La cultura de la violación nos pertenece a todos y debemos darnos cuenta

La cultura de la violación nos pertenece a todos y debemos darnos cuenta

La expresion "Cultura de la violaciónPodría llevarnos a pensar que es una mentalidad criminal, propia de hombres depravados y violentos, capaz de realizar gestos inhumanos. Sin embargo, lamentablemente, la realidad a la que se refiere este concepto nos concierne a todos, siendo ante todo hija de uno. Sociedad patriarcal y basado en el machismo, que perdona poco a las mujeres y muchas veces las considera culpables, poco después de decretarlas como víctimas.

Concretamente, allude a un sistema sociocultural, bien arraigada en la realidad actual, que avala, justifica, casi hasta el punto de avivar la violencia contra las mujeres por parte de los hombres. Este tipo de cultura no se expresa solo con el acto extremo de violaci√≥n, sino que se perpet√ļa en varios niveles y de diferentes formas, mediante el uso de un lenguaje mis√≥gino y ofensiva para las mujeres, la objetivaci√≥n del cuerpo femenino y la legitimaci√≥n de la violencia sexual, muchas veces relegada a una simple expresi√≥n del deseo masculino.

Pero los datos hechos p√ļblicos por Istat y actualizados a 2018, cu√©ntanos uno tr√°gica realidad, lo que nos obliga a hacer una reflexi√≥n necesaria: el 31,5% de las mujeres entre 16 y 70 a√Īos se ha sometido a alguna forma de violencia f√≠sica o sexual en el curso de la vida; de estos, el 20,2% fueron v√≠ctimas de violencia f√≠sica, el 21% de violencia sexual y el 5,4% de violaci√≥n o intento de violaci√≥n.

Pero los datos son incompletos, porque muchas mujeres deciden no denunciar abuso por miedo o verg√ľenza, y debido a una legislaci√≥n que hasta la fecha no protege a las mujeres y su seguridad. Pero veamos en detalle c√≥mo naci√≥ esta cultura, porque a√ļn hoy est√° tan profundamente arraigada en nuestra sociedad y en los episodios de la historia reciente que hemos vivido a pesar de nosotros mismos.

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    Los orígenes de la cultura de la violación

    El término cultura de la violación, o cultura de la violación, se ha adoptado en los estudios de género de la literatura feminista y posmoderna desde la década de 1970 para aludir a una situación en la que la violación y otras formas de violencia sexual se consideran normal, justificado, o incluso alentar, de los medios y la cultura popular, y donde están las víctimas culpa de sus propias agresiones.

    El t√©rmino apareci√≥ por primera vez en sabio de 1974 titulado Violaci√≥n: el primer libro de consulta para mujeres, publicado por el Colectivo de Feministas Radicales de Nueva York, y luego elaborado en documental Cultura de violaci√≥n en 1975 en la que la directora Margaret Lazarus describe c√≥mo la violaci√≥n siempre se ha representado con normalidad en el cine, la m√ļsica y otras formas de entretenimiento.

    Seg√ļn otra corriente de pensamiento, apoyada por Patricia Donat y John D'Emilio en su art√≠culo de 1992 que apareci√≥ en el Revista de problemas sociales, el t√©rmino se habr√≠a originado en el libro de 1975 Contra nuestra voluntad: hombres, mujeres y violaci√≥n del escritor y activista Susan Brownmiller .

    Este √ļltimo, en su escrito, identifica por primera vez la violaci√≥n como acto de poder, que tuvo la consecuencia de controlar y condicionar la conducta femenina. Seg√ļn Brownmille, la violaci√≥n era fundamental para seguir practicando la dominio patriarcal hacia las mujeres. En este sentido, el escritor enmarca la violencia sexual como un problema politico social y social, as√≠ como un acto deliberado y planificado para humillar y degradar a la v√≠ctima.

    Cultura de violación y poder

    Como se mencionó anteriormente, el término cultura de la violación se refiere a varias formas de violencia, incluso si no es estrictamente física, incluidos los chistes sexistas, la culpa a la víctima o culpar a la víctima y el fenómeno de vergonzoso, ese proceso por el cual las mujeres son agredidas y declaradas culpables de no respetar los códigos de conducta sexual que la sociedad ha establecido para ellas.

