Carmen Mondragón, alias Nahui Olin, que fue la más erótica de todas

Carmen Mondragón, alias Nahui Olin, que fue la más erótica de todas

A los 84 años, encorvado por problemas de salud cada vez más graves, Nahui yo era pidió que la llevaran a la casa donde había vivido de niña, en uno de los barrios históricos de la Ciudad de México. Independiente y orgullosa, había pasado los últimos treinta años en aislamiento voluntario, viviendo con sus gatos en una casa destartalada que pertenecía a su padre, el famoso general. Manuel Mondragón.

Comenzó a vender algunas fotos en las afueras de una estación de metro: la mostraban, aún joven y desnuda, en las décadas de 1920 y 1930. En esos años fue considerada la mujer más bella de todo México.

Su verdadero nombre no era Nahui Olin, era Carmen Mondragón, y antes de convertirse en una anciana y solitaria, había hecho latir el corazón de muchos. Escritor Pino Cacucci, quien contó la vida de esta pintora, modelo y musa hoy desafortunadamente desconocida para la mayoría, la describió así en Nahui.

Camina despacio por la avenida Madero, la mirada perdida en el cielo y su porte altivo, casi como si desafiara la curiosidad de los transeúntes y la risa de los niños que muestran irreverencia. El aire distraído, el descuido que se impone en defensa, contrastan con el orgullo de caminar y el extravagante refinamiento del vestido: el hábito de la flor metida en el generoso escote, el cabello obligado a fuerza de tijeras a seguir una moda olvidada, cada El detalle de su apariencia la hace aún más grotesca ante los ojos de extraños que notan los colores vivos, la pobreza de las telas, el corte anticuado y el desgaste que está a punto de reducir su ropa a harapos.

Entonces, vieja y en mal estado, mucha gente la llamó por la calle bruja, bruja. Pero algo aún ardía bajo las cenizas.

Los estragos del tiempo han hecho que ese cuerpo adorado por tantos pensadores, haya marchitado el rostro inmortalizado por los artistas y cantado por los poetas. Ya nadie lo reconocería en los frescos de Diego Rivera no lejos de allí. Sin embargo, a pesar de todo, sus ojos aún son capaces de encantar a cualquiera que se encuentre con su mirada: ojos grandes e inmensos, abiertos de par en par a la realidad y que ya no la captan, ojos verde esmeralda que se vuelven turquesas y moradas ...

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