Hermandad de Eleonora Duse: "Todos desconfían de las mujeres, yo voy con ellas"

Hermandad de Eleonora Duse: "Todos desconfían de las mujeres, yo voy con ellas"

Cuando Charlie Chaplin la vio en el escenario en Los √Āngeles, ahora hacia el final de su larga carrera como actriz, no entendi√≥ nada. Eleonora Duse recit√≥ en italiano, pero solo necesit√≥ mirarla a los ojos para comprender que en su mirada "Conten√≠a toda la sabidur√≠a y el dolor de la humanidad".

[…] su voz surgió de las cenizas de una trágica pasión. No entendí una palabra, pero me di cuenta de que estaba en presencia de la mejor actriz que jamás había visto.

Un viejo art√≠culo de la Rep√ļblica lo recuerda: era febrero de 1924 y dos meses despu√©s la Divina, como todos la hab√≠an llamado siempre, morir√≠a de neumon√≠a en Pittsburgh, agotada por una gira americana atormentada. Obligada a volver a escena con m√°s de sesenta a√Īos para recuperarse de los problemas econ√≥micos, estaba d√©bil y cansada, pero su ardor a√ļn no se apagaba.

Lo había tenido todo, belleza, amor, fama, pero no estaba satisfecha con ser una diva como tantas otras de su tiempo. Pudo haber usado su talento como arma contra otras mujeres, en su lugar eligió quedarse del otro lado, como se dice en una carta de 1885, informada por Corriere.

El hecho es que, si bien todos desconfían de las mujeres, ¡me llevo perfectamente con ellas! No miro si mintieron, si traicionaron, si pecaron - o si nacieron perversos - porque siento que lloraron - sufrieron para sentir o traicionar o amar ... Me pongo con ellos y por ellos y los busco, No busco por manía de sufrimiento, sino porque mi lamento femenino es más grande y más detallado, es más dulce y más completo que el lamento que me conceden los hombres.

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    Eleonora Duse: una, cien, mil mujeres diferentes

    Las mujeres de mis obras de teatro han entrado tanto en mi corazón y en mi cabeza que mientras trato de hacerlas entender a quienes me escuchan, son ellas las que han terminado por consolarme.

    Nacida en Vigevano en 1858, Eleonora Duse no pudo hacer otra cosa que vivir y revivir las historias de las grandes novelas y dramas teatrales. Conoci√≥ el centro de atenci√≥n cuando a√ļn era una ni√Īa, subiendo al escenario con sus padres, un par de actores originarios de Chioggia.

    A los cuatro a√Īos asumi√≥ el papel de Cosetta en Miserable, pero fue la interpretaci√≥n de la Teresa Raquin de Emile Zola para que el p√ļblico en general y la cr√≠tica la descubran, con tan solo veinte a√Īos. Convi√©rtete en la estrella del Empresa semi-estable de Tur√≠n, inici√≥ un impresionante camino de crecimiento art√≠stico, dejando atr√°s la tradici√≥n del siglo XIX para abrazar una nueva forma de ser actriz.

    El modelo de mujer que Eleonora Duse quer√≠a describir se parec√≠a al Nora de Casa de mu√Īecas de Ibsen, escapando de la prisi√≥n familiar burguesa. Por eso actu√≥ sin florituras: tanto en el escenario como en la vida, no se maquillaba y se vest√≠a con sencillez. Todo se bas√≥ en la naturalidad, desde su forma de colocar las manos en las caderas hasta las miradas descaradas y directas.

    La maternidad sufriente de Eleonora Duse

    Para conocer m√°s sobre el car√°cter y la sensibilidad de Eleonora Duse, es posible leer la impresionante colecci√≥n de cartas intercambiadas con su √ļnica hija Enriqueta, su Cris√°lida, nacido del matrimonio con el actor Tebaldo Marchetti.

    Un artículo reciente de bonculture recuerda la dificultad de la actriz para recrear la misma relación simbiótica que tenía con su madre. Le garantizó la educación que no había podido tener, enviándola a estudiar en un internado (en Turín, luego en Dresde y finalmente en Inglaterra), y al hacerlo pudo continuar su carrera sin miedo.

    "Mis d√≠as junto a esta criatura son todos de un pasado odioso y muerto que veo con disgusto", le escribi√≥ al intelectual en 1887 Arrigo Boito, al que permaneci√≥ secretamente vinculada durante a√Īos.

    Ahora adulta y casada con un profesor de Cambridge, Enrichetta comenzó a recibir semanalmente cartas de su madre, en las que mostraba un constante tormento por haberla arrebatado y no acunarla en un largo abrazo maternal. A estas alturas vivía la estabilidad que Eleonora Duse nunca tuvo en toda su vida, con un marido que podría darle un presente y un futuro brillante.

