Los "18 regalos" de Elisa para quedarse con su hija incluso después de la muerte

Los "18 regalos" de Elisa para quedarse con su hija incluso después de la muerte

Que miedo tenemos de ser olvidado? ¿Cuánto miedo tenemos de caer en el olvido de quienes nos aman y no sobrevivir en su memoria? Ya no estar presente en la vida de nuestros seres queridos es un pensamiento que nos mata internamente.

El desvanecimiento del tiempo, la idea de que, con el paso de los días, meses, años, los pensamientos hacia nosotros se desvanecen cada vez más, hasta convertirse en un nombre con fecha de inicio y fecha de finalización. ¿Qué será de nosotros después? ¿Por qué seremos recordados? Piensa en mi a veces.

No entraré en los méritos de ningún ámbito religioso, es una dimensión demasiado personal, pero la necesidad de seguir existiendo para aquellos a quienes hemos amado es más fuerte y primitiva que la vida misma, a veces. Saber que podemos seguir estando ahí, existiendo incluso dentro de un sueño, una historia contada, un rastro dejado y siempre vivo alivia nuestra alma y hace más llevadero el concepto del fin. Trivialmente, experimentamos tal sensación cuando, por ejemplo, nos separamos de una historia importante o situaciones que se han vuelto insostenibles.

Y mucho menos si esta perspectiva realmente se materializa ante la certeza de una muerte inminente, un fin anunciado, y no nos queda más que vivir a plenitud los últimos momentos de nuestra existencia y preparar de la mejor manera posible el recuerdo de nosotros para los que quedan y sentirán nuestra carencia en todo momento, que no es más que un terrible y terrible presencia continua. Especialmente si nos vamos a quedar con una compañera que amamos tanto y una hija muy pequeña.

Esto es lo que realmente le sucedió Elisa Girotto, la espléndida Treviso que murió prematuramente, madre de la pequeña Anna y esposa de Alessio Vincezotto. Ella y su esposo finalmente habían coronado el sueño de tener un hijo, pero descubren que padece una enfermedad incurable que pronto decreta el triste final. Su bebé es muy pequeño, crecerá sin la figura materna pero Elisa encuentra la manera de quedarse al lado de su hijo: los deja 18 regalos y cartas, uno por cada cumpleaños hasta que sea adulta, para hacerle sentir su presencia arrancada de este mundo como el soplo de una vela.

Cuando Elisa murió a los 40 en 2017, su historia y su acto final hacia su hija recorren la web; hoy ha encontrado una nueva forma de ser recordada por todos nosotros a través del cine 18 regalos, la primera obra de Francesco Amato - distribuida por Lucky Red - cuyo guión también contó con la presencia de Alessio Vincezotto (Edoardo Leo) y esto nos hizo amar aún más la historia de esta familia porque no podíamos dejar de pensar en a todo el dolor de su marido, al peso que lleva sobre sus hombros, al sentido de responsabilidad que se hace aún más oneroso hacia los que ya no están y hacia los que se han quedado y se preguntarán todos los días. "¿por qué yo?".

Manteniendo la fe en la promesa hecha a su difunta esposa (Vittoria Puccini), cada año el padre le da a Anna (Benedetta Porcaroli) el regalo que le dejó su madre. En la narrativa fílmica llegamos a su cumpleaños número 18, el día de su último regalo pero Anna -que en realidad tiene todavía tres años- es una niña rebelde, tímida y enojada con el mundo, incluido su padre.

Huye de la fiesta organizada en su honor y, sobre todo, de ese último paquete que exacerba aún más su dolor hacia la perenne sensación de vacío y la falta de una vida normal y se encuentra vagando de noche en medio de una calle. hasta que es atropellada por un coche. Su despertar, sin embargo, es diferente a todos los demás porque se encuentra cara a cara con Elisa por primera vez.

Un regalo inesperado mucho más sorprendente que ese último paquete aún no desenvuelto que les dará a ambos la oportunidad de conocerse y tocarse en el alma. Sobre todo, le dará a la joven Anna, el único personaje completamente construido desde cero para quien todo esto fue creado, la oportunidad de finalmente para llorar, dar forma humana a una presencia siempre constante ya veces voluminosa y, sobre todo, ser libre de expresar toda su ira hacia un destino que nadie querría jamás.

UNA viaje catártico, enganchando, moviendo donde la separación con aquellos que corren el riesgo de convertirse en fantasmas es imprescindible para seguir adelante, incluso si esa sombra nos ha traído al mundo y en este encuentro onírico no hace más que recordarnos que es la vida y el tiempo es los mejores regalos para guardar. Junto a los que amamos y nuestros recuerdos pero siempre avanzando.

Deseamos a la pequeña Anna un mundo de bien y hoy, como entonces, nos reunimos en torno a Alessio y le agradecemos el gran coraje y la fuerza que ha demostrado también en esta espléndida historia. Un último pensamiento es para Elisa y el infierno por el que tuvo que pasar y pudo transformarse en una sonrisa. Siempre.

Artículo original publicado el 3 de enero de 2020

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