Convertirse en mamá: todo es cuestión de nervios

Convertirse en mamá: todo es cuestión de nervios

Omitiré por el momento el embarazo, que en mi opinión requiere un artículo aparte, pero desde que nuestros hijos llegan a nuestras vidas, en primer lugar, nos damos cuenta de que ya no lo poseemos. Y no de nuestros hijos, de ellos nunca seremos, sino de nuestras propias vidas.

A menudo empezamos a hablar en una especie de plural majestatis, ya no somos "yo", sino "nosotros" o "yo y mi descendencia". Nos damos cuenta de que nunca estamos solos (¡y ya no lo estaremos!). Y sí, puede ser bueno, pero hay momentos en la vida en los que cada uno de nosotros anhela la soledad: por ejemplo en el baño. Podemos olvidarnos de la privacidad ya sea para tomar una ducha, o para un bidet, o más naturalmente, por necesidades fisiológicas.

los niños traviesos los gritos siempre están ahí, extensión física de nosotros mismos. No hay compra que no incluya a la bestia agotando mil pedidos, tan apremiante como para hacernos pasar frente a un resplandeciente tacón 12, defensor de viejos recuerdos, sin siquiera verlo. No hay una conversación sana en el teléfono llena de jugosos chismes, sin que el niño grite desesperado en medio de una necesidad urgente, de vida o muerte.

Peluquero? ¿Cosmetólogo? ¿Quienes son? ¿Quién recuerda más esos lugares celestiales? En poco tiempo nos encontramos esclavos de los niños que amamos más que a nosotros mismos y olvidamos que alguna vez fuimos mujeres. Aquí, esto, no lo niegues, al menos aquí, sin hacer el bien, todos pensamos un poco. Como hay días en los que nos preguntamos “quién me hizo hacerlo”. Y son esos días en los que estamos cansados, donde hemos pasado por todo mascaras posible que nos ofrece la vida: mujer en el trabajo, esposa, madre, ama de llaves, enfermera, reparadora, cocinera, mesera… .y así sucesivamente.

Pero sucede que mientras formulamos este lúgubre pensamiento la pequeña hiena se quedó dormida en el sofá, la miramos y sentimos entumecido de ternura, le ponemos el pijama lentamente, sin despertarlo, lo tomamos en nuestros brazos y mientras lo arropamos en las mantas la pequeña víbora susurra en sueños: "Mammina..ti vojo bene ..." ¡Aquí! Una lágrima sale de nuestros ojos y ... no hay remedio, ¡nos han vuelto a joder!

Artículo original publicado el 14 de mayo de 2012

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