    El cuerpo de la mujer todavía sigue siendo considerado de propiedad del hombre, subordinado a él y dependiente de él. Por tanto, siguiendo la línea de pensamiento esbozada por Brownmiller, la violación sería la representación más primitiva deopresión de hombre sobre mujer.

    Desde este punto de vista, la violaci√≥n no se refiere al deseo sexual o al desempe√Īo de una funci√≥n fisiol√≥gica, aunque igualmente aberrante, sino que representar√≠a la expresi√≥n de un acto de poder y control, para perpetuar la subordinaci√≥n de mujer a hombre y consagrar el dominio de este √ļltimo.

    Patriarcado y cultura de la violación

    La concepción política que ve la violación como un acto de poder está directamente relacionada con mentalidad patriarcal que durante siglos ha gobernado nuestra sociedad, a todos los efectos construida a medida y para beneficio de los hombres.

    Esta misma mentalidad matricial machista decidi√≥ e impuso un papel preciso a la mujer, que la ve principalmente como una figura pasiva, dedicada al cuidado de la casa, de los ni√Īos y dependiente del hombre. Es f√°cil comprender c√≥mo estas premisas producen la din√°mica, lamentablemente conocida por nosotros, de la culpar de mujeres y de legitimaci√≥n violencia, vista no como lo que es, sino casi reducida a un derecho masculino de expresi√≥n de dominaci√≥n.

    Lo explica bien en una entrevista con nosotros. Benedetta Lo Zito, activista feminista, sobreviviente de violación y autora del proyecto Suns, quien, a través de su perfil de Instagram, trata de generar conciencia y sensibilización sobre el tema de la cultura del nabo.

    Es la percepción de la violación que tiene la sociedad: el hombre es un depredador, no podía controlarse, mientras que la mujer debe protegerse o es responsable de ello. O incluso la sociedad condena la violación, pero los artículos de los principales periódicos suavizan la culpa del violador y centran la atención en los comportamientos de las mujeres considerados incorrectos. El violador está justificado y este tipo de narrativa hace que los hombres sientan pena por lo que hacen.

    Un problema que la joven activista, una de las más autorizadas en el tema, atribuye a la sociedad patriarcal de la que todavía hoy son las mujeres. víctimas:

    En mi opini√≥n, el problema siempre radica en el tipo de sociedad en la que vivimos. Si la esposa / pareja se convierte en objeto de propiedad y el sexo se considera un derecho humano fundamental, es f√°cil pensar que el consentimiento se da de una vez por todas. El problema es que no existe un deber matrimonial para nadie. Los hombres no son bestias con pene en lugar de cerebro y pueden controlar tranquilamente sus instintos, las mujeres pueden tener exactamente el mismo tipo de instintos, no ser √°ngeles del coraz√≥n que satisfacen pasivamente una necesidad masculina y, en consecuencia, pueden decidir libremente si desea o no tener relaciones sexuales con una o m√°s parejas. Todo comienza con roles de g√©nero enga√Īosos que se nos vienen a la cabeza con fuerza desde temprana edad, todo se lucha a trav√©s de la igualdad de g√©nero.

    La cultura de la violación hoy

    Hoy en día, la cultura de la violación se manifiesta en muchos aspectos y en todos los ámbitos de la sociedad, en primer lugar en idioma. Lo vemos en comentarios sexistas dirigido a mujeres víctimas de violencia, consideradas en parte responsables del incidente por actitudes inapropiadas y conductas inmorales. Lo vemos en el libertad condicional elegidos por periodistas que, para narrar la crónica de una violencia contra una mujer, suelen ofrecer descuentos al culpable centrándose en la culpa y responsabilidad de la víctima. Lo vemos, lamentablemente, en muchos casos de noticias y en las reacciones que han suscitado.

    Por ejemplo, fue obvio durante el brote de caso Weinstein, y el consiguiente nacimiento de la Movimiento #MeToo, cómo la gente cuestionó la veracidad de las denuncias, llegando a preguntarse por qué las víctimas tardaron tanto en denunciar y argumentar que las denuncias eran más la expresión de un mirador personal, el chantaje o la necesidad de hacer publicidad.

