"El último día de jardín de infancia de mi hijo": reflexiones de una madre privilegiada

"El último día de jardín de infancia de mi hijo": reflexiones de una madre privilegiada

Hoy es el último día de la guardería de mi hijo.

La conclusión natural de un viaje de tres años formado por amigos cercanos y profesores a los que ama y que son para él un referente, mimo y pauta, que es otra cara del amor.

En el coche me hizo muchas preguntas -y muchas reflexiones que pensé que un niño de tres años (y medio) no podría hacer- sobre el hecho de que ya no verá a sus amigos, que sus profesores ya no estarán allí y sobre lo que le espera después de las vacaciones.

Dijo, más para sí mismo que para mí, "Creo que me pondré un poco grande".

No soy una madre que teme el paso del tiempo, ni que quiera detenerlo para abrazar a su pequeño bebé lo más cerca posible. Él se vuelve genial, yo ciertamente envejezco, pero aún así me vuelvo genial, y encuentro que es milagroso y tan bello que quiero vivir el presente más, yendo hacia el futuro, que intentar prolongar el pasado o plantar nuestros ojos vueltos hacia atrás con nostalgia.

Sin embargo no puedo negar que hoy fue algo doloroso, pero quizás el término correcto sería melancolía, dejarlo por última vez en ese lugar familiar y entrar entre los hábitos que terminas olvidando que tendrán un final, hasta que este no llega.

Me conmovió y se me apretó un poco el corazón, el abrazo con la maestra, los ojos dulces y abiertos de su amiguita que cada mañana me muestra su vestido con orgullo, y luego la desorientación de él, mi hijo, y eso ansiedad que, por breves instantes, emerge fisiológica, con respecto al mundo conocido y cómodo que está dejando por otro que no conoce y que, aunque pueda atraerlo, implica una dolorosa pérdida para el y lo asusta.

No sé qué asociación mental me llevó a pensar, dejando ese nido seguro de mi hijo, por última vez ser una mujer afortunada, por haber nacido en esa parte del mundo donde el dolor y el miedo de mi hijo son legítimos, importantes y para ser acogidos como tales, pero tienen que ver con la vida y sus pasajes.

Me encontré, sin saberlo, pensando en esas madres, muchas en realidad, que hace unas horas frente a la costa de Libia, como muchas otras antes que ellas, habían trató de guardar a sus hijos y luego, ante lo inevitable, tal vez para darles, mentira, esperanza en el último intento de consolar su inaceptable miedo a los niños destinados no a un gran (y ciertamente aterrador) cambio en sus vidas, sino a la muerte que ha atrapado, aterrorizado y sin futuro.

A menudo lee, en las redes sociales, publicaciones de madres "torturadas" por dedica algo de tiempo que hace las camisetas de sus hijos demasiado pequeñas, incluso antes de que se las hayan arreglado para ponérselas, y de los pasajes de la vida que se suceden rápidamente y llevan a hombres y mujeres en miniatura hacia su independencia como individuos, que ya no necesitan las suyas sino de otros abrazos, buscar solo en las calles del mundo.

Algunas de estas mujeres son las mismas que tienen comentarios feroces para estas madres que intentan desafiar al mar y alodio (en) humano en un intento obstinado de tener también el derecho a llevar a su hijo al último día de la guardería o jardín de infancia, y así sucesivamente, hasta la madurez o el día de la graduación, el nacimiento de un nieto y, por qué no, incluso las lágrimas, los miedos, los fracasos que forman parte del crecimiento.

Me encontré, sin elegirlo, a pensar que incluso esa madre que en este momento está mirando el terror en los ojos de su hijo, impotente, merece conmoverse al escucharlo murmurar para sí mismo, ceñudo y temeroso, "Creo que me haré un poco grande“.

Y finalmente, no niego que egoístamente di un suspiro de alivio por estar, sin mérito, la madre del lado "afortunado" y no el otro.
El que ahora puede escribir estas palabras, que quizás recogerán el insulto de más de una persona, que pronto recibirá la noticia de otro naufragio, pero se conmoverá o llorará más que una lágrima, con razón y sin mérito a su vez, cuando su hijo se avergonzará por primera vez de besarlo frente a la escuela, porque "¡Soy grande ahora!".

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más Información