"Discapacitado, mongoloide, abatido": si usamos la discapacidad como delito

"Discapacitado, mongoloide, abatido": si usamos la discapacidad como delito

Ante tantos signos alentadores de inclusión hacia los discapacitados, desde el punto de vista laboral, social, cultural, lamentablemente todavía hay algunas voces "fuera del coro". Piense en cada vez que escuchamos a alguien dirigirse a otros con títulos como "Handicappato", "Abajo" y así sucesivamente, para darse cuenta de que todo lo inherente a la discapacidad todavía es visto, por algunos, como sinónimo de negatividad e instrumento delictivo.

Si ya es deprimente darse cuenta de lo extendido que está este tipo de lenguaje en el léxico cotidiano, hasta el punto de que algunos lo usan sin siquiera prestar atención al peso de ciertas palabras, verlo usado de un ejercicio público es, si es posible, incluso peor.

Porque desde un lugar que ofrece hospitalidad, acogida, que se enfrenta con el público todos los días, no se espera escuchar ni leer frases como "Según algunos MO… IDI Autóctono" Los "Desafortunadamente, hace unos 50-60 años, la ciencia médica aún no había inventado el TRI TEST y la AMNIOCENTESIS; de lo contrario, habríamos aconsejado con gusto a los padres anteriores que lo hicieran bien y tal vez repitieran el examen, y luego, dado los miserables resultados, no lo hicieran ¡nada en absoluto!“.

Por supuesto, no citamos estas frases al azar; son los que aparecieron en el volante publicado fuera de un local de Leghorn, la Aperitivo de mariscos, con quien alguien, dentro del personal del restaurante, quiso dar respuesta a las quejas de algunos ciudadanos tras la instalación de una plataforma, insinuando que los responsables no habían solicitado al Ayuntamiento un permiso regular. Lo mostramos en su totalidad, según informa el post de la periodista y escritora. Iacopo Melio, quien habló de lo que pasó.

Está claro que simplemente hablar de la "desafortunada elección de palabras" o del más banal y clásico "momento de enfado" por parte del autor (o autores) del folleto no solo sería quedarse corto, sino también profundamente injusto: tanto para las personas discapacitadas, que en estas pocas líneas se representan como "lo peor" de la sociedad, como para las que llevan años luchando precisamente por romper esa gruesa capa de prejuicio e ignorancia que durante mucho tiempo nos ha permitido ver la discapacidad solo como una desgracia más seria imaginable, dejando que términos como "mongoloide" o "daño cerebral" se conviertan en parte de ese lenguaje común.

Con estos términos, quien redactó el folleto dio a entender que ser discapacitado es una desgracia que debe subsanarse con anticipación; y esto no puede reducirse a un simple acto goliardico o fanfarrón. Para quienes siempre han tratado de hacer menos difícil la vida de las familias discapacitadas, o de los mismos discapacitados, este es un ejemplo de los muchos, demasiados, pequeños golpes que cada día corren el riesgo de derribar un muro de progreso realizado a lo largo de los años.

Por cierto, unas horas después de que se distribuyera el volante a través de las redes sociales, llegaron dos publicaciones de disculpa: una de la misma página de Facebook del restaurante -que desapareció a las pocas horas-.

El otro por uno de los socios del club, que se desprendió por completo del gesto.

Sin embargo, sería importante poder ir más allá de las excusas y reflexionar. Como es fácil de leer en muchas otras publicaciones, incluida la de Melio, la actitud de los gerentes de este lugar con respecto al tema de la discapacidad parecería ser una práctica consolidada (en las respuestas a algunas reseñas el personal se dirige a los clientes con términos como "estás peor que un código 104 ”, que es precisamente la ley vinculada a la discapacidad).

Sin caer en un proceso mediático en el propio recinto -que ya está recibiendo críticas extremadamente negativas y seguramente no gozará de una excelente publicidad tras esta noticia- sería recomendable que los responsables y todos aquellos con la misma actitud reflexionaran sobre ello. racismo que se perpetúa y se propaga sin perturbaciones sin que muchos se den cuenta del peso específico de ciertas palabras. Pues sí, el que relega a los discapacitados al nivel social más bajo, que habla de ellos como de paria, es una forma de racismo. Lo que ofende no solo a los discapacitados, sino a todos sus familiares, amigos y a quienes trabajan todos los días para enseñar una palabra mucho mejor: inclusividad.

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