Mujer fuerte y "mujer real": dos figuras mitológicas que lastiman a todos

Mujer fuerte y "mujer real": dos figuras mitológicas que lastiman a todos

Históricamente hay muchos i cliché que afectan a las mujeres, y todas, por supuesto, tienen que ver con la manuscrito largo del patriarcado que durante siglos ha influido en la cultura y la sociedad, definiendo roles y estándares de forma clara y precisa, pero siempre de forma que figura femenina fue, de una forma u otra, un constante "paso atrás" en comparación con el hombre.

Si es cierto que la historia la escriben los ganadores, podríamos citar las palabras que el escritor Dacia Maraini solía decir en una entrevista que "históricamente los ganadores son los hombres, que cuentan la historia de las mujeres y no de las mujeres".

Porque, en la evolución de la historia humana, entrelazando religión, literatura, pero también costumbres y tradiciones que hemos podido reconstruir de las diversas sociedades que existieron, la mujer ha representado de vez en cuando una entidad con características bien definidas y, por tanto, tareas, pasando, por ejemplo, de la Virgen que da a luz al hijo de Dios (en la versión bíblica) a la "propiedad" que se transmite de padre a marido (y en algunas comunidades, por desgracia, sigue siendo así), hasta versión angelical ser protegido e idolatrado, típico de Dolce Style Nuevo que, sin embargo, no debe considerarse más que un intento de "endulzar la píldora".

Las mujeres han sido excluidas de la vida pol√≠tica, econ√≥mica y social de sus comunidades durante siglos, relegadas en la era cl√°sica a la ginecei o, m√°s tarde, se√Īalados como brujos para mantenerlos subyugados bajo la √©gida de los hombres y frenar sus demandas de independencia y autonom√≠a.

En general, terminaron siendo casi siempre encuadrados como generadores de descendencia y novias fieles, sin poder aspirar a nada más, incluidos los derechos, tanto es así que muchos de ellos, considerados naturales y descontados para los hombres, se ganaban solo en era contemporánea. Aunque lo más preocupante es que, en muchos países, esta es una situación que todavía dura ahora.

Emancipaci√≥n y libertadsin embargo, no siempre significaron logros positivos reales para las mujeres. En el sentido de que habernos vuelto aut√≥nomos en nuestras elecciones, laborales y personales, y haber dejado de ser considerados muebles masculinos, a menudo se ha interpretado como una masculinizaci√≥n de las mujeres, a las que se atribuyen caracter√≠sticas t√≠picamente masculinas, siguiendo siempre as√≠ la l√≥gica de la disparidad entre g√©neros, siendo la masculina a√ļn predominante en cuanto a fuerza, voluntad y todas esas connotaciones vistas como "positivas".

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    El (peligroso) mito de la mujer fuerte

    mujer fuerte
    Fuente: web

    No es la emancipación en sí lo que ha demostrado ser un arma de doble filo para el género femenino, por supuesto, sino la interpretación distorsionada que a menudo, a veces incluso inconscientemente por parte de las mujeres, se hace de ella.

    No es casualidad que las mujeres consideradas fuertes, porque son obstinadas, decididas en lo que hacen, emprendedoras, muchas veces se definen ‚ÄĚcon bolas‚ÄúContinuando as√≠ utilizando al hombre como medio ideal de comparaci√≥n; lo mismo se aplica a las mujeres que se indican como "los que usan pantalones en casa", Para subrayar su papel de mando y autoridad dentro del hogar que, sin embargo, en realidad se reduce al rango de un simple" bobo "cuando, en un intento de exaltarlo, se vuelve a utilizar un t√©rmino en masculino.

    La idea de una mujer fuerte ha terminado por equipararse con un simple hombre mono macho, y esto es evidente, por ejemplo, cuando hablamos de la figura del Mujer de carrera, que generalmente adquiere un doble significado: el de un "sue√Īo er√≥tico", para ser imaginado con trajes escasos y blusas escotadas (que, sin embargo, se refiere a una idea de mujer m√°s bien dominada por los hombres), o como un escalador social c√≠nico y sin escr√ļpulos que, para ser tomado a√ļn m√°s en serio, usa trajes de hombre.

    Sin embargo, hay otra visión de la mujer fuerte que es la que, por ejemplo, es tratada por Simone de Beauvoir en la versión francesa de El segundo sexo: la imagen del mujer fuerte, que en este caso no es una mujer que "imita" a un hombre, sino una

    entidad no humana: la mujer fuerte, la madre ejemplar, la mujer virtuosa, etc.

    Centrándose en la representación de la mujer fuerte en la tradición religiosa, De Beauvoir cita el ejemplo de la Proverbios, que dice

    Obtiene lana y lino, / Se levanta cuando a√ļn es de noche, / su l√°mpara no se apaga de noche / y no come el pan de la pereza

    ¬ŅQu√© le pasa al escritor franc√©s? Como el explica Kate Kirkpatrick en este art√≠culo para La visi√≥n

    Al leer a De Beauvoir, es un error que este paradigma de mujer fuerte se 'limite a las tareas del hogar', un tipo de empleo que se presenta a las ni√Īas y mujeres como parte de su destino femenino, como una forma cotidiana de mostrar el su amor por los dem√°s, que nunca les ocurre a los hombres.

    La mujer fuerte de Proverbios es admirada por su esposo, sus hijos y la comunidad por su √©xito y laboriosidad, pero De Beauvoir cre√≠a que este tipo de elogio no era m√°s que un se√Īuelo, que segu√≠a empujando a las mujeres a sacrificarse. para otros, sin recibir nada a cambio, trabaje para hacer de su hogar un santuario de descanso y paz para todos menos para ella.

