Barbara McClintock: la mujer que los hombres pensaban que estaba loca era un genio

Barbara McClintock: la mujer que los hombres pensaban que estaba loca era un genio

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A lo largo de su vida, Barbara McClintock hizo una serie de descubrimientos revolucionarios en el campo de la genética. Demostró el fenómeno de cruce cromosómico, lo que aumenta la variación genética de las especies. Primero identificó i transposones, o los elementos genéticos que se mueven dentro de los cromosomas. Así llegó a la conclusión de que el genoma no es una estructura inmutable, sino sujeta a alteraciones.

A pesar de a√Īos de investigaci√≥n, otros cient√≠ficos rechazaron con vehemencia su teor√≠a de la transposici√≥n durante a√Īos. "Por Dios, o esta mujer est√° loca o es un genio", dijo el genetista Joshua Lederberg, comentando el trabajo de su colega en la d√©cada de 1950. Varias d√©cadas despu√©s result√≥ que siempre hab√≠a tenido raz√≥n. Y a los 81 a√Īos finalmente recibi√≥ el Premio Nobel.

Su historia, contada en palabras e im√°genes en un art√≠culo reciente de Medium, es un ejemplo cl√°sico de lo que se llama Efecto Matilda. Este ‚Äúfen√≥meno‚ÄĚ, si de verdad queremos llamarlo as√≠, ha visto a muchas mujeres de ciencia luchar por ser aceptadas y reconocidas profesionalmente en sus campos de investigaci√≥n.

Barbara McClintock ciertamente luch√≥ por ganarse un lugar en la historia, que parec√≠a ya escrita desde su infancia. Nacida el 16 de junio de 1902 en Connecticut, Estados Unidos, inicialmente se la llam√≥ Leonor. Los padres se dieron cuenta de inmediato de lo decidida e independiente que era la ni√Īa, ya a una edad temprana, y decidieron darle un nombre m√°s "combativo".

Con su nuevo nombre, Barbara pudo inscribirse en la escuela a la edad de tres a√Īos y se mud√≥ con sus t√≠os a Brooklyn, Nueva York. Solitaria, inteligente y estudiosa, inmediatamente se enamor√≥ de la ciencia y decidi√≥ matricularse en la facultad de agricultura de la prestigiosa Universidad de Cornell. Tuvo que vencer la resistencia de su madre, que tem√≠a la vida de una solterona por su hija: las mujeres que estudiaban demasiado no eran bien vistas.

Desde el principio, Barbara McClintock abord√≥ el tema de la gen√©tica, todav√≠a controvertido en ese momento, como ella misma cont√≥ muchos a√Īos despu√©s.

Ha habido una renuencia por parte de algunos biólogos profesionales a aceptar los conceptos revolucionarios que estaban surgiendo. Esta reticencia pronto se disipó a medida que la justificación de la investigación genética se hizo cada vez más evidente.

Como las mujeres no podían especializarse en genética en Cornell, Barbara se graduó y recibió su doctorado en botánica respectivamente en 1925 y 1927. A pesar de su corta edad, ya era pionera en el estudio de la genética del maíz.

No hay dos plantas exactamente iguales. Todos son diferentes y, como resultado, debe aprender a reconocer esa diferencia. Cuando empiezo con la plántula, no quiero dejarla más. No creo que realmente sepa su historia si no la analizo a fondo. Así que conozco todas las plantas del campo. Los conozco íntimamente. Y encuentro un gran placer conocerlos.

Mientras trabajaba como investigadora de bot√°nica en Cornell, Barbara McClintock reuni√≥ a un grupo de cient√≠ficos que estudiaban la citogen√©tica del ma√≠z. Y logr√≥ llamar la atenci√≥n del p√ļblico: en 1929 public√≥ un art√≠culo en el que describ√≠a su teor√≠a sobre los cromosomas del ma√≠z.

Dos a√Īos despu√©s, junto a un alumno, teoriz√≥ el cruzamiento, o el intercambio gen√©tico y la recombinaci√≥n entre partes de los cromosomas que se produce durante la meiosis celular, fundamental para la comprensi√≥n de la variabilidad gen√©tica. Sin embargo, su determinaci√≥n tropez√≥ con la dificultad de encontrar financiaci√≥n (y reconocimiento) para su trabajo.

Varios a√Īos despu√©s, mientras trabajaba en el departamento de gen√©tica de la Instituto Carnegie de Tecnolog√≠a en Washington, not√≥ un comportamiento an√≥malo de los cromosomas del ma√≠z, lo que llev√≥ al descubrimiento de transposones. Se trataba de fragmentos de ADN que pod√≠an moverse y provocar mutaciones inestables.

Mientras tanto, se convirtió en miembro deAcademia Nacional de Ciencias y presidente de la Sociedad Genética de América, en 1951 publicó su investigación en varias revistas científicas. Bienvenida por el silencio y la desconfianza de sus colegas, continuó su camino de todos modos.

Sabía que tenía razón. Cualquiera que tuviera la misma evidencia ante sus ojos habría llegado a las mismas conclusiones que yo.

Cuando otros cient√≠ficos comenzaron a confirmar sus estudios, algo finalmente cambi√≥. Sin embargo, tom√≥ treinta a√Īos: Barbara McClintock gan√≥ el Premio Nobel de Fisiolog√≠a o Medicina por el descubrimiento de la transposici√≥n gen√©tica solo en 1983. Muri√≥ casi una d√©cada despu√©s, en 1992, en Nueva York.

Nunca he sentido ni la necesidad ni el deseo de defender mis puntos de vista. Si resultaran estar equivocados, simplemente habría olvidado que los había considerado.

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