26 entradas para Lady Gaga para celebrar contra el c√°ncer, pero Melissa no lo hizo

26 entradas para Lady Gaga para celebrar contra el c√°ncer, pero Melissa no lo hizo

Todo estaba listo para el 19 de noviembre: 26 entradas para asistir al espectáculo de su ídolo, Lady GaGa, un gasto total de 10 mil dolares lo que le había costado incluso los reproches de su marido Jay.

Melissa Anne Dabas quer√≠a que todos estuvieran en el concierto de Washington de su cantante favorita y, de hecho, despu√©s de lo que hab√≠a superado, no se la pod√≠a culpar. La madre de 42 a√Īos de Virginia, en febrero de 2017, finalmente recibi√≥ la noticia que todos esperaban escuchar: despu√©s del triple c√°ncer de mama, doble mastectom√≠a y ciclos de quimioterapia sin fin Siempre apoyado con una fuerza de voluntad y un coraje envidiables, el monstruo finalmente hab√≠a sido asesinado. La enfermedad erradicada, vencida, basta con los d√≠as en el hospital, los dolores de la posterapia, la ca√≠da del cabello y el miedo constante y horrible de no lograrlo, abandonar a sus hijos y dejar solo a su marido.

Melissa quiso, con razón, celebrar su victoria, y por eso a la compra de todas esas entradas, porque todos los que habían entrado en su vida, compartiendo con ella esa pieza marcada por el dolor y el cáncer, merecían disfrutar del espectáculo, de sé parte, con ella y con su familia, de ese momento de gran alegría. Dos entradas para sus hijos, y luego su marido, pero también para las enfermeras, el personal médico que la atendió, quien contribuyó a su lucha contra el cáncer, y la ayudó a salir, a guardarse, tenía que hacer parte de esa noche de fiesta y diversión.

Pero Melissa, lamentablemente, nunca llegará allí el 19 de noviembre.

Su corazón dejó de latir en septiembre de 2017, detenido por ese enemigo atroz, terrible, más bajo, que reapareció justo después de la compra de los boletos, un truco más de un destino verdaderamente cobarde.

La mujer, comprometida toda su vida a defender a los ni√Īos en los tribunales como abogada designada p√ļblicamente, que trabaj√≥ en la recaudaci√≥n de fondos para ayudar a los ni√Īos discapacitados, que hab√≠a vivido una vida marcada por el abuso infantil y a√ļn as√≠ lo logr√≥ para construir su familia pac√≠fica con Jay, su esposo m√©dico, un d√≠a empieza a sentir dolor de espalda. Pero, despu√©s de todo, ¬Ņqu√© madre no los tiene? Entonces a ella no le importa, hace una radiograf√≠a de rutina, pero no piensa demasiado en eso. Es Jay, el esposo, quien pide a sus colegas del departamento de radiolog√≠a que puedan ver el examen realizado por su esposa.

"Tan pronto como tuve los resultados frente a mí, mis ojos se llenaron de lágrimas. - le dijo el hombre al Washington Post -Por el escáner radiológico pude ver que el cáncer había regresado, de una forma extremadamente agresiva. Me sentí partido por la mitad.

En mi cabeza, sabía lo que esto significaba.

Jay regresa a casa, luciendo roto y esa piedra sofocante en su corazón; tiene que darle la noticia a Melissa, y no sabe cómo. Sin embargo, debería conocer a su esposa, debería saber que la fuerte de la casa es ella. De hecho, la mujer reacciona como siempre, con coraje, mirando a su demonio a la cara y desafiándolo sin miedo.

"Tenemos que hacerlo - le dijo a su marido sin dudarlo - tenemos que hacerlo por nosotros mismos y por nuestros hijos“.

No quiso saber su pron√≥stico. No quer√≠a saber cu√°nto tiempo le quedaba, quer√≠a disfrutar mejor de lo que estaba pasando, d√≠a tras d√≠a. Sin hacer una "lista de los √ļltimos deseos", sin compadecerse de s√≠ mismo, como de costumbre. Quer√≠a seguir tomando sus lecciones de piano, limpiando la casa, quedando libre para vivir su vida, por lo que quedaba, sin sentir el peso de una enfermedad que la arrastraba.

Melissa en trajes tradicionales indios (Fuente: Washington post)

"¬ŅPor que lo haces?Jay le pregunt√≥ un d√≠a. Melissa respondi√≥: "S√© que este c√°ncer probablemente me har√° morir. Pero Jay, por favor no me alejes de quien soy. Me niego a hacer esto, me niego a dejar que el c√°ncer me haga esto‚Äú.

Y se respeta su verdadero, √ļnico deseo, incluso cuando, en agosto, su estado comienza a deteriorarse, su caminar se vuelve m√°s lento y cansado hasta que se vuelve totalmente imposible, y se ve obligada, por primera vez, a llamar a un ni√Īera para cuidar de sus hijos, Avinash, de 11 a√Īos, y Sajan, de 8.

El 2 de septiembre, justo cuando escuchaba a Lady GaGa, Melissa se fue.

Ahora Jay se culpa a s√≠ mismo por rega√Īarla despu√©s de enterarse de los $ 10,000 gastados para ir al concierto de su amada, y est√° pensando en c√≥mo usar esas 26 entradas compradas para honrar la memoria de su esposa. Algunos de hecho ser√°n utilizados, por sus hijos, por ejemplo, que ir√°n al concierto de todos modos porque a mam√° le habr√≠a gustado mucho, o por amigos, que intentar√°n hacerla sonre√≠r desde all√≠. Los dem√°s, sin embargo, Jay los revender√°, para que el dinero obtenido sea donado a las familias con las que Melissa pas√≥ los √ļltimos d√≠as de su vida, aquellas personas devastadas por la enfermedad y sin recursos suficientes para el tratamiento.

"Cuando llegué a casa del trabajo - recuerda Jay - a menudo me decía cuántas personas tenían problemas incluso para comprar comida o pagar el alquiler. El cáncer no discrimina. No solo afecta a las personas que pueden pagar. Esto ella nunca ha soportado“.

Hoy Melissa se ha ido, y esa silla, el pr√≥ximo 19 de noviembre en el concierto de GaGa, estar√° vac√≠a. Quiz√°s, sin embargo, ella estar√° cantando con su √≠dolo en ese momento en alg√ļn lugar alto, muy alto ... donde todos los conciertos se ven en primera fila.

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