La rutina de quienes padecen depresión y ansiedad

La rutina de quienes padecen depresión y ansiedad

Thablar con alguien, ir a una entrevista de trabajo, hacer un examen, salir en una cita, cenar en un lugar diferente, subir a un ascensor lleno de gente, socializar… Todo parece un lugar común, ¿no? Bien sabemos que para algunas personas con ansiedad y depresión, pasar por situaciones cotidianas puede ser extremadamente difícil.

Los trastornos de ansiedad y depresión, de los que antes se hablaba poco y se conocían, son dos ejemplos de enfermedades emocionales que más afectan a las personas en la actualidad. Con un mayor ritmo de trabajo, estrés, exigencias y expectativas de la sociedad, cada vez son más las personas diagnosticadas con estos males. Sin embargo, a pesar de ser atendidos constantemente y con información más extendida, las personas con ansiedad y depresión aún sufren de juicios y comentarios inadecuados y prejuiciosos.


Mujer joven que sufre de depresión / ansiedad severa (imagen en tonos de color; se utiliza la técnica de doble exposición para transmitir el estado de ánimo de malestar, progresión de la ansiedad / depresión)

La depresión es una enfermedad física y psicológica que tiene una fuerte conexión con el desequilibrio de los neurotransmisores. Además de la tristeza, que es el síntoma más extendido, la depresión también puede provocar fatiga y cansancio extremo, baja autoestima, trastornos del sueño, dolores de cabeza, cambios en el apetito y peso, tensión y baja inmunidad.

La ansiedad, por otro lado, es un estado emocional al que todos estamos sujetos, pero le corresponde a un profesional evaluar si el nivel de intensidad ya revela una enfermedad psíquica. Cuando la ansiedad se convierte en un trastorno y se acompaña de alguna fobia, síndrome de pánico, aislamiento social y cambio de rutina, es hora de alertar.

Ambas son enfermedades cíclicas, pueden durar largos periodos o solo momentos esporádicos, hecho que hace que muchos juzguen los síntomas como frescor o mal humor.

En ambos casos, las personas con estas enfermedades necesitan medicación y asesoramiento psicológico, para reunir las fuerzas necesarias y afrontar los trastornos. Pero además, también necesitan el apoyo y la comprensión de sus allegados.

Si conoce a alguien con estos trastornos, intente averiguar más sobre la enfermedad y haga lo que pueda para ayudar. Nunca juzgues ni menosprecies lo que siente la persona, porque la máxima de que todo el mundo sabe sobre el dolor que tiene es muy cierta en este caso.

Descúbrelo, sé comprensivo y ofrece ayuda. Orientar la búsqueda de asistencia médica. Respeta el espacio y prepárate para entender que una aparente tristeza o desmotivación puede ser un cambio psíquico que te impida reaccionar en el momento. Es una lucha constante y diaria, que puede ser mucho más suave con un amigo comprensivo cerca.


Texto escrito por Roberta Lopes del Equipo Eu Sem Fronteiras.

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