Menos de un mes para dar a luz: los miedos de una futura madre

Menos de un mes para dar a luz: los miedos de una futura madre

En unas tres semanas veré a mi hija.

La veré directo a la cara, ya no será un esfuerzo de mi imaginación y una serie de transformaciones de mi cuerpo. Tres semanas son muy, muy pocas.

En unas tres semanas mi vida cambiará para siempre. Habrá un ser humano al que estaré indisolublemente ligado, para siempre. Solo por siempre. Estaré en sus células, en sus venas, en las expresiones de su rostro, lo quiera o no. Habrá, en el mundo, una persona que antes no estaba allí.

¿No suena eso como un truco de magia? Oplà, ayer no existía, hoy sí.

En esta persona, mi esposo y yo estaremos vinculados para siempre. Más allá de lo que depara el futuro. Incluso puede que lleguemos a odiarnos, pero él y yo estaremos vivos y juntos en ella, en sus hijos, en los hijos de sus hijos, hasta que haya alguien que llegue "más tarde".

Asimismo, de repente me doy cuenta de que soy producto del vínculo inquebrantable de generaciones y generaciones de parejas. Poner en el rostro rasgos de personas que nunca he conocido, pero que probablemente se reconocerían en mis ojos, en mi forma de cogerme las manos, en mi incisivo torcido si pudieran verme. Y lo mismo para cada uno de nosotros. Cuando llega Arianna, cuando me mira con esos ojos profundos suyos (¿sabes qué tan profundos son los ojos de los bebés?), Me convertiré en Madre para ella.

Y no importa lo fundamentalmente temerario que sea, lo estúpido que me sienta, lo adecuado que sea realmente para este papel. En los próximos años, creerá lo que le digo, confiará en mí para sentirme amada, cuidada y protegida, para saber lo que vale.

Esto es algo que da miedo.

Ni siquiera he podido desarrollar mi autoestima todavía, y mucho menos ayudar a alguien más a desarrollarla. Demonios, ni siquiera plancho camisetas y es notorio que las madres lo hagan. No sé exactamente cómo lo vamos a hacer. Le señalo que, siendo usted muy joven, no se da cuenta de mi profunda inexperiencia.

Cuando se trata de poder evaluar mis habilidades reales, tendré al menos algunos años de experiencia.

¿Qué niño?

¿Podré engañarla?

Artículo original publicado el 4 de febrero de 2013

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