"Mira, estos tomates italianos 'manchados de sangre'"

"Mira, estos tomates italianos 'manchados de sangre'"

Ellos la llaman agromafia. EL corporal.

Es un mercado clandestino, que pasa en silencio aplastado por el peso de otros temas con un atractivo muy diferente para el público y por la velocidad de la globalización, que se alimenta de historias como las de quienes viven en tales situaciones.

Pero el problema está ahí, y no es esconderlo como el polvo debajo de la alfombra lo que lo hace menos serio o actual.

Porque en los campos donde se producen las excelencias del Made in Italy hay trabajadores, principalmente extranjeros, que trabajan hasta doce horas al día al sol. A menudo acampados en ciudades de tiendas de campaña o amontonados en alojamientos improvisados, no protegidos por ninguna regla, sujetos a la única palabra que importa, la del cabo.

Se entiende el volumen de la economía ilegal y sumergida que produce la agromafia, informa un artículo de L'Espresso entre 14 y 17 mil millones de euros.

Hay jornaleros extranjeros de temporada, decíamos, pero también muchos italianos, que reciben un salario diario que varía entre 22 y 30 euros, sin mencionar el (mucho) trabajo a destajo. El informe del Flai CGIL habla de 80 distritos agrícolas con las mismas prácticas de explotación y reglas no escritas, que van desde invernaderos, pasando por viñedos, hasta la cosecha de tomate más clásica.

Y ha estado lidiando con esta última realidad durante algún tiempo. Diletta Bellotti, que ha iniciado un blog y habla sobre los de Instagram Tomates rojo sangre, manchado por la explotación y violencia que sufren los trabajadores.

Tú, con una maestría en Derechos Humanos y Migraciones Internacionales, decidiste convertirte en activista desde el momento de la tesis; porque ella eligió encargarse de la contratación, nos lo explicó ella misma.

"He leído este trabajo académico llamado The White-Savior Industrial Complex, que, simplificando, deconstruye todo el trabajo que hace una persona blanca en los países en desarrollo. Al leerlo me di cuenta de que me preocupaba mucho: estaba listo para mudarme a Chile, Palestina o (donde estoy ahora) a Etiopía. Esperando ayudar a esas comunidades. Pero leyendo este documento me pregunté qué había hecho concretamente por mi comunidad. Y sobre todo lo que era mi comunidad.

En esta fase traté de descubrirme a mí mismo, de comprender qué me hacía sufrir, por qué valía la pena luchar. Sobre todo, cuál fue la más grave de las injusticias cercanas a mí, la más inaudita, la más invisible. La respuesta a estas preguntas fue la explotación de los trabajadores agrícolas.

Un peón, sea italiano o migrante, explica Diletta, cobra una media de 2 euros la hora. "Los trabajadores son explotados, golpeados y asesinados y son, al mismo tiempo, la columna vertebral invisible de una industria que genera miles de millones. Los obreros, hombres y mujeres, italianos y migrantes, mueren bajo el sol, de un infarto, de neumonía, en el incendio de una choza“.

Tras haber indagado sobre el sistema, prosigue, en Diletta surgió la necesidad de ir a ver con sus propios ojos cuáles eran las condiciones de explotación en el campo italiano.

"Lancé la campaña # tomates rojos con sangre porque quería que todos vieran la comida como yo la veía: sucia con el sudor y la sangre de quienes la habían cultivado y que a menudo morían haciéndola. Así que el proyecto nació con el objetivo de despertar el disgusto en los consumidores italianos, esperando luego educarlos sobre las luchas ya existentes de los trabajadores. Este es el principal problema con esta pregunta y también es la razón por la que comencé.

Sin embargo, el problema ciertamente no es fácil de resolver. Sobre todo porque, explica, en Italia este sistema ha estado arraigado durante años y vinculado a diversas dinámicas:

"El primero está relacionado con la globalización y las presiones de un mercado capitalista. El mercado exige precios muy bajos, las empresas tienen que vender a ese precio para seguir siendo competitivas, eso significa que alguien tiene que perder. Si el espárrago es x euro el kilo, el sistema aplastará a quien lo venda por más. Para evitar ser aplastados, las empresas explotan a los trabajadores. Obviamente, esto no es nada nuevo y ocurre más o menos en todo el mundo y en todas las industrias.

Lo impactante es que en Italia no se sabe nada de lo sucia y mafiosa que es nuestra comida. Las soluciones están en penalizar a las empresas que recurren a este sistema mafioso que es la contratación, o la mediación ilegal entre trabajadores y empresas. Es decir, los que contratan trabajadores para ser explotados por las empresas. En segundo lugar, hay que incentivar a las empresas para que no recurran a este sistema, una forma de incentivarlas es con subsidios o exenciones. En tercer lugar, y lo más importante, es necesario informar a los trabajadores italianos y migrantes de sus derechos y dirigirlos a cooperativas que no los exploten.“.

Pero hay un mamá, no subestimar.

"La ignorancia, que en mi opinión se alimenta y se alimenta de la desinformación y el racismo a su vez, tiene mucho que ver con la permanencia del sistema de contratación. Estos elementos dificultan la lucha, porque tendemos a no identificar a los verdaderos culpables. Hay una lucha muy populista, por así decirlo. En este sentido, no creo que haya una lucha que se pueda hacer sin una lucha por la información gratuita. Por otro lado, no creo que nadie deba ser linchado públicamente por su ignorancia, la ignorancia es, ante todo, una cuestión política. Hay casos raros en los que la ignorancia no significa también marginación económica, social y política“.

A pesar de las dificultades, lo cierto es que Diletta no se detendrá.

Navega por la galería para descubrir qué más nos contó y cuáles son los proyectos futuros de #pomodorirossosangue.

Fuente: instagram @dilettabellotti ph. Fabrizio Fanelli

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más Información