Gerda Wegener, la mujer que amó al hombre que eligió convertirse en mujer

Gerda Wegener, la mujer que amó al hombre que eligió convertirse en mujer

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elegido por Andrea Engheben

La historia de Gerda está destinada a permanecer en las notas a pie de página. Es el ejemplo clásico de quien debe su fama a otra persona.

Porque, aunque Gerda fuera pintora e ilustradora, el mundo la recuerda solo como esposa de Lili Elbe, la primera mujer reconocida como transexual en la historia y también el primero en operar reasignación sexual, que quizás conozcas por la película (y el libro) La chica danesa.

Esto solo bastaría para elegir a Gerda como una "mujer inspiradora": muchas veces la historia de los grandes nunca hubiera sido posible sin el apoyo de los que quedaron. Paso atrás. Se dice que "Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer" y creo que Gerda es el ejemplo perfecto que puede confirmar y desmentir este viejo dicho, que huele un poco a sexismo.

Gerda Gottlieb nació el 15 de marzo de 1886 en la provincia danesa. Se mudó a Copenhague para estudiar en la Academia de Bellas Artes, se conoce, se enamora y se muda Einar Wegener. Es 1904 y solo tiene 18 años.

Einar es un paisajista famoso por sus pantanos oscuros que sigue y sigue pintando, una metáfora más que perfecta para representar su malestar interior. Esa sensación estancada de que algo anda mal. Que en él hay una puerta bien cerrada, detrás de la cual nadie se ha atrevido a mirar. Nadie, excepto Gerda.

Porque si es casi inimaginable pensar en lo que debió haber sentido Einar al sufrir disforia de género a principios del siglo XX; es aún más complicado entender la reacción de su esposa quien, por muchas dudas que pudiera tener (y ciertamente las tuvo) ella nunca dejó al hombre que amaba. Incluso cuando se convirtió en Lili, una mujer, porque el amor, le guste o no, no tiene sexo.

Por eso creo que Gerda es un modelo de mujer en el que todos (hombres y mujeres) deben inspirarse. Porque tuvo la extraordinaria valentía de hacer lo que todavía hoy asusta a muchos: liberarse de las cadenas con las que la sociedad nos aprisiona en esquemas preestablecidos. Con lo cual se establece que el hombre es cuadrado, que la mujer es redonda y que todas las formas que no encajen en estas estrechas hendiduras deben ser rechazadas, en el montón de "excepciones", sin lugar en el mundo.

Gerda tuvo más coraje que la estrella Lili (a quien ciertamente no le faltaron los "atributos metafóricos" cuando decidió someterse a la arriesgada cirugía para eliminar los anatómicos). A pesar de esto, Lili de alguna manera se vio obligada por su propia naturaleza a encontrar esa fuerza, a ser feliz. Gerda no. Gerda no le debía nada a ese marido que se vestía de mujer, rellenaba nueces para simular senos, se maquillaba y posaba para ella. Nadie la habría culpado si hubiera querido disolver sus lazos matrimoniales, alejarse de esa abominación, de esa persona enferma que incluso se sometió a tratamientos anti-desviación.

En cambio Gerda entendió que en Einar, detrás del encaje, su cuerpo andrógino, la cinta adhesiva con la que se fijaba el pene, su progresivo desinterés sexual por el cuerpo de una mujer, siempre había una persona. Quizás ya no sea el indicado para ser su marido, pero sigue siendo una persona que, como tal, ella merecía ser amada y feliz.

Apoyo, comprensión, paciencia, en una palabra: el amor, que Gerda demostró era tan total que atraviesa los siglos y la hace más moderna que la propia modernidad.

Poco importa si Einar conocerá su muerte en 1931 precisamente tras la enésima intervención de conversión a la que fue sometido, porque pudo saludar esta vida como Lili, como la mujer que era, con la conciencia de haber sufrido mucho, pero también que al lado (y no detrás) de una mujer que le permitió alcanzar este objetivo.

Si bien me entristece que Gerda encuentre su muerte 9 años después, en 1940, poco después de la ocupación nazi del país, una demostración manifiesta de cómo su inmensa empatía amorosa fue una cualidad tan rara que no fue suficiente para guardar al mundo entero.
Lo cierto, sin embargo, es que fue suficiente para guardar a su Lili.

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