ayudaron en las b√ļsquedas, tambi√©n gracias a la identificaci√≥n de los torturadores. solo por el transexual.

Por otro lado, lo que permanece abierto en esta horrible historia es una perspectiva desoladora y cruda sobre un corte transversal de la realidad dif√≠cil de ignorar, un microcosmos impregnado de violencia y degradaci√≥n, que es el de los violadores. Todo muy joven, el mayor, Guerlin Butungu, el √ļltimo en ser arrestado la ma√Īana del 3 de septiembre mientras viajaba en un tren, rumbo al norte, quiz√°s a Francia, el solo tiene veinte, el mas joven no llega a los dieciocho. Todos son inmigrantes, dos hermanos marroqu√≠es de tan solo 15 y 16 a√Īos, un congole√Īo y un nigeriano, pero el factor racial, el que m√°s evidentemente se destaca, no puede utilizarse para impresionar generalizaciones odiosas, de la serie "Todos son criminales". o "Vienen aqu√≠ s√≥lo para cometer un crimen". La experiencia ense√Īa demasiado bien que la violencia y la delincuencia no tienen rostro, nacionalidad, "etiquetas" de ning√ļn tipo, sabemos que los violadores pueden ser ni√Īos alojados en nuestro pa√≠s, as√≠ como nuestros vecinos, y la √ļnica denominaci√≥n El universal que debe aplicarse a todos es el de los "criminales".

En todo caso, lo dijimos, lo que nos deja desconcertados es la subcultura en la que estos ni√Īos actuaban, viv√≠an, se mov√≠an, los discursos que pronunciaban, las palabras que usaban, todas peque√Īas pero significativas pistas de su camino de crecimiento irremediablemente socavado por la ignorancia, escasa educaci√≥n, desorden.

Para ayudarnos a recolectar peque√Īas piezas de un mosaico que, en su conjunto, crea una imagen verdaderamente alarmante de un joven educado en la violencia y la decadencia, est√°n los testimonios del grupo de amigos de los cuatro violadores de beb√©s de Rimini, de las chicas de su compa√Ī√≠a, de quienes los conoce bien y los vive todos los d√≠as.

Una adolescencia aparentemente normal, entre d√≠as que pasan en el autob√ļs que los lleva a P√©saro a divertirse porque "aqu√≠ no hay nada", o charlando en los bancos del piazzale Matteotti; pero, bajo la superficie, lo que surge de las conversaciones entre amigos realmente te deja sin palabras. La Repubblica Margherita y sus amigas Hiba e Irene, todas italianas, de familias que emigraron de Marruecos, las quince, que compart√≠an compa√Ī√≠a con esos chicos.

… Compuesto por una treintena de chicos, tenemos nuestro propio grupo de WhatsApp. Hay marroquíes, albaneses y cinco italianos.

Las familias de las tres ni√Īas y las de los dos hermanos, M. y K. llegaron juntas a Italia, porque, explican los adolescentes, hay mucha ayuda entre las familias marroqu√≠es. Pero K., los m√°s j√≥venes, su edad los asustaba, los incomodaba.

Estábamos asustados, por supuesto, por la forma en que se comportó. Un psicópata. Solo habló de matar y violar. También era aburrido en eso. Pero nunca nos tocó, siempre nos trató como hermanas o primas, y de todos modos fuimos cuidadosos. Siempre estuvimos juntos, los tres.

¬ŅFueron los de K. solo formas de lucirse, de llamar la atenci√≥n? No, las chicas hablan de un miedo real hacia √©l incluso cuando recuerdan un episodio reciente, ocurrido el pasado 23 de agosto durante la fiesta de cumplea√Īos de Margherita.

K. dijo algo que nos dej√≥ a todos de m ... - dice Margherita - Hab√≠a apuntado a una amiga m√≠a, Laura, a quien le gustaba mucho. Dijo: "Ahora la hago beber y luego la viol√©". Alguien se ech√≥ a re√≠r, otro le dijo: eres est√ļpido. Muchos han resultado heridos. Mis mejores amigos y yo, por ejemplo. Laura estaba muy asustada y se qued√≥ con nosotros tres toda la noche, pegada a nosotros.

Inmediatamente despu√©s de la noticia de las violaciones, las tres muy j√≥venes comenzaron a tener m√°s que sospechas de que los responsables de esas atrocidades podr√≠an ser K., su hermano y otros ni√Īos del grupo. Por ejemplo, despu√©s de que M., el hermano mayor, se pusiera muy nervioso inmediatamente despu√©s de los controles realizados por la polic√≠a cerca de la comisar√≠a.

