Beatrice Hastings, la mujer que inspiró a Modigliani y se suicidó con su ratoncito

Beatrice Hastings, la mujer que inspiró a Modigliani y se suicidó con su ratoncito

Pagan, Alice Morning, Beatrice Tina, Cynicus y Mrs. Malaprop son solo algunos de los nombres que la poetisa inglesa Emily Alice Haigh solía firmar sus escritos. El que más le gustó, por el que aún hoy la recordamos, es Beatrice Hastings. Vivida entre los siglos XIX y XX, protagonista del medio cultural europeo, su nombre se ha desvanecido lentamente en los pliegues de la historia moderna.

Solo en tiempos recientes algunos eruditos y bibliófilos han vuelto sobre su vida y sus palabras, sacando a la luz una historia que contar. Una historia que va mucho más allá de la historia sentimental que ha seguido manteniendo vivo un débil recuerdo, vinculado a su tormentosa relación con Amedeo Modigliani.

El café literario Le Cicale Operose de Livorno ha publicado recientemente el primer texto de referencia italiano, titulado En plena revuelta. La antología incluye poemas, cuentos, memorias, una novela corta, así como artículos políticos y feministas publicados en revistas literarias, artísticas y políticas, así como algunas producciones y memorias referentes al período parisino vivido con Modigliani.

Como se menciona en un artículo con motivo de la retrospectiva Tate Modern dedicada a la gran artista italiana, entre 1914 y 1916 la retrató 14 veces. Esos dos años de relación representaron para Modigliani el regreso a la pintura, con una nueva energía creativa, y para Beatrice Hastings un período productivo desde el punto de vista literario.

Desde su primer encuentro en París, el pintor se dejó seducir por Poeta inglés, como la llamaban en la capital francesa. Como ávido lector de Dante, le pareció interesante la idea de que ella hubiera elegido para sí misma el nombre de la mujer amada por el autor de la Divina Comedia.

Beatrice Hastings, por otro lado, inicialmente no quedó impresionada por el artista italiano. "Se veía feo, feroz, codicioso", dijo de él, después del primer encuentro. La próxima vez que volvió sobre sus pasos, definiéndolo "Villano pálido y encantador".

Muy poco quedó de esos dos años de pasión. Beatrice, que había tratado desesperadamente de arrebatar a su pareja de la vorágine de su adicción a las drogas y el alcohol, terminó siendo arrastrada al mismo torbellino, a merced de un instinto autodestructivo.

Murió en 1943, tras años de éxitos fluctuantes que la habían llevado a un inexorable y lento olvido. Se quitó la vida, quizás porque temía la enfermedad que la había golpeado o por la depresión, dejando que el gas extinguiera el último hilo de vida.

Estaba sola, en la casita inglesa de Worthing, y en sus manos sostenía su ratoncito, su único afecto doméstico. Su muerte solo terminó en los periódicos locales, en un momento en que la poesía del mundo se vio ensombrecida por los horrores de la guerra.

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Fuente: Pinterest

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