Nunca envejezcas ni lo hagas 'con dignidad': lo que hay que hacer para 'envejecer bien'

Nunca envejezcas ni lo hagas 'con dignidad': lo que hay que hacer para 'envejecer bien'

Este contenido es parte de la sección "Tomemos un (menos) descanso"
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Las chicas de los sesenta desestabilizaron una sociedad que las quería obedientes, las de los setenta practicaron el activismo político, las chicas materiales de los ochenta hicieron un barrido limpio de las convenciones que sobrevivieron a las décadas anteriores armadas de individualismo e irreverencia.

Las adolescentes de la época decían que se querían simplemente divertirse, y si se te ha escapado el significado subversivo de esta afirmación es porque has escapado de una educación dirigida no tanto a la autorrealización como al cuidado del hogar, la familia y un ambiente más noble. benaltro.

Las diosas del pop de esa década enseñaron a millones de niñas que ser el sujeto del deseo era mejor que ser el objeto del mismo, y que podrían haberse convertido en lo que quisieran. Por eso las adolescentes de esa época las siguieron siguiendo desde la mediana edad cuando, al igual que en la adolescencia, hay una necesidad urgente de contar con modelos que nos lleven más allá del desconcierto e inseguridades de la menopausia.

Escuchando a los medios, de hecho, parecería que a las mujeres se les da la oportunidad de afrontar el paso del tiempo. solo dos modos: tratando de no envejezcas en absoluto o, si es que lo hace, hacerlo de una manera elegante, educado, digno. Y si el envejecimiento es un asunto complicado para cualquiera, ya se puede imaginar cuánto debe ser para quienes han optado por hacerlo como siempre lo han vivido, es decir, desvinculándose de los códigos de conducta socialmente aceptados.

“Incluso entre las mujeres más estructuradas contra los prejuicios, hay tabúes que son difíciles de violar. Uno de ellos es la relación entre las mujeres y el paso del tiempo. Lo vemos en Cher, en Madonna, en su forma de vivir la época, según muchos indignos ". comentó desde su página de facebook la escritora Michela Murgia, quien dedicó un episodio del podcast Morgana a la mediana edad de la señora Ciccone.

“Ridículo, irresuelto, vergonzoso: estos son los juicios que hemos escuchado en su contra, nunca dirigidos a colegas como Mick Jagger (76) o Bruce Springsteen (70) a quienes mantener el modelo de su juventud más bien les ha valido los títulos de 'niño eterno 'y' mito inoxidable '"

La reflexión la inicia la propia Madonna, quien, independientemente de sus sesenta y un años, actúa en Instagram mientras realiza front splits como una gimnasta de veinte años. Quizás ya no sería creíble en el papel de una niña rebelde, pero en el de una contemporánea de 60 años es perfecta.

Si el paso del tiempo es un asunto íntimo e individual, de hecho, cuando has sido modelo durante generaciones enteras, cada arruga, cada fallo muscular trasciende el ámbito personal y la forma de frenarlos se convierte en un asunto colectivo: por eso las chicas de los ochenta siguen encontrando en ella la representación de una tal vez madurez poco convencional, pero más cercano a sus sentimientos. Y es en esa brecha entre la edad y la edad percibida donde encaja el - malévolo - juicio del mundo.

Pero, ¿quién decide cómo es correcto envejecer? ¿Quién establece que quienes aceptan el envejecimiento tienen mayor dignidad que quienes lo combaten? Realmente acepta el tiempo que pasa no es obligatorio, así como no es a toda costa mantener una imagen de uno mismo que ya no nos corresponde.

Como toda pregunta que recae sobre el cuerpo femenino, incluso la reflexión sobre la edad parece polarizarse entre quienes optan por entregarse a los años eligiendo a Anna Magnani como maestra de estilo ("No me quites las arrugas, me tomó toda una vida hacerlas") y quienes ven el uso de la cirugía como una herramienta para liberarse de la prisión de la edad y volver a la imagen de sí mismos que prefieren.

Un dualismo en el que toda posición ideológica esconde trampas: ¿la posibilidad de someterse a tratamientos estéticos es una verdadera libertad o más bien una entrega a la cultura de la imagen que siempre nos toma jóvenes, seductores y actuantes? ¿Son las señoritas que se dejan libres las canas o son esclavas de un condicionamiento según el cual, en todo caso, es preferible una arruga a una piel tersa sin memoria?

Y las plantas perennes que saben mantener elegantemente equilibradas sus edades no son ellas mismas víctimas de ese sentimiento común según el cual, anta, ¿solo puede hacer alarde de decoro, buen gusto y moderación?

La respuesta a nuestras preguntas todavía la da Madonna quien, independientemente de sus años, alterna imágenes de brillante belleza con otras de tosca vejez perfectamente acordes con la niña que era, demostrando que es el momento que debemos hacer jóvenes, más que nuestro cuerpo. Y una vez más, enseña que la libertad de sentirse como desee, independientemente de la edad, es la relación más saludable que puede tener consigo mismo.

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