Cuando mires las estrellas, piensa en Henrietta Swan Leavitt (y cuenta su historia)

Cuando mires las estrellas, piensa en Henrietta Swan Leavitt (y cuenta su historia)

Este contenido es parte de la sección "Historias de mujeres".
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Para una mujer que comenzó a trabajar en 1902, hace más de un siglo, el camino era extremadamente peligroso. Lo fue aún más para aquellos que eligieron vivir de la ciencia, como Henrietta Swan Leavitt. Su sordera también había excluido las dos profesiones "femeninas" por excelencia, como la de maestra y la de enfermera.

Cuando Edward Charles Pickering, el director del Observatorio de Harvard, decidió ampliar el personal involucrado en la recopilación de datos astronómicos, Henrietta no lo dudó.

Así, pasó a formar parte de una plantilla junto con otras mujeres, todas pagadas la mitad que otros hombres. Y comenzó un camino profesional increíble, que merece ser contado, especialmente a las niñas y niñas del futuro.

De hecho, no son pocas las mujeres que han jugado papeles fundamentales en la historia, pero de las que han sido excluidas. Es hora de recuperar estos testimonios y darles el protagonismo que se merecen, para que todos, hombres y mujeres, niños y niñas, puedan aprender y comprender cómo su género nunca debe ser un límite para sus sueños.

Gracias a su fuerza de voluntad, estudio y determinación, Henrietta Swan Leavitt realizó una investigación que condujo a dos de los descubrimientos más sorprendentes e importantes de la historia de la astrofísica. Al analizar meticulosamente las estrellas y catalogarlas por brillo, llegó al descubrimiento de variables cefeidi.

La información recopilada a partir de la observación del cielo le permitió desarrollar un método eficaz para estimar las distancias de las estrellas y las galaxias. Este fue un paso adelante crucial para comprender el tamaño y la evolución del universo.

Al igual que con muchas otras científicas de su tiempo, las contribuciones de Henrietta Swan Leavitt a la astronomía no fueron ampliamente reconocidas por otros hombres. No había sido fácil para ella llegar a ese papel de "calculadora" mal pagada.

Nacida el 4 de julio de 1868 en Lancaster, Massachusetts, era hija de un ministro de una iglesia congregacional nacido en Inglaterra. Mientras estudiaba en Oberlin College y más tarde en el College for Women de la Universidad de Harvard, Henrietta Swan Leavitt se apasionó por varios temas, incluido el griego clásico, bellas artes, filosofía, geometría analítica y cálculo, especializándose más tarde en astronomía.

A un paso de recibir su segundo título en astronomía, a finales de siglo decidió partir hacia Europa. Al regresar a los Estados Unidos, donde completó una temporada como asistente universitaria en Wisconsin, contrajo una infección que le hizo perder la audición para siempre.

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Fu proprio in quel momento, fortemente debilitata nel fisico, che iniziò a lavorare come calcolatrice nell’Osservatorio di Harvard. Accettò di buon grado, nonostante l’esiguo stipendio e l’impossibilità di accedere a telescopi e strumentazioni avanzate, come tutti gli altri scienziati uomini.

La disparità non fermò di certo la sua passione per il cielo. Scoprì il 10% delle 20.000 stelle pulsanti attualmente mappate e con il tempo riuscì lentamente a ottenere una buona reputazione.

Spinto dai risultati ottenuti da Henrietta Swan Leavitt e dal riconoscimento mondiale del suo lavoro, molti anni dopo il professor Mittag-Leffler dell’Accademia svedese delle scienze le inviò una lettera. Era il 1925 e le dichiarava la sua volontà di candidarla al premio Nobel in Fisica l’anno successivo per il suo ruolo nella scoperta del rapporto tra periodo e luminosità delle cefeidi.

Troppo tardi: Henrietta era già morta da qualche anno. Harlow Shapley, direttrice dell’Osservatorio di Harvard, fu costretta a rispondere che un cancro se l’era portata via nel 1921, molto tempo prima di quella nomination.

Proprio nel 1924, il noto astronomo Edwin Hubble usò la relazione tra il periodo e la luminosità delle variabili cefeidi scoperte da Henrietta Swan Leavitt per determinare che l’universo si stava espandendo. “Meritava il Nobel per il suo lavoro”, disse poi Hubble, parlando del lavoro della collega.

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