La crucifixión de María y la vergüenza italiana del manicomio

La crucifixión de María y la vergüenza italiana del manicomio

13 de mayo de 1978 la ley 180, definió Basaglia, en el tema de "Controles y tratamientos de salud voluntarios y obligatorios", después de la ley anterior que data del 14 de febrero de 1904, se ocupó concretamente del estado de los asilos italianos y de los pacientes detenidos en ellos, sentando las bases, luego continuó siguiendo el establecimiento del Servicio Nacional de Salud, para el cierre completo de las instituciones psiquiátricas y el traslado de sus huéspedes a los servicios públicos de salud mental neonatal. Solo en 1978, en toda la península, en el 55% de las provincias italianas había un hospital psiquiátrico público, y después de esa reforma nuestro país fue el primero - y hasta ahora el único - en abolir los hospitales psiquiátricos.

Son muchas las historias, testimonios y vivencias contadas por quienes, de diferentes formas, vivieron el entorno del asilo, ya sea que trabajaran allí como enfermero o asistente o lo vivieron desde la peor parte, que es la del paciente.

Los tratamientos a los que las personas obligadas a ser inmovilizadas en una institución psiquiátrica fueron a menudo sometidas al límite de la tortura y humanamente aceptables, los métodos utilizados para tratar a los pacientes, en lugar de estar orientados a su recuperación efectiva con el objetivo de una posible reintegración en la sociedad, a menudo contribuía a agravar aún más un sentimiento de inestabilidad psicológica, y en general las "historias del asilo", así como las imágenes que nos llegaban en el tiempo de la vida dentro de él, describen una realidad muy diferente a un entorno donde uno realmente se sentía la voluntad de ser tratado y reeducado a la sociedad.

Pero al horror de esos detalles de la vida que nos han llegado, se suma otro que es aún peor, y que concierne los niños; ni siquiera los más jóvenes, de hecho, eran inmunes a la feroz marca de esa Inquisición moderna que consideraba la vivacidad excesiva o el "lloriqueo" razones suficientes para convertirse en "huéspedes" de instituciones psiquiátricas. Tales fueron, de hecho, las razones por las que muchos menores terminaron en los pabellones de manicomios especialmente preparados para ellos; muchas veces porque son hiperactivos, quejumbrosos, con graves discapacidades psicofísicas, ciegos o simplemente porque son pobres e hijos de madres solteras.

Villa Azul, en Grugliasco, en las afueras de Turín, se dio a conocer tristemente después de la impactante investigación L'Espresso publicado, el 26 de julio de 1970, gracias al fotógrafo Mauro Vallinotto, que se había adentrado con valentía en el instituto tomando unas fotografías que luego pasaron a la historia, precisamente porque fueron capaces de mostrar toda la violencia y el horror al que fueron sometidos los pequeños pacientes del hospital psiquiátrico.

Un verdadero vertedero social así Villa Azzurra fue definida por el periodista Alberto Gaino, en el video documental filmado por República, visible en su totalidad en este enlace, que traza la historia del instituto psiquiátrico del menor cerrado solo después de la aprobación de la ley 180, recogiendo también el testimonio de algunos de sus antiguos pacientes.

Ven Espartaco, por ejemplo, ahora con casi sesenta años, que cuenta sus innumerables intentos de fuga, de las enfermeras que continuamente lo llevaban a la cama, de las veces que estuvo atado e incluso de cómo, como castigo a los niños caprichosos, el personal de Villa Azzurra "los estrangulé con la sábana".

Como hemos dicho, es solo uno de los muchos niños que han pasado por el pabellón de Villa Azzurra. Como el hay Rita, quien en La Stampa relató su experiencia, infancia y juventud que pasó en hospitales psiquiátricos a instancias de su madre, “Porque me estaba orinando sobre mí mismo”. Y luego de nuevo a Ignatius, un chico de solo 18 años que nunca salió vivo de ese lugar, porque los niños no siempre sobrevivían dentro de los asilos.

Sobre todo está ella, esa niña que tanto impresionó a Vallinotto hasta el punto de querer ponerla en la página central de ese artículo de Espresso, firmado por Gabriele Invernizzi, quien luego sacó a la luz la horrenda verdad de Villa Azzurra: desnuda, con su sexo a la vista, atada de pies y manos a su cama como en una crucifixión moderna, mirando directamente a la lente pero vacía, sin brillo.

En los años de Villa Azzurra muchos han escrito, de Simona Vinci, con quien salió La primera verdad en 2016, pasando por Lo que esconde el agua de Alessandro Perissinotto, hasta El asilo de niños. Historias de institucionalización, escrito por Alberto Gaino.

Porque claro que la foto de María -este habría sido su nombre, dijo Vallinotto, quien investigó sobre ella y los otros niños de Villa Azzurra- conmocionó a todo un país, mostrando la brutalidad de un mundo que hasta entonces había permanecido oculto. . Giorgio Coda, posteriormente llamado "médico electricista" por el uso frecuente de electroshock en pacientes, fue juzgado en el período 1970-1974 por malos tratos y condenado a cinco años de prisión, al pago de costas judiciales y a la prohibición de ejercer la profesión médica durante cinco años. El infierno de Villa Azzurra cesó tras la entrada en vigor de la ley 180 y gracias también al trabajo de Vallinotto, pero para sus pequeños pacientes era imposible de olvidar, aunque haya asociaciones y proyectos, como Iesa, que tienen como objetivo reintegrar a la familia a los antiguos huéspedes de Villa Azzurra, quienes reciben una devolución mensual de 1000 euros por ello, según el documental de República en las palabras de Laura lesa, quien es el coordinador del proyecto Iesa.

Di María, en cambio, asumiendo siempre que ese era realmente su nombre, apenas se conoce, como escribe Michele Smargiassi en un artículo de la República, quien rápidamente fue trasladada a otros institutos donde permaneció hasta que murió de una regurgitación, solo 14 años.

Hoy el horror de Villa Azzurra, pero no solo, también se ha convertido en uno Exhibición de fotos, alojado en el Castello degli Orsini di Rivalta, Turín, en mayo de 2018: "METROhechos. De la marginación a la integración 40 años después de la Ley Basaglia", 84 imágenes en blanco y negro que relatan el dolor de aquellos días, el horror que se respiraba no solo en el manicomio de niños, sino también en el colegio principal de Collegno - al que estaba vinculada Villa Azzurra - y Via Giulio.

Intentamos resumir todo el horror que se desprende de esas imágenes en nuestra galería, donde también recogimos los testimonios de quienes, en Villa Azzurra, se vieron obligados a quedarse.

La crucifixión de María y la vergüenza italiana del asilo de niños

Fuente: La Stampa

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