El peso de ser influencer: la lucha de Valentina Dallari contra la anorexia

El peso de ser influencer: la lucha de Valentina Dallari contra la anorexia

Una vez fueron las divas del cine y las modelos, hoy son las influencers. Pasan los años y las modas cambian, pero al final las mujeres, sobre todo las más jóvenes, siempre encuentran a alguien con quien poder compararse y querer parecerse a toda costa, alguien que, según ellas, encarna a la perfección el prototipo estético que todo el mundo admira y que se puede considerar "hermosa".

¿Pero a qué precio?

Las redes sociales, con su despiadado mecanismo que mide la popularidad en función del número de seguidores, me gusta y comentarios recibidos, han exacerbado aún más, si es posible, esa sensación de insuficiencia de las chicas más jóvenes. en primis, incapaz de encontrar su autoestima en nada que vaya más allá del agradecimiento expresado por amigos virtuales con un "me gusta". Es, el de los distintos Facebook, Instagram y demás, un mundo donde la gente acepta mostrar su vida, que sin embargo debe ser prácticamente perfecta, marcada por el lujo, la comodidad económica y, por supuesto, por la belleza externa, y, por otro lado, todo el mundo tiene derecho a juzgar, observar y, si es necesario, criticar, incluso de forma severa. Siendo ese el caso, está claro que si no cumples con estos cánones, estás cortado, y la única forma de ser apreciado es poder entrar en ellos.

Cueste lo que cueste.

Experimente eso Valentina Dallari le dijo a las Hienas (aquí el enlace del servicio completo) ahora también se ha convertido en un libro, Nunca me gustó ella, publicado por Piemme y disponible el 24 de septiembre, pero se puede reservar en Amazon.

El suyo es el testimonio más doloroso y vívido de cuánto puede costarle la vida la obsesión por la perfección estética envidiada por los demás en las redes sociales, si es lo suficientemente frágil como para perder el contacto con la realidad y convertirse en esclavo de su apariencia. físico.

Ella, que se hizo famosa de la noche a la mañana gracias al papel de "tronista" en el programa Hombres mujeres de Maria de Filippi, no ha podido soportar el amargo bagaje que la repentina fama trae consigo, o todos esos comentarios realmente poco agradables sobre su cuerpo (ya notables, sin embargo, dado que Valentina, como ella misma explica, mide 1,75 y pesaba 60 kg en ese momento), que la gente dejó en su cuenta de Instagram. Y que contenía, entre otras, frases como "Me gustaría mucho ver cómo te ves debajo de la ropa" o "Pero mira qué tobillos grandes tienes".

Valentina admitió a la corresponsal Verónica Ruggeri que no era lo suficientemente fuerte como para importarle un carajo esas malas palabras, y que estaba muy engañada por las imágenes que miraba todos los días en las mismas redes sociales, donde veía a otras chicas que envidiaba y quería llegar a tener. mismo cuerpo (y en consecuencia el mismo número de seguidores), de Chiara Ferragni a Chiara Biasi. Para ella, en ese momento, tener una libra menos significaba tener un seguidor extra.

Y a partir de ahí, comenzó su muy rápido descenso a la anorexia. El mismo que la llevó a pesar apenas 37 kg ya "sentirse feliz".

No es la única, Valentina, al contrario: las redes sociales representan una atracción muy peligrosa para las chicas muy jóvenes, que en sus iconos favoritos ven exactamente el espejo de lo que les gustaría ser, y por eso muchas veces terminan en bulimia o anorexia, en ocasiones ”. alentado ”también por blogs y grupos pro ana que continúan proliferando sin ser molestados en la web.

Algunos estudios más recientes, también citados en el informe Hienas, dicen que las personas, especialmente en el grupo de edad más joven, pasan más de dos horas al día simplemente mirando las fotos de los demás, y que las chicas que pasan mucho tiempo en las redes sociales tienen el doble de posibilidades de enfermarse con trastornos alimentarios que otros. Estos son datos que, aun tomados con la máxima cautela y sin demasiadas generalizaciones, no obstante nos llevan a la reflexión.

También porque, como explica la propia Valentina, el mecanismo social es una especie de círculo vicioso de la que es difícil salir: para tener más seguidores tienes que adelgazar, para ser como la persona que admiras en las fotos tienes que adelgazar. A pesar de esto, ni siquiera el logro de la delgadez más extrema protege de los comentarios de los haters y del cyberbullying, tanto es así que Valentina explicó que se encontró varias veces leyendo frases como "Eres todo huesos", "Pero come chupas", testificando el hecho de que, en un sentido u otro, las personas - al menos aquellos que comentan fomentando el odio social - nunca están de acuerdo con nada.

La solución no es, por supuesto, cerrar las redes sociales, sino dejar de proponer a los muy jóvenes ideales estéticos que no solo son inalcanzables e irreales, sino que muchas veces son perjudiciales para la salud. Que es, en esencia, la propuesta que las propias hienas han dirigido a muchos influencers y bloggers, que sin duda pueden dar un gran impulso en este sentido. Valentina, por ejemplo, explicó que ya no publica fotos que muestren huesos, solo para evitar invitar a otras chicas a seguir su camino.

De donde ella, mientras tanto, lucha por salir, como también cuenta en su blog personal, donde explicó paso a paso su batalla contra la anorexia.

En la galería hemos recopilado algunas de sus declaraciones, los pasos de su blog, y contado quién es.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más Información