    Quizás, por supuesto, sufriste antes de conocerlo, pero si miro dentro de mi corazón el pasado, mi dolor de vivir una vida lejos de las personas que amaba, no fue menos cruel que el tuyo ... es el pasado, no hablemos más de eso.

    El encuentro entre Eleonora y D'Annunzio

    En 1900, en los albores de un nuevo siglo, Gabriele D'Annunzio se lo dio a la prensa Fuego. Incluso antes de que el p√ļblico pudiera leerlo, el tema ya era conocido por todos: la trama se inspir√≥ en su historia de amor en el chat con Eleonora Duse. A una amiga que le hab√≠a pedido que detuviera la publicaci√≥n de la novela, ella le hab√≠a respondido ser√°fica.

    Conozco la novela, he autorizado la prensa porque mi sufrimiento, sea el que sea, no cuenta a la hora de regalar otra obra maestra de la literatura italiana: y adem√°s, tengo cuarenta a√Īos y me encanta.

    Como explica el profesor Lucia Re En un artículo para Johns Hopkins University Press, la relación entre el poeta y lo Divino es un ejemplo clásico de la fascinación que ejercen las actrices modernas sobre los intelectuales decadentes.

    Eleonora Duse representó un nuevo prototipo femenino, como su colega Sarah Bernhardt, y llevaba dentro el fuego de mil ojos de otras mujeres, que complicaban su verdadera existencia como un eterno juego de espejos. Así es como D'Annunzio describió el personaje de Foscarina / Perdita:

    Esa mujer solitaria y n√≥mada ... parec√≠a llevar para √©l en los pliegues de sus ropas recogidas y apagadas el frenes√≠ de las multitudes lejanas de cuya compacta bestialidad hab√≠a levantado el rel√°mpago y el divino estremecimiento del arte con un grito de pasi√≥n o con un estallido de dolor o con un silencio de muerte; un turbio anhelo lo inclinaba hacia esa mujer sabia y desesperada en la que cre√≠a descubrir los vestigios de toda voluptuosidad y de todos los espasmos, hacia ese cuerpo que ya no era joven, ablandado por todas las caricias y a√ļn desconocido para √©l.

    Sus destinos se cruzaron por primera vez en Roma en 1882, cuando era un joven atrevido que huía de los Abruzos y trataba de deshacerse de su provincianismo. Ella lo rechazó con desdén, solo para capitular más tarde, después de una respuesta del Dama de las camelias. La esperó en el pasillo y la saludó con un grito de ¡Oh gran aficionado!: el hilo ahora estaba tenso.

    As√≠ creci√≥ un v√≠nculo cada vez m√°s impetuoso, inquieto, que los uni√≥ durante unos diez a√Īos. Amantes y colaboradores se separaron definitivamente en 1904: aquellos que todav√≠a hoy la definen simplemente como la musa de D'Annunzio deben recordar que fue Eleonora Duse quien contribuy√≥ (tambi√©n econ√≥micamente) a su √©xito literario en Italia y en el extranjero.

    "El que no me merecía está muerto"dijo, ahora un anciano, cuando le trajeron la noticia de su muerte. Eleonora Duse ya lo había perdonado mucho tiempo antes:

    Lo perdono por haberme explotado, arruinado, humillado. Le perdono todo, porque lo he amado.

    Compromiso con otras mujeres

    Las mujeres, interpretadas en el escenario y amadas, son el verdadero leitmotiv de la vida de Eleonora Duse. Abandona el teatro en 1909, se dedicó a un ambicioso proyecto, nacido de su amistad con artistas, escritores e intelectuales de principios del siglo XX.

    En 1914, antes del estallido de la guerra, abri√≥ el suyo en Roma. Casa de Actrices, con una gran biblioteca contigua, un lugar de encuentro donde derram√≥ muchos sue√Īos y ahorros. Fue un acto "De amor y revoluci√≥n", inspirado en otras iniciativas similares en Am√©rica e Inglaterra, que tom√≥ en serio "Dignidad de los artistas", seg√ļn explic√≥ la actriz en una carta a su amiga Olga Ossani Lodi, periodista y feminista.

    La aventura dur√≥ solo un a√Īo, pero la empuj√≥ a seguir de cerca los primeros pasos reales del feminismo italiano, mientras rechazaba el radicalismo de algunas posiciones que juzgaba demasiado agresivas. Mirando hacia atr√°s en sus cartas y su vida, est√° claro que fueron las mujeres quienes hicieron que su viaje humano y art√≠stico fuera a√ļn m√°s √ļnico.

    Nada va sin la mujer. Incluso Dios tuvo que reconocer esto.

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    Hermandad de Eleonora Duse: "Todos desconfían de las mujeres, yo voy con ellas"

    Fuente: Wikimedia

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