"Me dio la primera bofetada porque nunca pude decirle 'no', ni siquiera en público"

"Me dio la primera bofetada porque nunca pude decirle 'no', ni siquiera en público"

Te pedimos a través de una publicación de Instagram que compartieras tus historias de violencia, acoso o abuso con nosotros, y los testimonios recibidos han sido muchos, demasiados para juzgar la seriedad de cada uno de ellos.

Lo hicimos para dar voz a millones de mujeres que cada día son víctimas de padres, novios, exparejas, desconocidos, porque desde hace algún tiempo venimos realizando un proyecto importante, el de ¿Cuánto vale la vida de una mujer?, donde recopilamos historias que son tan dramáticas como cotidianas. Como el de esta niña, que valientemente quiso compartir su experiencia con nosotros:

"A los 15 años conocí a quien se convirtió en la primera historia larga y oficial de mi vida, sin saber que la recordaría para siempre y no por los aspectos positivos.

Los primeros meses fue una persona muy dulce, cariñosa, que mostró el deseo de cuidarme, luego de un día para otro esto cambió. Él tenía 18 años y yo era solo una niña ingenua. La primera vez que 'hice el amor' (si es que se puede llamar así) fue con él, pero lo único hermoso que recuerdo de esa noche es el cielo y sus estrellas.

A pesar de esta experiencia no muy grata y las posteriores, de todos modos, pensé que tal vez yo era el que me metía en problemas para nada, hasta que un día, por una riña muy banal por las empresas con las que salir de noche, me abofeteó para callarme, porque no podía permitirme decirle 'no', en cualquier tema. No pude reaccionar, ni siquiera quería hablar, solo pude asentir con la cabeza.

Después de eso, la situación pareció volver a la 'normalidad' durante unos días, y se disculpó por la bofetada, diciendo que nunca volvería a suceder. El problema es que volvió a pasar, no por mucho tiempo, porque descubrí que quedarme quieto y callado era la única forma de no enojarlo.

Entonces comencé a no decir nada, nunca dije que sí, y el 'no' fue excluido como una opción, aunque quería gritarlo demasiadas veces.

Siempre que él quería tener sexo, como él decía, por supuesto, yo estaba quieto y en silencio y tan pronto como terminaba me levantaba y me iba. De vez en cuando quería que lo tocara cuando estábamos cerca, entre gente. Tomaba mis manos y se las metía en los pantalones, aunque yo intentaba resistirme cada vez, pero no le importaba lo que yo quisiera. Me enfermó. Estaba avergonzado y siempre miraba a mi alrededor para ver si alguien notaba algo, pero no fue así.

Esto duró un año. Comencé a odiarme a mí mismo y a verme solo como un trozo de carne para usar cuando fuera necesario.

Un día encontré el valor para dejarlo, pero ni siquiera me dejó hablar, ya lo sabía todo. Me devolvió las cosas que me había regalado y se fue.

Pensé que me había quitado una carga, que podía estar tranquilo y en cambio, después de un par de meses, comenzó el acecho: mensajes, cartas, escritos en el camino frente a mi casa, acecho en el parque cerca de la casa o al comienzo del camino y encuentros continuos. 'aleatorio' en todos los lugares a los que fui.

Necesitaba ayuda, pero nadie la entendía, ni siquiera mis padres, que siempre decían que dejáramos pasar el tiempo, que seguramente se detendría. No lo hizo y nunca tuve el valor de denunciarlo, pero le dije que si seguía me iría a los carabinieri y desde entonces no volvió a aparecer, pero de vez en cuando seguía escribiéndome.

Incluso en la escuela no me sentí seguro después de que accidentalmente entró para saludar a un ex maestro suyo que siempre decía que no podía soportarlo. Justo cuando estaba enseñando en nuestro salón de clases. Entré en crisis, más de lo que ya estaba, y Comencé a tener dolor físico para reprimir todo lo que sentía por dentro, que tanto el dolor como el ardor pasaran.

Era una de las únicas formas en que todavía podía sentirme vivo y no solo un montón de carne y hueso sin sentido. Ahora han pasado 7 años, fui a terapia por un tiempo, luego dejé la universidad, enfrenté muchas cosas, pero me quedé con todo y de vez en cuando él vuelve para hacerlo sentir y ver 'casualmente' donde estoy. Hace mi vida mejor pensar que en realidad todo es aleatorio, pero en el fondo me temo que no lo es.

Hasta la fecha, encuentro muchas dificultades con las relaciones y con la esfera sexual, tanto es así que, por momentos, creo que sigo siendo ese 'trozo de carne', para ser tomado, usado y luego apartado como cosa usada y me culpo de eso No tengo. Pero una cosa que aprendí, después de casi tocar fondo: quiero vivir".

*****

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Artículo original publicado el 10 de febrero de 2020

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