El abismo del dolor de una violación: las palabras del marido de la enfermera violada

El abismo del dolor de una violación: las palabras del marido de la enfermera violada

Someterse a uno violación deja un enorme vacío en su interior, una cicatriz que no se repara sola, no sana de ninguna manera, que deja miedos, ansiedades y hasta sentimientos de culpa.

Pero, por una vez, no queremos hablar del sufrimiento de la v√≠ctima, sino del de quienes la rodean. Porque tambien los afectos, los familiares de los que sufren, experimentan un dolor que, aunque diferente, es igualmente atroz e insistente, al que se suma la sensaci√≥n de impotencia, de no poder "reparar" el da√Īo que otros han hecho, y enfado, por no poder proteger, defender, prevenir.

El punto de partida para hablar de ello proviene de una noticia que le sucedió Nápoles. En tiempos de Coronavirus, emergencia sanitaria y aislamiento social, se han incrementado los casos de violencia intrafamiliar, pues la convivencia forzada obliga a las víctimas a entrar a la casa con sus propios torturadores. Pero el monstruo, por supuesto, no siempre y solo está en el hogar.

Quienes han seguido yendo a trabajar, incluso durante la pandemia, a menudo lo han hecho conscientes de tener que volver a casa solos, de tener menos transporte p√ļblico disponible y de encontrarse en carreteras completamente aisladas, pero quiz√°s, al mismo tiempo, tambi√©n con esperanza. que las reglas impuestas por las medidas de contenci√≥n desanimaron a los malos. Sin embargo, es dif√≠cil pensar que un delincuente se detendr√° cuando se enfrente a una prohibici√≥n de tr√°fico.

As√≠ es, mientras la enfermera de cuarenta y ocho a√Īos regresaba sola del trabajo Francesca fue violada en medio del estacionamiento de un autob√ļs, donde estaba esperando el veh√≠culo que se supon√≠a que la llevar√≠a a casa con su esposo Lino y su hija. Todo sucedi√≥ a plena luz del d√≠a, a primera hora de la tarde, mientras sus gritos de auxilio, durante el atentado que dur√≥ 45 minutos, interminables minutos en los que intent√≥ defenderse con todas sus fuerzas, no fueron escuchados. Francesca habr√≠a informado que una mujer, al darse cuenta de la escena, habr√≠a optado por seguir recto, sin prestarle ayuda, y solo la intervenci√≥n de un conductor de autob√ļs que se hab√≠a percatado de lo que suced√≠a acab√≥ con la pesadilla y permiti√≥ que intervenci√≥n de la polic√≠a, que detuvo al agresor.

El episodio pasó hace unos diez días, pero hoy, mientras Francesca ha encontrado la fuerza para hablar de ello y seguir adelante, los que sufren con ella por lo ocurrido Lino, su marido.

"¬ŅPor qu√© no me importaron un carajo las prohibiciones y fui a buscarla?"

Lino, un fisiatra, estaba en casa esa tarde, esperando que regresara Francesca. Es habitual, le explic√≥ a Repubblica, ir a buscarlo cuando termina un turno de noche, o el domingo por la tarde, pero la emergencia del Coronavirus no le permiti√≥ usar el auto, por lo que ese d√≠a le dijo a su esposa que se organizara. por transporte p√ļblico.

No estaba preocupado, conozco bien el √°rea de estacionamiento de Metropark y tambi√©n tomo a menudo autobuses. Por lo general, siempre hay gente debido al gran movimiento de autobuses que salen para muchos lugares de la regi√≥n y tambi√©n en otras √°reas de Italia. Imaginar todo el estacionamiento completamente desierto y sin los guardianes o los asistentes no era posible. En un momento son√≥ el tel√©fono. ¬ŅQu√© har√≠a si escuchara al otro lado a su esposa sollozar, las palabras 'Me han agredido', luego otra vez 'Me voy al hospital' y, por lo tanto, un polic√≠a que me pide que me acompa√Īe en el hospital, en Cardarelli? Ni siquiera recuerdo c√≥mo llegu√© al hospital Cardarelli en N√°poles‚Ķ Pero cuando me mud√© todav√≠a no entend√≠a lo que hab√≠a sucedido, no del todo.

Al llegar al hospital, desconcertado, sin realmente darse cuenta de la situación, Lino encuentra una esposa diferente.

Sin saberlo, comencé a llorar porque vi el rostro opaco de mi esposa. Apagado, oscuro. Ya no estaba su luz habitual, su hermosa sonrisa. El estuvo ausente. Estaba ahí pero no estaba ahí y quería saber pero no quería oír… estaba ahí como aturdido. Se vuelve loco… Hasta que logré llevarlo a casa no me di cuenta de lo que sucedió.

Una vez en casa Francesca encuentra el valor para contarle lo que le había pasado, le explica que, para intentar defenderse, se aferró a los cubos de basura. En ese momento, algo se rompe dentro de Lino.

