Por qué nunca deberías pegarle a la mamá del bebé

Por qué nunca deberías pegarle a la mamá del bebé

Azotar a los niños es sin duda uno de los castigos más utilizados históricamente por padres y abuelos en todo el mundo (y más temido por quienes sufren de azotes). Pero, si en nuestro corazón pudiéramos albergar algunas perplejidades sobre la efectiva validez educativa del método, ahora parece que incluso la ciencia confirma nuestras razonables sospechas: azotar a los niños no es en modo alguno un método con probada eficacia pedagógica, al contrario las consecuencias de este gesto en el desarrollo psicológico pacífico de los más pequeños podrían ser totalmente negativas.

Un grupo de investigadores del Universidades de Michigan y Texas, en el que confiaron para llegar a esta conclusión casi 50 años de exámenes y estudios realizados sobre el tema, durante los cuales participaron un total de unos 160.000 niños.

Por tanto, la investigación realizada destaca cómo los efectos del acto son diametralmente inversos con respecto a los que habitualmente se piensa que son efectivos para azotar a los niños, y que en realidad no tienen valor disciplinario, sino más bien tienden a hacer que el niño asuma una actitud de desafío hacia sus padres, o incluso a hacerle experimentar, en el futuro, conductas agresivas, caracterizadas por la antisocialidad, problemas de salud mental y dificultades cognitivas.

Como el explica Elizabeth Gershoff, uno de los autores del estudio, que fue publicado en el Journal of Family Psychology

"Las nalgadas se asocian con resultados negativos involuntarios y no con la disciplina con la que los padres tratan de educar a sus hijos"

En definitiva, los niños que son castigados con nalgadas aparentemente no reciben el "mensaje educativo", sino que tenderían más a desarrollar una actitud hostil precisamente ante el castigo sufrido, con una alta probabilidad de volverse más agresivos tanto hacia el entorno familiar que al exterior.

Sin embargo, a pesar de la evidente falta de efectos beneficiosos, según una Informe de UNICEF de 2014, las nalgadas siguen siendo un método ampliamente utilizado para imponer disciplina, tanto que hasta el 80% de las madres y los padres de todo el mundo dicen que lo utilizan., probablemente plenamente conscientes de los riesgos a nivel conductual y para el correcto desarrollo psíquico a los que sus hijos podrían conducir involuntariamente.

Pero Gershoff también señala otro aspecto relacionado con los resultados de la investigación:

"Como sociedad, tendemos a pensar en los azotes y el abuso físico como dos comportamientos distintos, pero nuestra investigación muestra que los azotes tienen los mismos efectos negativos, aunque en un grado ligeramente menor".

En resumen, según el autor, esencialmente no existen diferencias relevantes entre azotar a un niño y otros tipos de castigo corporal para quienes se preocupan por la posibilidad de desarrollar conductas antisociales, agresivas o psicológicas problemáticas: cada uno de estos abusos puede potencialmente tener consecuencias extremadamente peligrosas; la diferencia, en todo caso, para resumir las palabras de Elizabeth Gershoff, radicaría en la gravedad del problema desarrollado, que sería “más leve” si dependiera de los azotes que los causados ​​por una violencia mucho peor.

Estas son sin duda palabras que te hacen pensar: ¿es realmente posible equiparar una nalgada con un castigo corporal mucho más severo, que la mayoría de los padres (afortunadamente) han dejado de usar?

Cualquiera que sea la opinión que uno pueda tener, sin embargo, el hecho es que el falso mito de la disciplina impuesta a través de los azotes también ha sido desmentido: azotar a su hijo no solo no es educativo, sino que también podría llevarlo a desarrollar conductas agresivas, obteniendo el efecto contrario y peor.

Para educar a los niños, es mejor recurrir a otros métodos, por lo que tal vez la requisición de juguetes podría seguir siendo un medio confiable.

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