Histeria y "útero errante": cuando ser mujer era una enfermedad

Histeria y "útero errante": cuando ser mujer era una enfermedad

Durante casi cuatro siglos, cualquier manifestación de ser mujer ha sido escudriñada y escudriñada como si se tratara de una patología a tratar. Frágil, irracional, diabólica, frígida o dominada por la lujuria: así ha sido considerada la mujer durante gran parte de la historia de la humanidad. E incluso hoy persisten algunos prejuicios. Por tanto, no es de extrañar que, hasta la segunda mitad del siglo XX, la locura se considerara un aspecto intrínseco de la feminidad. Específicamente, elhisteria durante siglos constituyó una base pseudocientífica para legitimar la dominación del hombre sobre la mujer, llegando incluso a la formulación de la denominada útero errante, recordado hoy en una reflexión sustancial sobre Literary Hub.

La primera evidencia de esta absurda teoría se remonta a un papiro egipcio que data del siglo XX a. C., que ya hablaba de alteraciones psíquicas y físicas en la mujer como resultado del desplazamiento de su órgano sexual. El primero en hablar de ello en profundidad fue en cambio el padre de la medicina, Hipócrates (460-377 aC). De acuerdo con el "Corpus hippocratum", todas las enfermedades femeninas se deben de hecho a los movimientos del útero dentro del cuerpo. No es sorprendente que el término histeria viene del griego histera, que significa útero.

Según el médico griego Aretus de Capadocia, vivió en el siglo I d.C., el útero fue "Un animal dentro de un animal" y, si se dejaba solo, podía moverse de forma independiente y estrangular a la mujer desde dentro. Por eso propuso que el útero errante se devolviera a su lugar mediante masajes con un aceite perfumado. Esta interpretación se mantuvo hasta la Edad Media, durante la cual las histéricas comenzaron a ser consideradas brujas y sometidas a exorcismos.

La teoría del útero errante solo fue superada en el siglo XVII, cuando las doctrinas de la histeria como fenómeno ginecológico fueron reemplazadas por diversas hipótesis sobre el origen del cerebro y del sistema nervioso. El doctor británico Thomas Sydenham (1624-1689) fue el primero en cuestionar la teoría del útero errante, sugiriendo que el cerebro era la fuente de la histeria.

Fue en el siglo XIX, con los estudios del famoso neuropsiquiatra parisino Jean-Martin Charcot, que la cuestión de la “histeria” fue reconocida definitivamente como un fenómeno psíquico. ¿Finalmente? No exactamente. En la versión típica de Charcot del siglo XIX, la histeria se manifestaba con síntomas muy similares a la epilepsia: parálisis de las extremidades, ceguera momentánea, pérdida del conocimiento y de la capacidad de hablar, que a menudo iba seguida de una fase emocional muy intensa. Fue en ese momento que el sujeto realizó acciones impredecibles, expresando sentimientos muy profundos en un estado casi alucinatorio.

Charcot trabajó durante años en el hospital Salpêtrière, donde había comenzado a trabajar en 1862, ocupándose del departamento de convulsiones. Su investigación intentó clasificar los rasgos con los que se manifestaba la histeria, resaltando comportamientos típicos y fotografiándolos. Los pacientes fueron inmovilizados, para que pudieran mantener poses lo suficientemente largas frente al equipo, y luego sometidos a tratamientos. Pero se trataba de verdadera tortura física y mental. Las mujeres fueron atadas de manos y pies y sometidas a electrochoques, presión de los ovarios, ruidos ensordecedores e hipnosis.

A pesar de la gran contribución de Charcot a la neurología moderna, sus lecciones en la Salpètriere se convirtieron en una especie de espectáculo de circo. Su indiscutible competencia clínica se mezclaba peligrosamente con su carisma y su actitud narcisista. los La histeria de Charcot, como se llamaba a sus pacientes, actuaban en el llamado "arco de círculo", la curiosa posición asumida al final de la crisis en la que la mujer parecía casi ofrecerse al apareamiento. Tales demostraciones se volvieron casi "legendarias" y lo hicieron famoso en todos los círculos médicos europeos.

En el mismo período, sin embargo, también se difundieron tratamientos más "delicados". Para ayudar a los médicos, a veces obligados a practicar masajes vaginales durante horas, el primer vibrador electromecánico se inventó en Francia en 1873. Imposible sin mencionar también una práctica que requería que la mujer fuera sometida a un chorro de agua termal entre las piernas.

Sigmund Freud (1856 - 1939) fue el primero en considerar la histeria no como una patología en el sentido médico del término, sino como el efecto de un trauma. En 1893, en el libro "El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos", Freud definió el proceso fundamental decatarsis, o descarga emocional, que libera el afecto vinculado al recuerdo de un hecho traumático. Además de establecer que la histeria no era solo femenina, explicó cómo el sujeto histérico siempre quiso decir algo más profundo. El histérico, o más generalmente el neurótico, estaba realmente enfermo con el deseo de algo que no podía expresar.

Recién en la década de 1950 el concepto de histeria comenzó a desaparecer de los tratados médicos, tanto que en 1978 algunos académicos decretaron su desaparición. ¿Qué queda de siglos de estudios e injusticias? Probablemente solo el testimonio de cómo siempre hemos tratado de reprimir la sexualidad de la mujer, infligiendo heridas que todavía hoy duelen y que no se pueden olvidar.

Artículo original publicado el 15 de enero de 2018

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