"Para mamá y papá en el estacionamiento para discapacitados de mi hija: no estoy nervioso"

"Para mamá y papá en el estacionamiento para discapacitados de mi hija: no estoy nervioso"

No hay mérito en ser madres o padres de niños sanos.
No faltan cromosomas, no hay alteraciones en el ADN, no hay enfermedades raras, ni síndromes con nombres desconocidos, de los que de otra manera habríamos aprendido todo lo que podemos saber en poco tiempo.

El hecho de que nuestros hijos crecen sanos para nosotros es un hecho y la escala de los problemas de salud graves varía para nosotros, desde la sutura de un labio roto que se cae del conducto hasta la operación de las amígdalas. Y eso es correcto. Porque tener hijos sanos no es un mérito ni una falta.

Lo sa Federica Gallo, madre de un niño especial quien, las pocas veces que logra ir al jardín de infancia, lo trae con sus medicinas que le salvan la vida, esperando que no suceda lo inevitable.

La siguiente publicación fue publicada por ella el MaMi Club (Mamme Milano) y, con su consentimiento, lo volvemos a publicar aquí. Porque si, como decíamos, tener hijos sanos no es un mérito ni una falta, debemos preguntarnos cuál es la culpa, sin que el cansancio o el frenesí de un lunes por la mañana en el tráfico sirvan de coartada.

Por qué no poder ponernos en la piel de los padres de niños especiales, no usar ese gesto o esa amabilidad que alivia por un momento su cansancio, no saber simplemente disculparnos ante nuestra involuntaria falta de delicadeza esto es una falta. La culpa es estar enfadado a petición del madre de un niño discapacitado que nos recuerda a los nuestros deber de los ciudadanos civiles.

La culpa es nuestra escasez de padres incapacitados, si no para echar una mano, para respetar a la madre y la hija que podríamos haber sido nosotros si un cromosoma, una alteración del ADN o algún síndrome con un nombre imposible de pronunciar fuera nuestro turno.

La culpa es nuestra ignorancia emocional con el que corremos el riesgo de contagiar a nuestros hijos, incultos o groseros con otros que no sean nuestro primer ser. Porque discapacidad emocional y empáticaA diferencia de cualquier otro tipo de discapacidad, es una falta y algo de lo que debe mantenerse alejado.

Este es el post de Federica Gallo:

Tenía muchas ganas de decirles cuánto esta mañana, yo, la madre de un niño especial, estaba feliz con su primera salida de la guardería, a una hermosa granja, a pesar de que hemos estado asistiendo a este jardín de infancia Montessori durante tres años.

Años difíciles en los que mi pequeña pudo ir muy poco al jardín de infancia porque siempre estaba en el hospital, cambiando de tratamiento, haciendo exámenes, reza para que sobreviva.

Médicos, rehabilitación, vive, no vive, operamos como un no trabajador, en fin, un calvario.

En cambio, he estado llorando todas mis lágrimas desde esta mañana.
Porque tuve que chocar con otra vez el desconocimiento de dos padres que habían ocupado el puesto de discapacitados para sacar a su bebé del coche porque estaba lloviendo. Todo esto frente a nuestro jardín de infancia.
Y también lo entendí, esperé a que bajara con su madre y luego me puse a jugar para dejarme pasar, pero el padre nada. Oído sordo.

Así que salgo, le pido que se mueva porque de lo contrario no podría aparcar, y la respuesta fue

¡Señora es un lugar para DISCAPACITADOS!

"Sí, claro, lo sé, tengo una hija discapacitada" y haciendo muy arrogante porque pilló "Y bueno, lo siento mucho por ella".
Aparcamiento, voy al jardín de infancia y veo a mi madre. Solo le digo que "eduque" a su marido, un hombre de 50 años, a la civilización. Y me voy.

Entonces llego a saber que esta madre, siempre frente al colegio, le cuenta lo que le pasó a una amiga suya (siempre la madre de un niño que asiste a este jardín de infancia) y le dice

Eh, pero la gente está demasiado nerviosa.

Ahora, espero que tu mamá estés en este grupo y puedas leer estas palabras mías.
No sabes cuánto dolor, llanto, rabia, frustración, impotencia hay detrás de mi boleto de discapacidad.

Cómo nunca quise tenerlo y exhibirlo en mi auto.
Porque ese cupón no tiene ningún valor para ti y tú piensas que el mío es solo nerviosismo, pero para mí vale toda una vida, la de mi pequeña, su hermana, mi esposo, toda nuestra familia.

Tú que nunca le enseñarás a tu hijo respetar lo diferente, amarlo y hacerle conocer los lados positivos que la diversidad aporta al mundo, como un valor agregado total.
¿Por qué sabes qué? Tuviste mucha más suerte que yo y para ser amable con tu amigo fuera de la escuela también puedes pagarlo, mientras que yo tuve que encargarme de darle medicamentos que salvan la vida de mi hija.
Porque vas a pasar este día feliz y sereno porque tu hija está de viaje, mientras yo miraré cada 3 por 2 en el celular por miedo a la llamada del colegio porque lo inevitable le paso a mi pequeña.

Te pido que educar a sus hijos y a quienes lo rodean sobre la diversidad, ya sea un niño discapacitado, un homosexual, un hombre de piel diferente.
Donde hay odio, racismo, ignorancia (como en este caso) nunca habrá un país civilizado digno de ser llamado así.

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