Isabelle Caro y la anorexia: "no quería crecer para complacer a mi mamá"

Isabelle Caro y la anorexia: "no quería crecer para complacer a mi mamá"

Todos hemos visto su foto al menos una vez en nuestra vida; porque su cuerpo esbelto, esquelético, los brazos y piernas que daban la idea de poder romperse y la mirada casi asustada gritaban con todo el poder de que la imagen visual es capaz de un gran, gigantesco no contra la anorexia.

Isabelle Caro Aceptó posar frente al lente de Oliviero Toscani, quien sabe de campañas de choque, para la marca Nolita, para enviar un mensaje fuerte y claro que ayude a las niñas que se encontraban en la misma condición que él, para invitarlas a buscar ayuda para para salir de él, para hacerles entender que ese camino solo conduciría a un punto, a la muerte.

Las fotos, sin embargo, tuvieron el efecto contrario, fueron acusadas de empujar a otros adolescentes a emular al modelo esquelético, y la campaña fue bloqueada por el Jurado por publicidad, las imágenes retiradas de vallas publicitarias en toda Italia.

Unos meses más tarde, el 17 de noviembre de 2010, Isabelle murió, con solo 28 años, de neumonía. Su lucha contra un enemigo que lamentablemente no había podido vencer, su historia, se cuentan en La chica que no quiso crecer, un libro que saca a relucir una realidad decididamente más impactante que las fotos de Toscani, un entorno que socavó irremediablemente la psique de la niña, empujándola a no aceptar la idea de su propio cuerpo en evolución y a encerrarse en ese demonio que entonces habría sido fatal. .

Parece uno de esos cuentos de hadas negros donde hay un padre desaparecido, una madre madrastra que depende totalmente de su hija y no quiere verla crecer nunca.

Existe una relación de dependencia obsesiva que une a Isabelle con su madre; la mujer, a quien Isabelle puso un nombre de fantasía en el libro, sufre de ese egoísmo demente enmascarado por el deseo de proteger constantemente a su hija de la vida, de mantenerla bajo una campana de cristal, de esconderla incluso del paso de los años.

Para obstaculizar su crecimiento físico y mental, le compra zapatos de dos tallas más pequeñas y la obliga a permanecer en casa todo el tiempo, sin siquiera permitirle mirar por la ventana o salir al jardín. E Isabelle acepta, aniquilándose en cuerpo y espíritu para satisfacer a una madre demasiado exigente, una madre que se había aferrado a su hija de forma morbosa, tras la separación de su marido.

Isabelle permanece encerrada en la casa durante toda su infancia, sin ir al colegio, sin conocer un amigo con quien jugar. Siente que tiene una tarea, una misión, que es esa "niña superdotada" que la madre necesita; es un término, el de "niño superdotado", acuñado por Alice Miller para indicar ese niño que se adapta a las demandas y necesidades de sus padres, que se traiciona a sí mismo para hacer felices a mamá y papá y para sobrevivir a la desesperación de su desaprobación y de su desamor.

Isabelle vivía con miedo de lastimar a su madre, separarse de ella y ser una persona independiente por miedo a sufrir o, peor aún, a enfadarse.

De ahí a la enfermedad el paso es corto, demasiado: está convencida de que se merece este tratamiento porque tiene algo que lastima a su madre, obsesionada con la delgadez y opuesta a los kilos de más.

Un día encuentra el coraje para preguntarle a su madre si debería perder peso en sus ojos, y ella responde naturalmente que en realidad debería quitarse unos kilos de más; así que decide ponerse a dieta, pero eso significa para ella para de comer.

Desde los once años su peso no ha superado los 40 kg, de hecho siempre ha disminuido, hasta casi los 25 kg.

Al crecer -porque, quiera o no, tiene que hacerlo- Isabelle intentará cortar el cordón con su madre, que la está esperando fuera de la puerta de la casa donde fue a vivir sola, o en el coche, solo para poder verla. contra su voluntad; va a una escuela de actuación, por fin tiene amigos, incluso conoce los excesos trabajando como animadora en una discoteca. Cualquier cosa que la haga olvidar que ella es Isabelle, la niña que se suponía que no debía crecer, está bien para ella.

Pero la enfermedad no deja de acompañarla, y ella sabe que está enferma, y ​​que es una persona con poca voluntad, incapaz de cambiar por completo esa situación. Siempre ha vivido una vida de opresión y apariencia, con una madre y un padre que siempre han fingido que era una niña normal, igual a sus compañeros. Cuando se entera de la campaña de anorexia, decide postularse para ayudar a otros a conocer esta enfermedad de la que es tan difícil salir.

Entonces decide escribir el libro, una especie de diario para que otras personas comprendan lo que realmente significa sufrir anorexia. Que a menudo detrás de un trastorno alimentario no hay una vanidad exasperada o el intento de perseguir estándares estéticos irreales, sino el deseo de ser apreciado o complacer a una madre, por ejemplo. A pesar de todo, sin embargo, Isabelle nunca ha culpado completamente a la madre asfixiante, sino también a sí misma, por su excesiva sumisión, por la incapacidad de rebelarse.

Isabelle pasó los últimos años de su corta vida en hospitales y clínicas especializadas, hasta el último, el de Bichat, donde había sido internada por deshidratación severa. Una semana después de su muerte, su madre se quitó la vida, corroída por la culpa.

El sentimiento de culpa, el remordimiento, la incapacidad de liberarse de los lazos de una familia que quería imponerse demasiado, incluso no crecer. Hay tantos sentimientos diferentes, emociones conflictivas y difíciles de entender para quienes no han vivido su vida, en la historia de Isabelle Caro. Trató de no crecer, de no crecer. Y, después de todo, lamentablemente, tuvo éxito.

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Isabelle Caro y la anorexia: "No quería crecer para complacer a mi mamá"

Fuente: web

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