Cuarenta y cinco minutos, el tiempo de la violencia que sufri√≥ mi esposa con ese hombre que estaba de espaldas y trat√≥ de arrancarle la ropa con el brazo envuelto alrededor de su cuello, arriesg√°ndose a asfixiarla. Cuarenta y cinco minutos ... ¬ŅQu√© estaba haciendo en esos cuarenta y cinco minutos? ¬ŅEstuve sentado en el sof√° en esos cuarenta y cinco minutos? La mujer de mi vida estaba luchando con u√Īas y dientes para guardarse en esos cuarenta y cinco minutos y yo, ¬ŅPor qu√© no estuve all√≠? ¬ŅPor qu√© alguien del cielo no me dijo que fuera a buscarlo sin pensar en las prohibiciones, solo vete? Y tambi√©n me pregunto: ¬Ņpor qu√© nadie miraba esas c√°maras en esos cuarenta y cinco minutos? ¬ŅPor qu√© nadie protegi√≥ a mi esposa por m√≠? ¬ŅEntonces las c√°maras en vivo en los centros de operaciones de las fuerzas del orden son solo cosa de polic√≠as estadounidenses? ¬ŅNadie mirando esas c√°maras?

Lo que Lino siente ahora es

Sentido de culpa, frustración, impotencia. […] Y luego la ira de la que no es fácil deshacerse. Como hombre, como esposo y como médico. Fue cuando sentí todas estas cosas juntas, estas sensaciones abrumadoras que comencé a llorar y ahora, lo confieso, no puedo detenerme. Por supuesto, no hubiera querido que me viera cuando me eché a llorar, porque sé bien que no es una imagen que la pueda ayudar a superar, ni mucho menos ... Pero no lo logré, y lloré. Todavía intento, todos los días, una explicación, una forma de metabolizar lo que pasó pero no puedo. Busco desesperadamente la forma de volver a ver la sonrisa en el rostro de mi esposa, trato de hacerla reír, pero mientras tanto todos los días la ira aumenta y el dolor se intensifica. Me gustaría ayudarla pero estoy reducido como ella. Mi corazón está destrozado y siento que ya no estoy sirviendo. Nada. Me gustaría llevarla a pasear, me gustaría llevarla al mar y olvidarme de todo. Ojalá todo se convirtiera en un mal recuerdo encerrado en un armario.

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    ¬ŅQu√© puedo hacer para ayudar a mi esposa despu√©s de una violaci√≥n?

    Es una pregunta con una respuesta compleja, precisamente porque los sentimientos y emociones suscitados por la violencia sexual son capaces de dejar huellas profundas que muchas veces nunca se alejan del todo de la cabeza de la v√≠ctima. Pero tambi√©n para los que nos rodean, para los maridos, los compa√Īeros, como hemos visto no es f√°cil poder dejar de lado lo sucedido y afrontar las preguntas que surgen cada d√≠a: ¬Ņdonde estaba? ¬ŅPor qu√© no estaba con ella? ¬ŅPodr√≠a haberlo evitado?

    La situaci√≥n es tan complicada que a veces las relaciones no se mantienen despu√©s de una agresi√≥n sexual y conducen al divorcio. El entrenador de vida Leila Sommerfeld, autora de libros y art√≠culos dedicados al tema de la recuperaci√≥n posterior a la violencia sexual, y ella misma sobreviviente de violaci√≥n, en Focus on the Family ofrece algunos consejos a los socios para ayudar a sus compa√Īeros a seguir adelante despu√©s de una agresi√≥n.

    Incluso si es doloroso escuchar de su dolor, permítale hablar de ello. No trates de evitarlo. Sea solidario y no juzgue. No intentes "arreglarlo". Hágale saber que va a soportar esta crisis con ella y que la ayudará dejándola decidir su ritmo de recuperación.

    [‚Ķ] Enfr√©ntate a tus heridas y frustraciones. A menudo, los maridos son supervivientes secundarios. Usted tambi√©n puede experimentar sentimientos similares a los de los sobrevivientes de agresi√≥n, como tristeza, conmoci√≥n e ira. A menudo puede ser dif√≠cil manejar estas emociones dolorosas mientras trata de apoyar a otra persona, especialmente a su esposa. Como esposo, le animo a que busque consejo si tiene dificultades para procesar lo sucedido. Unirse a un grupo de apoyo para la recuperaci√≥n tambi√©n puede ser √ļtil.

    No te rindas con ella. Permanecer. La curaci√≥n es un proceso largo, a veces un proceso de por vida, pero es posible. Aunque mi esposo y yo no entendimos el impacto total de la agresi√≥n sexual o el trastorno de estr√©s postraum√°tico hace muchos a√Īos, estoy convencido de que los sobrevivientes y quienes los aman pueden encontrar esperanza y curaci√≥n al superar las cicatrices emocionales para construir un matrimonio saludable.

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