Fede Galizia, el pintor que firmó la espada para rebelarse contra un mundo de hombres

Fede Galizia, el pintor que firmó la espada para rebelarse contra un mundo de hombres

Este contenido es parte de la sección "Historias de mujeres".
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Hay un mundo sensual e hipnótico detrás de cada naturaleza muerta de Faith Galicia. En el rojo visceral de las cerezas, en el pálido abandono de los melocotones y en la granada herida se esconde una dimensión voluptuosa que invita a la mirada.

Vivido entre los siglos XVI y XVII, un prodigio de la pintura ya revelado a los doce a√Īos, el artista treinta√Īero configur√≥ un verdadero g√©nero, ante colegas mucho m√°s conocidos. De sus 63 pinturas, 44 representan puestos, tazas y bandejas llenas de fruta. Pocos lo recuerdan y menos a√ļn conocen el motivo que impuls√≥ a Fede Galizia a trabajar en naturalezas muertas, que hoy en d√≠a podr√≠an aparecer por error solo como ejercicios estil√≠sticos.

Después Concilio de Trento la Iglesia Católica se encontró imponiendo condiciones incluso sobre la "decencia" de las obras. Se desdibujó el límite moral entre lo que se permitía pintar y lo que representaba un ultraje: Fede Galizia, que como mujer estaba doblemente limitada en su vida, encontró que en el bodegón podía exhibir cierta libertad y desde allí marcó su groove.

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    La historia de Fede Galizia

    Como recuerda la biograf√≠a dedicada a ella, escrita por el historiador del arte Flavio Caroli y hoy, lamentablemente agotado, Fede Galizia naci√≥ alrededor de 1578 (para algunos un pu√Īado de a√Īos antes) en Trento y se mud√≥ a Mil√°n cuando era ni√Īo.

    Desde temprana edad fue una presencia permanente en la tienda de su padre Nuncio Galicia, reconocido miniaturista, artesano y dise√Īador de vestuario de la √©poca, de quien aprendi√≥ todo sobre la pr√°ctica del grabado. Cuando todav√≠a era una ni√Īa, ya realiz√≥ dibujos y retratos notables, que denotaban una gran atenci√≥n al detalle.

    Sus habilidades como artista pronto atrajeron la atención de la aristocracia milanesa, lo que la llevó a probar suerte en la primera de sus cuatro pinturas sobre el tema bíblico de Judith, que usó su belleza para encantar y finalmente decapitar al líder asirio Oloferne. En todas las versiones, Fede Galizia mostró un gran cuidado al imaginar prendas, tejidos y joyas.

    En una de las versiones gallegas del relato b√≠blico, sin duda la m√°s conocida, su firma est√° grabada en la espada utilizado por Giuditta para llevar a cabo su sangrienta misi√≥n. No es de extra√Īar que muchos historiadores del arte consideren la pintura como una especie de autorretrato del pintor.

    El trabajo de un artista

    Mientras su fama crecía en la capital milanesa y más allá, especialmente a principios del siglo XVII, la vida privada de Fede Galizia seguía siendo un misterio. Es casi seguro que no estaba casado y aparentemente vivía con su hermana y su prima en la casa de su padre.

    Contemporáneo de Caravaggio, compartió con él una gran (casi carnal) atención a la sombra, la luz y el detalle. En particular, Fede Galizia logró equilibrar las lagunas y ausencias en sus composiciones, creando una sensación de profundo equilibrio.

    Lo mismo puede decirse de las naturalezas muertas, realizadas con gran destreza: al mirarlas, la sensación es que se puede extender la mano y tocar la fruta, agarrarla y sacarla del cuadro sin perturbar el resto de la obra. Sus combinaciones elegantes y vibrantes todavía tienen una calidad poética y espontánea hoy.

    Cuando en 1630 la gran plaga Se llev√≥ Mil√°n, y con ella la vida de sus habitantes trabajadores (seg√ļn la memoria manzoniana), Fede Galizia decidi√≥ redactar un testamento detallado. Muri√≥ poco despu√©s: la pintora ten√≠a una conspicua pinacoteca personal, que inclu√≠a copias de cuadros famosos, retratos, naturalezas muertas y retablos, que dej√≥ a su primo, sobrino y los padres teatinos de Sant'Antonio.

    A pesar de su √©xito en la vida, el recuerdo de Fede Galizia se desvaneci√≥ con el tiempo, tambi√©n por la dificultad de catalogar y atribuir correctamente todas sus obras. Reci√©n en las √ļltimas d√©cadas del siglo XX su figura fue reevaluada y estudiada, sacando a la luz una historia art√≠stica que no pod√≠a olvidarse.

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