Para cualquier mujer que, pensando que está viva, solo está sobreviviendo

Para cualquier mujer que, pensando que está viva, solo está sobreviviendo

¿Cuántas veces llegamos a la hora de la cena, intentando reconstruir lo que hemos hecho hora tras hora preguntándonos qué nos dejó el día que acaba de pasar? ¿Cuántas veces nos sorprende el tiempo que pasa sin darnos cuenta y sin acumular recuerdos claros y limpios que definan una dimensión precisa en la que nos encontramos con todos nosotros? ¿Cuántas veces nos detenemos, nos tomamos el tiempo y nos evaluamos con la esperanza de que los artículos en exceso sean mayores que los pasivos?

Muchas veces los días son iguales que los demás, suele ocurrir que incluso los meses y estaciones que se suceden no aportan nada nuevo a la rutina diaria y la diferencia es como mucho el cambio de estación y la mayor intolerancia al calor o al frío. .

Todo complicado por un estilo de vida que siempre es tanto, demasiado agitado en el que empezamos a correr sin parar desde la mañana ya antes de tomar un café para apurarnos para acompañar a los niños al colegio, para escapar al trabajo con la pesadilla del tráfico y llegar a tiempo para sellar la tarjeta y evitar esos cinco minutos de retraso que harían concesiones en todos los compromisos y deberes de la tarde y la noche.

Y esto multiplicado por varios días a la semana, un mes, un año… a los años, al tiempo que pasa y que no es para nada un hombre honesto porque no retrocedemos y nada ni nadie nos devuelve ningún momento precioso de la vida. Solo nosotros tenemos la carga y el privilegio de saber gobernarlo. No sin esfuerzo, no sin momentos oscuros, no sin dolor. Lo sé, esto también es angustioso y muy asfixiante.

De hecho, eso es lo que sentí al mirar En Vivo de Francesca Archibugi cuyo guión fue escrito con Francesco Piccolo y Paolo Virzì y distribuido en cines por 01 Distribution. La historia que dirige el director romano quiere hablarnos a todos a través de una mirada coral de diferentes personajes pero todos unidos por un enérgico luchar por la supervivencia, realizado por cada uno con su propia capacidad de adaptación y explotación de situaciones y, sobre todo, de estar en relación con alguien que no sea ellos mismos. Todo el mundo demuestra que tiene un gran deseo de vivir, un anhelo tan fuerte que da miedo y este último resulta ser el peor enemigo y la mayor excusa para romper finalmente con patrones y hábitos alienantes.

En particular, fueron las protagonistas femeninas las que provocaron reflexiones y molestias porque no niego que en algunos momentos de mi vida me encontré en ellas y en ellas también veo muchas situaciones que me rodean.

Allí está Susi (Micaela Ramazzotti) el centro de la casa del abogado protagonista de la película, la mujer clásica que asume todas las responsabilidades y necesidades de la familia y que ha renunciado a su carrera como bailarina por Luca (Adriano Giannini) y sus la niña Lucilla (Elisa Miccoli); una mujer maravilla aplastada por una cotidianeidad muy pesada que la hace ser madre también de su pareja pero que a la larga la embrutece y la anula; pero sobre todo, es una mujer consciente de las carencias e insuficiencia de su pareja, el clásico hombre narciso-vampiro que chupa energía y vitalidad de todos, sin importarle un carajo el daño que él causa y que ella misma en un momento define "una hermosa banana vacía "pero sin sustancia pero de la cual, sin embargo, no puede o quiere desprenderse incluso cuando la vida la confronta con la posibilidad de una elección diferente.

Sé que no es fácil cambiar de las manos, pero me enfadaba tanto ... nadie te da la felicidad, no cae sobre ti como el maná del cielo y la vida misma es una conquista difícil, todos los días. Nos guste o no.

Y luego está Mary Ann (Roisin O'Donnovan), la joven au pair irlandesa de la familia Attorneyre que se encuentra viviendo una serie de situaciones ilícitas, diferentes a las que su férrea educación católica nunca habría tolerado y que en cambio la hacen descubrir rasgos de ella misma nueva e inédita de la que, sin embargo, se escapa. A

A veces, la retirada es la forma más sencilla de ir y volver a vestir la imagen habitual que el mundo tiene de nosotros es la opción más tranquilizadora, incluso si por dentro somos un volcán hirviendo que no puede explotar porque nosotros mismos hemos sofocado al sagrado. , chispa dolorosa pero vital. Ese mismo fuego que de una obstinada sobrevivencia, sobre todo a nosotros mismos ya la sordera de nuestros deseos, nos conduciría a un renacimiento luminoso y a vivir.

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