María Teresa Ferrari, la mujer que estudió la vagina y le dio dignidad

María Teresa Ferrari, la mujer que estudió la vagina y le dio dignidad

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Una luchadora: así se definía ella misma María Teresa Ferrari, primera mujer en enseñar medicina en América Latina. Una figura muy importante para su país, Argentina, pero poco conocida en el resto del mundo. Sin embargo, su historia merece ser recordada con más frecuencia, porque encarna todo lo que una mujer puede lograr, con la determinación adecuada.

Y lo logró, incluso en un período complejo para las ambiciones de las mujeres, como cuenta el ensayo en español. Saberes y prácticas médicas en la Argentina.

En mi sangre hay un temperamento de lucha: nunca me ha faltado energía, porque estoy convencido de que una inteligencia bien disciplinada puede lograr todo lo que la voluntad apunta.

María Teresa Ferrari, nacida en Buenos Aires el 11 de octubre de 1887, pertenecía a una familia adinerada que había hecho mucho por la independencia de Argentina. Después de la secundaria, que terminó en 1903 con un diploma de maestra, la mayoría de las niñas de la misma clase social habrían dedicado el resto de sus vidas al papel de esposa y madre. Haciendo caso omiso de las convenciones de la época, decidió en cambio hacer dos cosas consideradas inconvenientes: estudiar medicina y al mismo tiempo trabajar como maestra.

Su conocimiento la llevó a aplicar la psicología experimental en las clases donde impartía, al Colegio William Morris y para Escuela Nº 3 Bernardino Rivadavia. Esto hizo sospechar a las autoridades, quienes decidieron investigar sus técnicas de enseñanza: al final se le permitió continuar, porque se estableció que su método era capaz de motivar a los estudiantes. En la Universidad de Buenos Aires, donde estudió, las cosas no mejoraron.

No había muchos estudiantes de medicina. Cuando comencé, solo teníamos cinco años. Cinco mujeres llenas de vida y dispuestas a superar cualquier obstáculo.

Aunque su matrícula y la de las demás no fue bien recibida, no existía un punto de apoyo legal que impidiera que las niñas estudiaran en la universidad. La primera mujer en graduarse en medicina en Argentina, Cecilia Grierson, afortunadamente había abierto el camino para los demás, aunque con gran dificultad. Así, en el primer año María Teresa Ferrari pudo trabajar como asistente de patóloga e investigadora Joaquín Llambías, que fue una gran fuente de inspiración para continuar la investigación.

En 1911 se graduó y se casó con el hombre que amaba. Nicolás M. Gaudino, también médico, y en 1918 nació su único hijo, Maurio Nicholás Gaudino. Mientras tanto, sin embargo, María Teresa Ferrari había comenzado su lucha personal contra quienes no querían que ella obtuviera la cátedra de obstetricia en la universidad. En respuesta a su solicitud, en 1915 el Consejo de Administración se expresó de la siguiente manera:

A pesar de sus calificaciones, por razones fisiológicas y psicológicas, las mujeres no pueden cumplir con los requisitos necesarios para ser admitidas como profesoras en la universidad.

María no se rindió y un año después comenzó a dar clases en la Escuela de Obstetricia de Buenos Aires, que sin embargo no tenía el mismo prestigio que un puesto universitario. Luego volvió a intentarlo en 1919, cuando se enteró de un puesto vacante, pero la Junta Directiva retrasó la elección hasta 1925, ignorando las cartas de recomendación de quienes habían tenido la oportunidad de trabajar con ella.

Recién en 1927, a petición de otro profesor que había leído sus títulos y conocía su experiencia en la docencia y la medicina, consiguió finalmente la tan codiciada cátedra. La noticia se extendió por América Latina, porque ninguna otra mujer había conseguido un puesto de profesora universitaria. Fue solo el comienzo de una gran carrera y la continuación de su investigación y estudio.

No solo pudo visitar muchos hospitales en Europa, sino que trabajó como asistente en la clínica de Marie Curie en París, donde fue la primera mujer en recibir un diploma de investigación sobre monitorización del tracto urinario.

Además, diseñó personalmente un vaginoscopio, más fácil de esterilizar y más adaptable que los espéculos existentes, que en 1924 le valió un premio en el congreso de innovación científica de Sevilla. Entre los muchos campos en profundidad, también estaban el tratamiento de tumores uterinos mediante radiación, la mejora de las prácticas de higiene en el campo de la obstetricia y el uso de incubadoras para recién nacidos, que había tenido la oportunidad de observar en el exterior.

Tras treinta años de labor como profesora universitaria, el 15 de septiembre de 1952 se jubila María Teresa Ferrari, impulsada también por el clima político cada vez más hostil. Sin embargo, había abierto el camino a muchas otras mujeres que querían una carrera académica: había trabajado por la causa feminista, fundando en 1936 la Federación Argentina de Mujeres Universitarias. Murió el 30 de octubre de 1956 en Buenos Aires, luego de una vida de grandes logros profesionales y personales.

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