    Un se√Īuelo tan antiguo que parec√≠a dif√≠cil creer que todav√≠a funcionara: el cebo era el amor mismo y la forma en que se esperaba que las mujeres trabajaran para √©l era tan completamente desproporcionada. El mito de la mujer fuerte ha llevado a las mujeres a pensar que el amor significaba obviamente seleccionar las mejores fibras de lana y lino para su familia, irse a dormir hasta tarde y despertarse temprano, resistiendo la tentaci√≥n de caer en la pereza.

    En este sentido, y seg√ļn la perspectiva de Simone De Beauvoir, el concepto de mujer fuerte est√° intr√≠nsecamente ligado a otro gran estereotipo del mundo femenino, el de mujer de verdad.

    El da√Īo causado por el significado de "mujer real"

    mujer fuerte
    Fuente: web

    Hablemos de da√Īo, eso s√≠, porque el concepto de ‚Äúmujer real‚ÄĚ, tan utilizado siguiendo los lugares comunes banales, era perjudicial para la imagen femenina y, sobre todo, para la libertad de elecci√≥n femenina. ¬ŅCual?

    En primer lugar, por ejemplo, el relacionado con maternidad: en la idea tradicional de "mujer real", una mujer no est√° completa o realizada si no se convierte en madre (y esposa, mejor a√ļn), si afirma no tener instinto maternal y, incluso peor, por supuesto, si conscientemente afirma ser ni√Īos libres, es decir, de no querer hijos, por su propia elecci√≥n.

    En este sentido, las palabras extraídas del libro son ejemplares Deshazte de la buena chica de Maura Gancitano y Andrea Colamedici.

    Una mujer se considera realizada solo si es madre, solo si es capaz de hacerse a un lado, solo si nunca puede levantar la voz, nunca derrumbarse, obedecer y servir a la autoridad (el padre, el esposo, la sociedad ) sin ning√ļn encabezado. [‚Ķ ] Despu√©s de todo, todav√≠a vive en una sociedad donde un hombre que cuida a sus hijos se llama mammo, y si se ocupa de la limpieza de la casa, todav√≠a se considera que est√° bajo el control de su pareja.

    La verdadera mujer no puede sin saber cocinar, no seas feliz de lavar la ropa también de la pareja, y posiblemente acepta renunciar a su carrera y trabajo para cuidar la descendencia y el hogar. Lo cual no quiere decir, ojo, que quienes se dedican a estas actividades o con pasión sean los culpables, sino que quienes no lo hacen no pueden ser etiquetados como "menos mujer".

    Ejemplo es este artículo de Irene Facheris, que nos hace comprender plenamente cómo algo tan subjetivo y aleatorio (que es, precisamente, la percepción de lo que significa "ser una mujer real", admitido y no admitido que el concepto en sí mismo existe) en realidad se vuelve perfectamente atribuible a un solo estándar , definido por criterios precisos.

    En este sentido, es fácil entender por qué expresiones como "detrás de un gran hombre hay una gran mujer" siguen vigentes y siguen siendo tan ampliamente utilizadas. Detrás, sin embargo, nunca a un lado.

    La controversia de San Remo de 2020 sobre las reclamaciones catastr√≥ficas (pero, creemos, sin intenci√≥n discriminatoria) de Amadeo sobre las mujeres que ‚Äúest√°n un paso atr√°s‚ÄĚ nos dio la idea de hasta qu√© punto el concepto no s√≥lo est√° arraigado en la sociedad, sino tambi√©n moralmente aceptado, tanto que incluso las propias mujeres lo utilizan sin encontrarlo ofensivo, sino m√°s bien natural.

    Para describir mejor la idea de "mujer real" usamos las palabras de Irene Facheris tomadas de ella. Paridad en pastillas.

    Como la máxima discriminación que sufren las mujeres en la vida cotidiana, decidí tratar con una figura mitológica que nadie ha visto nunca pero de la que se habla con demasiada frecuencia: la verdadera mujer.

    Esta es la discriminación clásica que a menudo y de buena gana actuamos dentro de nuestro propio grupo, es decir, entre mujeres. Por supuesto, la lista de características que una mujer debe tener para ser considerada "verdadera" fue elaborada por el patriarcado hace mucho tiempo. Pero también muchas mujeres siguen servilmente esa lista, porque, como ya hemos visto, no es necesario ser hombres para ser machistas.

    La mujer real no renuncia a su feminidad, se preocupa y se pone guapa para su hombre, conoce el valor de la familia y se siente c√≥moda en casa cuidando a sus hijos, sabe quedarse en su lugar y entiende cu√°ndo hacerlo. hablar y cuando no; si sufre lo hace en silencio para no molestarlo y si se alegra lo hace de manera sobria, ya que a√ļn debe mantener la compostura y la elegancia.

    La mujer real es aquella que ve la sexualidad solo como una cuestión de pareja, un servicio a dar, que tiene como principal objetivo la satisfacción de las necesidades masculinas. La verdadera mujer es madre y esposa, incluso antes de ser mujer.

    Esto es lo que nos han estado diciendo durante siglos y aquellos de nosotros que nos hemos desviado de esta descripción hemos pagado las consecuencias, de las formas más dispares. En primer lugar, la mirada masculina los juzgó mal. Y esto es lo que lleva a muchas mujeres a ser las primeras en apoyar esta idea de 'mujer real': el miedo a ser clasificadas como 'menos mujeres' por un hombre.

    La necesidad de complacer a esa parte del mundo que tiene el poder es tal que crea competencia dentro del propio grupo y se√Īala con el dedo a los dem√°s, para evitar que alguien de fuera nos lo se√Īale.

    Artículo original publicado el 29 de mayo de 2020

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