Incluso si depende de Elsa justificarse y elegir si ser "mujer" o "heroína"

Incluso si depende de Elsa justificarse y elegir si ser "mujer" o "heroína"

Pues sí, lo admito: aunque no soy un gran fanático de las historias de Disney, hay personajes que han entrado en mi corazón y están apostados allí de una manera bastante estable y viva. Uno de ellos es Elsa, la princesa de hielo que conocimos hace exactamente seis años en Congelado el reino de hielo.

Cómo olvidar el texto de Déjalo ir, la maravillosa canción de liberación cantada por Elsa que sella la plena autoconciencia y aceptación? Un verdadero manifiesto ideológico, pero también muy concreto, a partir del cual no se puede luchar contra la propia naturaleza: la mejor forma de domesticarla es mimarla y vivir en armonía con uno mismo y con lo que nos rodea.

Es más: lo que emerge es un camino de plena conciencia del potencial que se vuelve liberador - el pasaje en el que se desata el cabello y el canto se vuelve más intenso es hermoso - y un verdadero acto de poder hacia todo y todas; como para afirmar que quienes son considerados "diferentes" porque tienen aspiraciones que no coinciden con la moral común o costumbres tradicionales, tiene derecho a ocupar su lugar en el mundo y merece respeto por sus decisiones.

Como para decir (y hacer) que, habiendo encontrado un equilibrio y un centro de gravedad permanente, realmente el mundo está en nuestras manos.

Un personaje femenino fuerte, introspectivo, decidido y consciente el de Elsa contrasta con la actitud de una soñadora perenne de su hermana Anna, todos tendidos hacia el amor, tanto que ella está más enamorada de la idea misma de este sentimiento que de aquellos que conoce. ; Tanto es así que necesita la guía de su hermana mayor para aprender a valerse por sí misma y permanecer anclada a la realidad. Lo cual tendrá que aprender a hacer como le pasa a cualquier persona que, le guste o no, tiene que crecer y convertirse en adulto.

En definitiva, ya hace seis años el gigante americano nos había presentado dos princesas al margen de los esquemas tradicionales, que se han convertido en mitos y fuente de inspiración para toda una generación de niñas, conquistando al mismo tiempo también el corazón de los adultos.

Los encontramos exactamente el 27 de noviembre de 2019, en las pantallas de los cines italianos con la secuela. Frozen 2 - El secreto de Arendelley una carga muy alta de expectativas. También esta vez la dirección está a cargo de Chris Buck y Jennifer Lee quienes, entre otras cosas, también ocuparon el cargo de directora creativa de Walt Disney Animation Studios.

Si bien apreciamos mucho los esfuerzos realizados para igualar y, en ocasiones, superar la primera película, salimos con demasiadas dudas.

No por los efectos especiales, gráficos o música que siempre son fantásticos y nos sumergen en un sueño continuo - informamos en la versión italiana Hacia lo desconocido por Giuliano Sangiorgi - pero por la exasperación de las diferencias de carácter entre las dos hermanas, ya evidentes en la primera producción y que, en la de hoy, parecen convertirse en estereotipos reales, un poco alejados de la realidad.

Netos de la trama, que como siempre no os mimaremos para no estropear la sorpresa, nos dejó perplejos el paroxismo del sentido de independencia y protección de Elsa, que se convierte en superheroína a expensas de su propia feminidad (y su elección de sigue siendo un carácter "único").

Como si dijera que una mujer que encuentra su propio equilibrio es en cualquier caso incómoda y necesita ser llevada a los extremos de una forma u otra, para "justificar" y legitimar la elección, por ejemplo de no querer marido o pareja con quien compartir. el peso de las responsabilidades.

No creas que Anna ha tenido mejor suerte: a pesar de haber crecido y tocar las desilusiones de la vida, que de niña la llevaron a convertirse en mujer, es como si ya no pudiera distanciarse del todo de esas aspiraciones de la familia Mulino Bianco. visto en el primer episodio, según el cliché más clásico (¡ay!) de los cuentos de hadas. Cómplice de un novio demasiado desfallecido que no parece encarnar el prototipo del hombre maduro. E incluso en este punto vuelve a surgir la duda de que para realzar el carácter de un género y haz que emerja siempre sientes la necesidad de debilitar y difuminar el otro; como si jugar en pie de igualdad no estuviera permitido.

En resumen, aparentemente la realización del poder femenino que nos gusta interpretar de manera más simple con un "vive y deja vivir", necesariamente debe pasar por elecciones extremas para ser aceptadas: ya sean superheroínas o gatos muertos. Sobre la normalidad y un sano "haz lo que quieras", todavía estamos trabajando en ello y tememos que el camino todavía esté cuesta arriba.

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