Claudia Ruggerini: el hermoso mensaje que nos dejó la partidista Marisa

Claudia Ruggerini: el hermoso mensaje que nos dejó la partidista Marisa

Este contenido es parte de la sección "Historias de mujeres".
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Fue llamado Claudia Ruggerini, pero para todos estaba ahí partidista marisa. La suya fue una de esas vidas brillantes que puntuaron silenciosamente la historia de todo el siglo XX.

Como record√≥ el Manifiesto con motivo de su muerte en 2016, su lucha por un bien com√ļn y superior no se hab√≠a extinguido despu√©s del final de la Segunda Guerra Mundial. Ella hab√≠a seguido adelante, lidiando como neuropsiquiatra con otro tipo de segregaci√≥n: la de los ni√Īos considerados "dif√≠ciles" y obligados a asistir a escuelas separadas.

Tienes que ser social en la comunidad: esto es política. Y siempre lo he hecho. Así que sí, también fue una lucha partidista intentar que los padres entendieran a sus hijos, que los maridos entendieran a sus esposas.

La de Claudia Ruggerini fue una misión que brotó desde muy joven, desde el momento en que decidió no quedarse quieta y contemplar los horrores del fascismo sin dar un paso al frente.

Tenía una capacidad, que es lo que gané: la capacidad de que las personas hagan lo que les apetezca, de que sean libres de hacer lo que hacen, siempre que asuman la responsabilidad de ello. Para mí, siempre he asumido la responsabilidad.

Nacida en Mil√°n en febrero de 1922, pertenec√≠a a una familia de humildes condiciones, inscrita en el padr√≥n municipal de pobres del Municipio. Fue precisamente la terrible experiencia de su padre, un trabajador ferroviario de origen emiliano, lo que molde√≥ su conciencia, como ella misma cont√≥ hace alg√ļn tiempo en una entrevista con Wall Street International.

Mi padre Andrea, miembro del Partido Comunista en 1921, despedido por las FF.SS. en 1922 por haber participado en la gran huelga contra la violencia de las escuadras fascistas, fue asesinado en 1934 por una patrulla fascista que lo había golpeado salvajemente.

Claudia solo ten√≠a doce a√Īos en ese momento y lo ve√≠a todo desde la ventana de su casa. As√≠ fue testigo de la violenta paliza que se llev√≥ para siempre a una de las figuras m√°s importantes de su vida.

Tras la muerte de su padre, Claudia Ruggerini pudo continuar sus estudios solo gracias al arduo trabajo de su madre. Ang√©lica, masajista de profesi√≥n, "mujer inteligente, abierta, trabajadora que quer√≠a que avanzara en la escala social a trav√©s del estudio y la actividad profesional ‚ÄĚ.

Inteligente y estudiosa, Claudia también se enamoró del arte: siempre gracias a su madre, que la llevó con ella a Venecia, donde solía ir a trabajar. Allí pudo visitar la Bienal de arte, asistir a las proyecciones del festival de cine y sentirse parte de un mundo nuevo y libre que el régimen fascista intentaba reprimir.

Tras los estudios clásicos, Claudia Ruggerini decidió matricularse en la Facultad de Química, de la que luego abandonó para trasladarse a Medicina. Y precisamente durante el período universitario conoció a muchos estudiantes e intelectuales que luego jugarían un papel importante en su carrera como partidista de Marisa.

Habiendo ingresado a la Resistencia, acepté tareas arriesgadas como la distribución de prensa clandestina y la entrega de armas a los partidarios de Valdossola y en el invierno del 43 monté varias veces mi bicicleta hasta Piacenza para entregar mensajes a los resistentes de la zona. También tuve la oportunidad de ingresar a la prisión de S. Vittore, donde pude robar información valiosa para los antifascistas.

Tras la alegr√≠a de la Liberaci√≥n, comenz√≥ una nueva vida para ella, que ya todos conoc√≠an como la partidista Marisa. Claudia Ruggerini retom√≥ sus estudios y elabor√≥ ‚Äč‚Äčuna tesis de grado sobre el tratamiento psicoanal√≠tico en la infancia, un tema nuevo y original que llam√≥ la atenci√≥n de sus profesores.

Tras la especializaci√≥n en Neuropsiquiatr√≠a en Pav√≠a, con una tesis que analizaba los trabajos de Vincent Van Gogh psicol√≥gicamente, comenz√≥ su lucha por los ni√Īos. En sus m√°s de treinta a√Īos en el INAIL de Mil√°n y en otros hospitales, se dedic√≥ a aquellos ni√Īos que eran considerados "problem√°ticos".

A menudo, este tipo de ni√Īos era enviado a "escuelas especiales", donde en cambio era necesario insertar solo pacientes con patolog√≠as neurol√≥gicas o ps√≠quicas y no ni√Īos que ten√≠an un problema did√°ctico-cultural. He librado grandes luchas con algunos directores did√°cticos para que los ni√Īos "no patol√≥gicos" ingresen a escuelas normales y obtengan excelentes resultados.

Claudia Ruggerini continu√≥ trabajando en el sector social incluso despu√©s de su jubilaci√≥n, como voluntaria. Su conciencia segu√≠a siendo la misma que, durante el fascismo, la hab√≠a empujado hacia el bien com√ļn.

El compromiso social, mi formación, ser neuropsiquiatra fueron condiciones "soldadas" entre sí dentro de mí: siempre he tenido, como persona y como médico, una concepción "política" de la gratuidad hacia la comunidad.

Artículo original publicado el 30 de junio de 2020

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