Josephine Hopper, la mujer que sacrificó su vida y su carrera al genio de Edward Hopper

Josephine Hopper, la mujer que sacrificó su vida y su carrera al genio de Edward Hopper

Melancólico, evocador y muy cinematográfico, los cuadros de Edward Hopper representan uno de los mejores testimonios artísticos del siglo XX. Tímido y taciturno, el pintor se mostró reacio a compartir detalles personales, especialmente sobre su esposa. Gracias al libro de Gail Levin titulado Edward Hopper. Biografía íntima, que relata extractos de los diarios de la esposa del artista, hoy sabemos que el amor le costó muy caro Josephine Hopper. Aceptar casarse con él en 1924 le hizo perder todas las amistades y la obligó a abandonar su carrera. Como ella misma admitió, perdió su identidad, sacrificándose por el éxito de su marido.

Josephine Verstille Nivison naci√≥ en Manhattan en 1883. Su madre era un esp√≠ritu libre, lo que le permiti√≥ hacer lo que quisiera, mientras que su padre era un m√ļsico talentoso (pero desafortunado). Vivi√≥ una infancia viva y ca√≥tica, estudiando para ser maestra. Sin embargo, despu√©s de graduarse, decidi√≥ inscribirse en la Escuela de Arte de Nueva York, decidida a convertirse en pintora. Sigui√≥ sus cursos, viaj√≥ a Europa y empez√≥ a frecuentar la comunidad art√≠stica de la Villa.

En 1914 expuso sus cuadros por primera vez en una exposici√≥n colectiva, junto a artistas como Man Ray, William Zorach, Stuart Davis y Charles Demuth. Su popularidad comenz√≥ a crecer, tanto que en 1922 sus pinturas se exhibieron en la Nueva Galer√≠a junto a las de Modigliani, Picasso y Magritte. Justo cuando se preparaba para el √©xito, en el verano de 1923 conoci√≥ a Edward Hopper. Ella ten√≠a 40 a√Īos y √©l 41.

Los dos se hicieron grandes amigos y empezaron a trabajar codo con codo. En ese momento Edward Hopper ya era relativamente famoso por sus ilustraciones, pero por consejo de Josephine comenz√≥ a dedicarse a las acuarelas. El oto√Īo siguiente fue invitada a participar en la exposici√≥n organizada por la Museo de Brooklyn y sugiri√≥ que los organizadores tambi√©n invitaran a Edward. El museo decidi√≥ comprar una obra del pintor: no hab√≠a vendido nada durante diez a√Īos y solo en ese momento Hopper sinti√≥ que pod√≠a considerarse un verdadero artista. Con una nueva vida por delante, Edward y Josephine Hopper decidieron casarse en Gloucester, Massachusetts, el verano siguiente, en 1924.

Los conflictos entre los dos c√≥nyuges comenzaron de inmediato. "Edward nunca quiere hablar de nada", escribi√≥ Josephine Hopper en su diario, contado por Levin. ‚ÄúIntento inventar algo para hacer nuestra vida m√°s feliz, m√°s rica. No es que necesite salir, pero me gusta mirar a la gente o discutir cosas, pero √©l es como un trapo sin conciencia del paso de las horas, los d√≠as, las semanas, la vida ‚ÄĚ.

Jo, como la llamaba su esposo, amaba las multitudes y la ciudad, mientras que Edward solo quería naturaleza y soledad. Ella, tan emancipada y libre, pronto tuvo que despedirse de su carrera artística para convertirse en la musa del pintor y en su principal partidaria. Toda su vida lamentó haber abandonado su paleta y colores.

Despu√©s de posar durante mucho tiempo para un retrato, Jo escribi√≥ en su diario que fue ‚Äúuna experiencia triste. (‚Ķ) Me hace parecer una criatura pesada y colgante, como si hubiera estado bebiendo. (‚Ķ) Incluso Edward piensa que no me parezco a m√≠ en absoluto, pero no puede pintarme como soy, no tiene la habilidad ‚ÄĚ.

No tuvieron hijos, porque "Hubiera sido horrible si hubi√©ramos tenido alguno", luego Josephine Hopper dedic√≥ su atenci√≥n a su gato, as√≠ como a su esposo. Hopper, sin embargo, tambi√©n estaba celoso de los animales, tanto que la oblig√≥ a mantener al gato Arthur en un estudio separado. No fue un matrimonio f√°cil, aunque dur√≥ hasta la muerte del pintor en 1968. "Nos merecemos la croix de guerre, una medalla por habernos distinguido en la batalla"Jo le hab√≠a escrito en una nota, despu√©s de veinticinco a√Īos de matrimonio.

Josephine Hopper, la mujer que sacrificó su vida y su carrera al genio de Edward Hopper

Fuente: Fuente: Whitney Museum, Nueva York y Louise Dahl

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más Información