    Y el fen√≥meno de la culpabilizaci√≥n de la v√≠ctima est√° tambi√©n en el origen de algunas noticias del tr√°gico ep√≠logo, como las de Tiziana Cantone o Michela Deriu, ambos suicidios por haber sido v√≠ctimas de venganza porno, otro monstruo generado por la cultura de la violaci√≥n. Consiste en la publicaci√≥n Online de videos e im√°genes privados duros sin el consentimiento de una persona, generalmente un hombre, para vengarse del ex. compa√Īero. En muchos casos, como los dos tr√°gicos mencionados anteriormente, el episodio, adem√°s de la difusi√≥n de los contenidos, va seguido de una campa√Īa de culpabilizaci√≥n de las v√≠ctimas, muchas veces imposible de soportar.

    Un caso reciente en las noticias es la violencia sexual realizada por la emprendedora Alberto Genovese contra una joven, durante una fiesta organizada por el hombre en un apartamento en el centro de Mil√°n.

    Como la página de Instagram de Posible, el partido político italiano, fundado en 2015 por Giuseppe Civati, la prensa en esta ocasión "dio" una representación indigna de la historia, centrando más la atención en la figura profesional del emprendedor y en su brillante trayectoria, contribuyendo así a humanizar y justificar implícitamente al verdugo, o sobre el comportamiento de la víctima, pintado, aunque sea sutilmente o con el uso de imágenes como la que se muestra a continuación, como incorrectas, inapropiadas e impropias.

    Otro y m√°s reciente episodio del porno vengativo, hijo de la cultura de la violaci√≥n que impregna la sociedad, fue el caso de la profesora de Tur√≠n, cuya expareja ha difundido algunos videos √≠ntimos en el chat de f√ļtbol, ‚Äč‚Äčy eso llev√≥ a episodios de puta avergonzada contra la v√≠ctima, quien pag√≥ las consecuencias tambi√©n a nivel social con el despido.

    Habla de ello en detalle y con un punto de vista interesante tambi√©n desde su perfil de Instagram. Carlotta Vagnoli, columnista de sexo y activista por los derechos de las mujeres que, a trav√©s de su trabajo y sus canales sociales, busca concienciar sobre temas similares, a√ļn poco conocidos.

    Y va especialmente a influencia y activistas "sociales" el m√©rito de haber contribuido a hablar p√ļblicamente sobre estos temas y a hacer cultura, sembrando semillas para una conciencia que esperamos sea m√°s s√≥lida y presente. Entre estos no podemos dejar de mencionar Chiara Ferragni quien, en las √ļltimas semanas, realiz√≥ un video en el que habl√≥ en profundidad a sus millones de seguidores sobre los fen√≥menos del porno vengativo y culpabilizaci√≥n de v√≠ctimas, hecho que tuvo un impacto. Cobertura medi√°tica muy importante.

    Incluso el gesto de Claudio Marchisio, que siempre se ha comprometido a casarse con causas nobles y a exponerse p√ļblicamente en apoyo de ellas, ha hecho mucho en t√©rminos de concienciaci√≥n a nivel mundial. El exfutbolista, desde su perfil de Instagram, ha decidido dar su opini√≥n, comentando claramente la historia del joven maestro de Tur√≠n.

    Pero adem√°s, el gesto de un hombre, adem√°s p√ļblico, que se expone a estos temas es mucho m√°s que un simple gesto y permite romper esa actitud conspirativa catalogada bajo el nombre de No todos los hombres. Esta expresi√≥n - literalmente "no todos los hombres" - se refiere a la tendencia de muchos hombres a enfrentar tales eventos. distanciarse, aludiendo a que no todos los hombres, de hecho, son violadores o cometen actos violentos o actitudes para ser condenados.

    Es precisamente cuando todo hombre se sienta involucrado y responsable en este discurso, y luchar√° todos los d√≠as incluso con las actitudes m√°s peque√Īas, cuando realmente podamos comenzar a cambiar la mentalidad sexista y la sociedad en la que vivimos hoy.

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