"¡Oye, te hice un cumplido!". No, es acoso.

"¡Oye, te hice un cumplido!". No, es acoso.

"Mi haz un pomo ** no?".
Lo ignoro y sigo adelante.
Él plantea, con mal disimulado decepción: "Oye, mira, te hice un cumplido".

Han pasado muchas semanas, tal vez dos meses, desde aquella mañana en que, tan pronto como aterricé en la estación central de Milán, un hombre de unos 35-40 años se me une entre la multitud y lleva el telón antes mencionado.

"¡Te hice un cumplido!", realmente lo dijo. Lo que implica evidentemente el hecho de que debí haberle estado agradecido por considerarme digno de darle sexo oral.

Inmediatamente guardo la historia como una excepción, pero evidentemente todavía tengo el gusano y, con motivo de otro viaje de trabajo a Milán, una escena que presencio me ayuda a poner en orden mis pensamientos.
Esta vez estoy con Sara, necesitamos grabar un video. Alineados frente a la salida del metro hay un grupo de controladores que, sobra decirlo, revisan los billetes de los hombres sin mirarlos a los ojos y apenas saludan; por otro lado, por cada chica bonita tienen un chiste y algo más.

Siparietto: dos de ellos compiten por el control de boletos de un estudiante guapo y claramente incómodo; otro desvela una hipótesis de mirada inquietante con la que ni siquiera pretende mirar el billete de una mujer particularmente atractiva y le susurra: "Felicitaciones", mirándola insistentemente mientras se aleja.

Ella no sonríe y lo ignora. Obviamente no le gusta. ¿Y por qué debería hacerlo?

¿Qué tienen estos dos teatros en común?
La mayoría de la gente diría: ¡nada! Por un lado hay uno acoso verbal - ¡en esto estamos todos de acuerdo! por el otro ... alguien lo minimizaría: es solo un grupo de babosas que se pasan el día hablando felicitaciones a las chicas lindas.

Equivocado. Lo cierto es que hay dos hostigamientos por ambos lados: el primero es más grave que el segundo, sin duda, pero en ninguno de los casos se hizo ningún cumplido.

Sin molestar a los teóricos de la semiótica y del lenguaje, no se necesitan genes para comprender que hay una lenguaje verbal (la palabra que digo) y hay un lenguaje no verbal (el del hablante y el de los que "padecen" la palabra).
Un cumplido es, por definición, algo que agrada a alguien y espera que complazca al destinatario.

¿Sobre qué base un grupo de hombres o un hombre soltero piensa que una mujer que sale de un metro para ir quién sabe dónde, de la que no saben nada, y mucho menos su estado de ánimo, debería estar complacido de recibir un agradecimiento ¿En su cuerpo, en sus piernas, en su trasero, en su escote?

Si, en fin, de donde viene (hablo con hombres) esta certeza que debe agradarle a usted oa nosotros ¿Tiene la mirada depredadora del macho de guardia sobre él?
No, no le han pedido "Dame un pom ** no". Pero, ¿por qué es tan difícil de entender que ¿Este otro también es un acoso?

¿Pero entonces ya ni siquiera puedes felicitarlos?

Los hombres preguntan desanimados.
Y hay que entenderlos. Están tan imbuidas, como las mujeres, de lógica del macho alfa, que a veces incluso los de buena fe se equivocan.
Sí, puedo felicitarte. Pero para que sean así, el otro lado debe estar preparado para recibirlos. En otras palabras, se necesita una condición de confianza y permiso, incluso no verbal.

Pero de qué te quejas: si fueras los baños te habrías quejado de la ausencia de cumplidos.

Otras mujeres dirían.
Sí, porque estamos tan acostumbrados, a nivel social, a para ver nuestro valor como mujeres medidas de la capacidad de despertar el deseo en un hombre, que un poco 'todos nosotros, más o menos inconscientemente, llevamos dentro de nosotros esta satisfacción de poder captar la atención del hombre de turno como si fuera un mérito o algo deseable.

Hagámonos una pregunta: si fuera una mujer mirando con rapacidad a un hombre que se ocupa de sus asuntos en la calle; silbar cuando pasa o susurrarle "cumplidos"?
Si fuera una mujer que se atreviera a un aprecio más explícito, a la que todos estamos acostumbrados: "Con un paquete para que me preguntes qué quieres", al tipo que nos pidió una indicación; o uno más tradicional "Felicitaciones a mamá"?

¿Sería socialmente igualmente aceptable si, en lugar del grupo de controladores masculinos, hubiera tantas mujeres para comentar los culos, los paquetes de los desafortunados y luchar por el derecho a detener al chico genial de turno, fortalecido por el deber de verificar su boleto? ¡La respuesta es clara para todos!

Los cumplidos complacen a todos. A las mujeres como a los hombres. Y todos pueden hacerlo: tanto mujeres como hombres.

Si no le agradan y si una mujer no puede hacerlo ella misma sin ser "inconveniente", no es un cumplido. Es un acoso.

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