Emily Greene Balch, la mujer que sabía que la paz necesita mujeres

Emily Greene Balch, la mujer que sabía que la paz necesita mujeres

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Cuando Emily Greene Balch recibido el premio Nobel de la Paz en 1946 por su trabajo de toda una vida contra la guerra y por el desarme, no recibió felicitaciones oficiales del gobierno de los Estados Unidos, su país natal. Fingieron que no había pasado nada, porque durante mucho tiempo la habían considerado una "radical peligrosa".

Soci√≥loga, economista y profesora universitaria, durante a√Īos hab√≠a estudiado las condiciones de vida de los trabajadores, inmigrantes, minor√≠as y mujeres, esforz√°ndose por encontrar condiciones m√°s dignas para los sectores m√°s humildes de la sociedad. A la cabeza de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, desde la d√©cada de 1930, critic√≥ duramente a todas las democracias occidentales por no haber hecho nada para detener las pol√≠ticas agresivas de Hitler y Mussolini.

Es dif√≠cil resistirse a la ola de belicistas, a la sugerencia incesantemente repetida de cada palabra impresa, a las noticias cuidadosamente editadas, a los carteles, desfiles, canciones, discursos, sermones ... ¬ŅD√≥nde est√° la l√≠nea que separa la integridad personal del fanatismo?

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    La historia de Emily Greene Balch

    Mucho antes de recibir el Nobel, Emily Greene Balch ya había ganado su lugar en el sol en la historia. Nacida en un suburbio de Boston en 1867, de hecho estaba en la primera promoción de mujeres graduadas de la prestigiosa Bryn Mawr College. Apasionada por la sociología, luego obtuvo una beca para ir a estudiar economía en París, a la que siguieron las especializaciones en Harvard, Chicago y Berlín.

    Gracias a largos a√Īos de investigaci√≥n, en 1896 acept√≥ una c√°tedra como profesor de econom√≠a en Wellesley College, una universidad de mujeres donde se dedic√≥ sobre todo a temas relacionados coninmigraci√≥n y al papel econ√≥mico de la mujer. Convertida oficialmente en profesora de econom√≠a y sociolog√≠a en 1913, sus alumnos la quer√≠an mucho no solo por su preparaci√≥n y experiencia, sino tambi√©n por su atenci√≥n a los menos privilegiados.

    Fue precisamente esta sensibilidad suya la que la empuj√≥ hacia un compromiso p√ļblico. Adem√°s de ser miembro de dos ayuntamientos y dos comisiones estatales, luch√≥ a la vanguardia por el sufragio femenino, los derechos de las minor√≠as y el control del trabajo infantil.

    El punto de inflexión

    Como recuerda un art√≠culo de la Library of America, el momento m√°s importante en la vida de Emily Greene Balch casi nunca sucedi√≥. En 1915, cuando el famoso activista Jane Addams le pidi√≥ que la acompa√Īara a los Pa√≠ses Bajos para un congreso internacional sobre mujeres pacifistas, Balch se neg√≥, citando sus deberes como profesora y presidenta del departamento de econom√≠a y sociolog√≠a del Wellesley College.

    ‚Äú¬ŅNo crees que existe una obligaci√≥n para las mujeres que han tenido las ventajas del estudio y la formaci√≥n de aprovechar esta posible oportunidad para echar una mano?‚Äú, Respondi√≥ Jane Addams, haci√©ndola cambiar de opini√≥n. Despu√©s de encontrar una persona que pudiera reemplazarla en las lecciones, en mayo de 1915 se fue a Europa.

    Más de mil mujeres de diferentes nacionalidades se reunieron para discutir las relaciones internacionales y comenzó a crecer un nuevo rodaje. Mientras la Gran Guerra azotaba el Viejo Continente, nació la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF), una organización que sigue activa en la actualidad.

    Habiendo concluido su contrato como maestra, en 1919 se convirti√≥ oficialmente en la tesorera de la asociaci√≥n, participando tambi√©n en la creaci√≥n de programas y campa√Īas en todo el mundo. En 1931, su amiga y colega Jane Addams recibi√≥ el Premio Nobel de la Paz por su defensa "De una paz que no hubiera generado una nueva guerra" y por sus esfuerzos para crear conciencia contra el uso de armas qu√≠micas en combate.

    Quince a√Īos despu√©s, en 1946, Emily Greene Balch tambi√©n fue honrada por su activismo por la paz y su trabajo con los refugiados durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente para los jud√≠os. En su discurso conden√≥ duramente los nacionalismos: palabras que hoy suenan m√°s relevantes que nunca.

    [‚Ķ] el nacionalismo ha resultado excesivamente peligroso en su divisi√≥n y auto-adulaci√≥n. Nos ha dado un mundo anarquista de poderosos cuerpos armados, con tradiciones impregnadas de conquistas militares y gloria, y pueblos comerciales que compiten sin piedad en su b√ļsqueda econ√≥mica y guerras. Nos ha dado un n√ļmero considerable de estados, cada uno reclamando soberan√≠a completa e ilimitada, viviendo uno al lado del otro sin estar integrados de ninguna manera ni bajo ninguna restricci√≥n, gobernados por un inestable equilibrio de poder manipulado por maniobras diplom√°ticas, basadas no en principios aceptados por todos menos por razones de estado, que no reconocen ning√ļn control religioso o √©tico com√ļn o reglas de conducta aceptadas y unidas por un prop√≥sito com√ļn.

    Ahora ten√≠a 79 a√Īos, pero de todos modos sigui√≥ trabajando, donando la suma total recibida por el Premio Nobel a WILPF. Muri√≥ en 1961, a los 94 a√Īos, despu√©s de una vida dedicada a los dem√°s.

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