Glenn Close en The Wife: ¿Cuántas mujeres le han dado su talento a un marido?

Glenn Close en The Wife: ¿Cuántas mujeres le han dado su talento a un marido?

Existen mujeres que viven a la sombra de un hombre. Que le dan su talento. Quienes de por vida terminan siendo ignorados por el mundo, mientras que tal vez sean la mente detrás de tantos eventos. Habla de esto una película con Glenn Close estrenado recientemente en cines. La película se llama La esposa - Viviendo en las sombras y está dirigida por Björn Runge basada en una novela de Meg Wolitzer. Close interpreta a Joan Castleman, de 60 años, casada con Joe, quien a su vez es interpretado por Jonathan Pryce. En la historia, Joe acaba de ganar el Premio Nobel de Literatura, pero en realidad ella escribió los libros de su esposo.

Es una historia bastante común. En el pasado (pero también en el presente), ha habido mujeres escritoras, con el talento suficiente para estar en libros de literatura, que han elegido una seudónimo masculino o al menos ambiguos para que sus libros pudieran ser vistos por lectores sin prejuicios dominados por los hombres. Uno de estos es Harper Lee , que en realidad se llamaba Nelle Harper Lee, pero dejó caer su primer nombre por el seudónimo. Otros sustantivos masculinos o deliberadamente ambiguos y famosos de plume que en realidad "ocultan" a una mujer son George Eliot (Mary Anne Evans), Ellis Bell (Emily Bronte), JK Rowling (Joanne Rowling).

Emblemático en cambio es el caso, por ejemplo, de Louisa May Alcott, que recurrió al seudónimo de AM Barnard, al igual que su heroína, Jo March de Pequeña mujer, colocó sus primeros cuentos fingiendo ser un niño. Un caso de una mujer en las sombras, como en la película de Glenn Close, es el de Mary Shelley - también conocida como Mary Wollstonecraft Godwin - cuyo apellido fue sacrificado en el altar de la fama de su esposo, el poeta prerrafaelita Percy Bysshe Shelley. Pero fue ella quien quedó en la historia como iniciadora de todo un género, el gótico, con la novela Frankenstein o el Prometeo moderno.

Luego está la historia muy particular de Margaret Keane, un pintor aún vivo que protagonizó una extraña historia contada en la película de Tim Burton Ojos grandes. En la década de 1960, su esposo Walter Keane se ocupó de la venta de algunas de las pinturas de su esposa, haciéndolas pasar por suyas. Al principio estuvo de acuerdo, pero veinte años después trajo al hombre Corte. Para establecer la atribución de las obras, el juez les pidió a ambos que crearan un cuadro en vivo con el inconfundible estilo de los personajes "con ojos grandes". Margaret lo pintó en 53 minutos, se negó citando un dolor en el hombro. No necesitamos decirte quién ganó el caso.

Admito que me inspiré en mi madre - explica Glenn Close sobre su personaje, según lo informado por Repubblica - Mis padres se casaron a los dieciocho años […] Todo lo que vi en la casa fue el amor sublimado de mi madre por mi padre. Su implacable creencia de que no ha hecho nada en la vida. Haber permanecido en las sombras.

Según Close, las mujeres de hoy, también gracias a movimientos como Se acabó el tiempo e MeToo, pueden ser escuchados, pero desafortunadamente no siempre se les cree, al menos leyendo los diversos comentarios en las páginas de fans de los principales periódicos italianos en Facebook sobre las historias sobre los movimientos contra el acoso sexual. Para la actriz, sin embargo, el de su película es un tema muy actual, esa es la historia de una mujer que finge ser un hombre para poder ser valorado por su talento. Pero, ¿es correcto tomar este camino? ¿Y qué siente una mujer para darle talento a un hombre, real o ficticio? Glenn Close da una posible respuesta a la luz de sus propias personaje.

Cuando Joan escucha la convocatoria del Premio Nobel -continúa- en los ojos se lee victoria, orgullo, rabia y melancolía. Todos juntos. ¿A cuántas mujeres se les ha negado una carrera solo por ser mujeres? Joan no es una esposa como las demás. Ella es inventora. Haz un rey para las masas. Y cuando un biógrafo se le acerca y la amenaza con escribir cómo son realmente las cosas, ella responde: No me pintes como una víctima. Soy más interesante que eso.

A veces, la forma en que nosotros mismos perpetuamos ciertos legados se nos escapa, lo descuidamos, no le damos peso a las palabras y peor aún a las acciones. Y en cambio deberíamos. L 'alteridad entre hombre y mujer es algo que existe, pero aún no es lo suficientemente valorado por la sociedad. Es un proceso largo, que primero tiene que empezar por nosotros mismos. Solo así nos convertiremos en protagonistas de ese proceso que se menciona por ejemplo en la película. El primer club de esposas, en el que todas las mujeres de América son las primeras en establecer un régimen solidario. Todos tenemos un talento y hay que valorarlo, independientemente del hombre a nuestro lado. Pero somos nosotros y nuestros compañeros quienes debemos reconocerlo antes que los demás. Si la mitad del cielo lo hace, tarde o temprano vendrá la otra.

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