Nosotros tambi√©n estuvimos ... Los cuatro estaban ah√≠, fuimos a saludar. Vimos los controles, pidieron los documentos, un polic√≠a tambi√©n le dio a K. una buena mirada, de frente y de atr√°s, luego se fue. M. segu√≠a preguntando ‚Äúpero ¬Ņa qui√©n buscan? ¬ŅQuiz√°s hay un pol√≠tico? ¬ŅO cantante? ¬ŅO est√°n buscando a alguien? ‚ÄĚ. K., en cambio, estaba tranquilo, riendo y bromeando.

Como si supiera que podr√≠a salirse con la suya, salirse con la suya. Pero tambi√©n hay otros detalles que surgen de los recuerdos de las ni√Īas de ese d√≠a, como el intercambio de palabras entre M. y Guerlin, en la compa√Ī√≠a llamada ir√≥nicamente ‚ÄúBiondo‚ÄĚ.

Solo nos o√≠mos a nosotros dos, esas frases: M. en un momento dijo "sabes lo que hicimos, ¬Ņno?", Como si dijera que √©ramos nosotros, as√≠ que hay toda esta polic√≠a, pero despu√©s entendimos el significado. Y Biondo respondi√≥: "C√°llate, hermano".

Y luego est√° la repentina baja de Guerlin del grupo de WhatsApp, y el silencio en el chat de los otros tres.

Desde la noche del viernes, desde ese viernes, han desaparecido de WhatsApp. Biondo no estaba en el chat, pero los otros tres, mudos, ya no estaban conectados. Pensamos que era extra√Īo. Entonces realmente desaparecieron, nadie de la compa√Ī√≠a los ha visto desde entonces. Nos dijimos: "¬ŅY si son ellos?"

Hasta el reconocimiento, que se produjo mientras en televisión pasaban las imágenes granuladas tomadas por las cámaras de vigilancia de ese grupo de muchachos escondidos por capuchas y sudaderas; precauciones que no fueron suficientes para hacer amigos que miraban en casa no reconocer su identidad, que se sorprendieron con la noticia, porque una cosa es sospechar, otra es estar seguro de que los chicos con los que compartes buena parte de tus tardes se han comprometido tales atrocidades.

Fueron K. y su hermano mayor quienes se presentaron espontáneamente a la policía, que en cualquier caso habría estado a un paso de su detención, para entregarse, empujados también por su padre, quien declaró:

Le dije que fuera inmediatamente a los carabinieri. Puede suceder que se robe un teléfono móvil, pero no que se viole a una mujer. Si hicieron tal cosa, tendrán que pagar.

K., como decíamos, siempre ha mostrado una actitud violenta y potencialmente criminal, se desprende claramente de las palabras de sus amigos, que suenan nada menos que impactantes.

K. estaba seguro de que tarde o temprano matar√≠a o violar√≠a a alguien. Siempre lo dec√≠a. Es violento, siempre quiere pelear con todos, si ve a alguien que no le gusta se levanta y va a golpearlo. El controlador de bus, por ejemplo. Y se gira con un cuchillo peque√Īo, lo us√≥ para lastimar a otro ni√Īo, quien luego lo denunci√≥. Y le gustan las chicas, a lo mejor est√° enfermo, siempre dec√≠a que estaba discapacitado, me parec√≠a que estaba bien, aparte de la psicopat√≠a. Ha tenido muchas novias, entre ellas un tal M., que lo est√° abrazando en el perfil de Facebook, pero cuando pasaba una chica le miraba el culo y nos dec√≠a: yo har√≠a eso.

Hiba agrega:

Me robó mi teléfono celular. Lo invité a fiestas en mi casa y me paga así. Mi madre decidió que era mejor no denunciarlo, él viene de una familia algo peligrosa, ninguno de nuestros padres los frecuenta más.

El hermano M., dicen, acababa de salir de la comunidad, donde lo habían alojado por narcotráfico, mientras que Biondo lo calificó de taciturno, uno que acababa de decir que se había escapado de la guerra, pero que siempre tuvo dinero, gracias al narcotraficante.

K. rob√≥ zapatos del gimnasio, luego lo expulsaron de la escuela, era artista. El √ļnico que no rob√≥ fue L., el nigeriano. La familia le compr√≥ todo, est√°n muy bien, le dieron el iPhone.

M√°s all√° de todas estas palabras, de todas estas se√Īales, queda la terrible violencia cometida esa noche. Violencia terrible e inexcusable.

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